Cultura y Ciencia
APOYO
Para ayudar a 14ymedio

Nosotros y la Casa de la Cultura

Nueva York

Los cubanos de West New York celebran la creación de un centro cultural con el apoyo de Enrique del Risco

Inauguración del Centro Cultural de West New York, el pasado jueves. / Facebook/Lesly Farran
Alexis Romay

30 de abril 2026 - 16:09

Nueva Jersey/El jueves de la semana pasada inauguramos el Centro Cultural de West New York. Lo escribo, lo leo, y aun así me cuesta creerlo. Pues esto fue, a la vez, una culminación y un comienzo. Iniciado hace un par de años, terminaba el 23 de abril de 2026 un proceso –de planificación, reuniones, esperas, anhelos– y surgía en su lugar una institución que ya existe más acá de nuestra imaginación. La serendipia quiso que escogiéramos el día internacional del libro para el debut de este recinto que en su apertura –además de los discursos de rigor– se atrevió a combinar una exposición de doce artistas de la zona y un concierto de músicos que cantan en llano, pero son de las lomas de New Jersey.

A quienes llevamos a West New York entre el pecho y la espalda siempre nos había llamado la atención que, en una comunidad donde el arte y sus artistas gozan del don de la ubicuidad, no existiera un sitio en el cual todo ese talento local encontrara dónde colgar el sombrero, los cuadros o los versos.

Uso el plural mayestático porque esto fue un esfuerzo colectivo. Pero, como todo proyecto de grupo, la idea tuvo un cabecilla. El instigador en jefe no fue otro que Enrique del Risco; el mismo artífice de esos juegos de pelota jíbara que comenzaron en pandemia y en menos de un lustro se han convertido en una tradición beisbolera dominical que ahora denominamos cariñosamente la Liga del Ibuprofeno. 

Por eso, mientras los integrantes de The Bergenliners interpretábamos el Mambo influenciado de Chucho Valdés ante un local lleno, no hice otra cosa que pensar en cuántas veces había –o, mejor dicho, habíamos– soñado con tener en la comunidad un sitio que acogiera eventos de esta índole. Y que dicho sitio no dependiera de la hospitalidad de quienes nos han abierto sus puertas durante décadas ni abusara de la paciencia de sus vecinos.  

Ubicada en una de las arterias centrales de West New York, la "casa presidencial" nos ha brindado asilo poético y lo mejor de la tradición culinaria cubana

Siempre que me preguntan si echo de menos –o si me gustaría regresar– a la isla, cuyo suelo no he pisado desde que me escapé en 1999, respondo que yo tengo a Cuba a media hora por carretera. Porque Cuba es la casa de Eida y Enrique Del Risco. Los Del Risco –quizá sin proponérselo, pero sospecho que con toda intención– a lo largo de este último cuarto de siglo han convertido su hogar en un refugio –el vocablo no es baladí– que reúne –y que une– a artistas de un sinfín de vocaciones, disciplinas y un amplio abanico generacional, que incluye lo mismo a un ganador de la medalla presidencial de las artes y más de una quincena de premios Grammy que a un escritor quien todavía no ha visto su nombre en letra de molde entre las cubiertas de un libro o a una artista que recién ha inaugurado su primera exposición individual. 

Ubicada en una de las arterias centrales de West New York, la "casa presidencial" –como la llamamos en homenaje a Enrisco para presidente– nos ha brindado asilo poético y lo mejor de la tradición culinaria cubana; nos ha otorgado un espacio en el cual no tenemos que explicarnos y donde podemos ensayar una Cuba posible en la distancia; nos ha ofrecido un techo bajo el cual se lee poesía y se canta filin, se juega dominó y se planifica el próximo partido de pelota, se practica el deporte nacional –hablar mierda– y se le busca trabajo al recién llegado, se improvisa una descarga de jazz y se corean temas del movimiento popular brasileño, se reencuentra gente que no se ha visto en años y se entablan nuevas amistades perdurables. Decir que eso es, literal y figuradamente, la casa de la cultura es pleonasmo. ¿De qué otro modo se explicaría que la sala sea simultáneamente la biblioteca de Babel y un estudio de grabación que contiene un piano, un set de batería, un bajo, una guitarra, algunos instrumentos de percusión menor y un trombón (que toca el propio Enrique del Risco para deleite de los comensales que vamos a devorar lo que sale de su cocina)? 

La primera vez que llevé a mi madre a una de esas fiestas antológicas, me confesó que eso ella no lo tenía en Miami. ¡Y mira que ella tiene amigos en la capital del sol! Y yo le respondí que en Miami no tienen un Enrique del Risco. Y me dio la razón. La casa de los Del Risco es el kilómetro cero, a partir del cual medimos las distancias: “Yo vivo a media hora”, “yo, a cinco cuadras”. Dichosos quienes lo tenemos cerca. 

Por eso, ahora que –gracias a esta labor conjunta y el inestimable apoyo del alcalde Albio Sires, ilustre hijo de Bejucal quien sirvió durante 17 años como representante en el Congreso de Estados Unidos– tenemos un centro cultural en el cual la comunidad de West New York tendrá su ventana y su espejo en donde ver y en donde verse, nos felicito públicamente por no parar de soñar hasta que por fin se nos cumplió el sueño.

No hay comentarios
Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último