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Muere John Le Carré, el novelista que hizo sublime al espía de la Guerra Fría

El autor británico, que popularizó la novela de espionaje, falleció este domingo en Londres

David John Cornwell, nombre real de John Le Carré, creó algunas de las mejores obras de intriga de la literatura en el siglo XX. (EFE)
Alicia García de Francisco

14 de diciembre 2020 - 11:06

Londres / Madrid/(EFE).- Quiso la muerte llevarse a John Le Carré solo días antes de que su isla rompa definitivamente amarras con el continente: el Brexit se había convertido en la última obsesión de este gigante de las letras británicas, muerto a los 89 años, que elevó la novela de espías a su máxima expresión.

"Mis propios vínculos con Inglaterra se han ido soltando en los últimos años, y es una especie de liberación, aunque sea triste", le contaba Le Carré a otro gran novelista, John Banville, en una entrevista para The Guardian hace un año.

En Un hombre decente, su último libro, el maestro de la intriga recreó un Reino Unido controlado por un gobierno conservador de "diez gruñones" y ventiló el pesimismo que le producía la actual situación de su país.

Al final de sus días, el Brexit fue su causa, como antes la guerra de EE UU contra el terrorismo, el saqueo del continente africano o el yihadismo

Le Carré (cuyo verdadero nombre era David Moore Cornwell) siempre encontró la causa justa por la que luchar a través de sus personajes. Si al final de sus días era el Brexit, antes lo fueron la guerra de EE UU contra el terrorismo, el saqueo del continente africano o el yihadismo.

Pero si por algo será recordado Le Carré es por sus obras de espionaje ambientadas en la Guerra Fría. Sus novelas forman parte del imaginario colectivo que perdurará en el tiempo sobre aquella época en que dos superpotencias y dos ideologías se repartían el mundo hasta casi acabar con él.

Nacido en 1931 en Poole (Dorset), Inglaterra, estudiante de lenguas modernas en la Universidad de Berna, licenciado luego en el Lincoln College, de Oxford, y profesor durante dos años del prestigioso Eton College, Le Carré dejó esta última institución en 1959 para iniciar una carrera de diplomático en la que sería reclutado por el MI6, el espionaje británico.

Su carrera de agente secreto fue, sin embargo, desbaratada en 1964 por Kim Philby, agente doble que traicionó a decenas de agentes británicos al KGB (espionaje soviético). Años más tarde, Le Carré iba a inspirarse en Philby para su personaje de Bill Halton, apodado Gerald, en la novela Tinker, Tailor, Soldier, Spy, titulada en español sencillamente El topo.

Casi todas las obras de aquel período, como El espía que surgió del frío, pertenecen al género de espionaje si se exceptúa El amante ingenuo y sentimental, de 1971, basada en la relación del autor con James y Susan Kennaway tras el fracaso ese mismo año de su primer matrimonio con Alison Ann Veronica Sharp.

Los críticos vieron en las novelas de Le Carré una réplica al James Bond de Ian Fleming, con personajes de gran complejidad psicológica, sin glamur o heroicidad, llamados a actuar en circunstancias muchas veces anodinas.

Su modoso George Smiley supuso el contrapunto perfecto al idealizado Bond y encarnó como nadie la lucha de los personajes de Le Carré por mantenerse éticos en un mundo de inmoralidad

Su modoso George Smiley supuso el contrapunto perfecto al idealizado Bond y encarnó como nadie la lucha de los personajes de Le Carré por mantenerse éticos en un mundo de inmoralidad.

En novelas como El espía que surgió del frío, Le Carré no ve el mundo en blanco y negro, es decir en términos ideológicos de buenos y malos, sino que su tratamiento del conflicto bipolar en tiempos de la Guerra Fría rezuma siempre un fuerte escepticismo.

Su mirada crítica sobre el mundo adquirió paulatinamente una mayor carga política, no sólo en sus últimas novelas, posteriores a la caída del llamado Telón de Acero, sino también en declaraciones públicas.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y como reacción al recorte de las libertades en la "guerra antiterrorista" de la Casa Blanca, Le Carré acusó a la prensa estadounidense de capitular como voz independiente y crítica frente a las manipulaciones del poder.

Y en obras como El jardinero fiel no dudó en enfrentarse a las farmacéuticas y sus corrosivas acciones en el continente africano. Porque Le Carré ya tenía un tema para su literatura desde muy corta edad: "La extraordinaria, insaciable, criminalidad de mi padre y la gente que lo rodeaba".

El padre de Le Carré, Ronnie, era un timador que además le infligía castigos físicos, así como a su madre, y fue quien marcó el carácter eminentemente moral de la obra del escritor.

Sus novelas fueron un material puramente cinematográfico, tanto que ha sido fácil mantener su esencia en el salto a la gran y pequeña pantalla, con excelentes adaptaciones, como El espía que surgió del frío, El jardinero fiel, El topo o El infiltrado.

El padre de Le Carré, Ronnie, era un timador que además le infligía castigos físicos, así como a su madre, y fue quien marcó el carácter eminentemente moral de la obra del escritor

Las historias de espías siempre han dado mucho juego en el cine y las de Le Carré se constataron desde el principio como un material prácticamente listo para ver en el cine. La primera de las adaptaciones de sus novelas fue la que Martin Ritt realizó en 1965 de El espía que surgió del frío, tan solo dos años después de su publicación.

Fue el primer éxito de ventas de Le Carré y su fiel traslación al cine se convirtió inmediatamente en un clásico cinematográfico, apoyado en la soberbia interpretación de Richard Burton, que fue nominado al Óscar por su trabajo.

Un año después, otro director de renombre, Sidney Lumet, contaba con James Mason como el agente Smiley y, adaptando su primera novela, Llamada para un muerto, logró el éxito en Reino Unido y optó a cinco premios BAFTA.

La chica del tambor, con Diane Keaton y dirigida por George Roy Hill, se estrenó en 1984 y mantuvo el nivel. Una de las novelas más populares de Le Carré, que volvió a ser adaptada, esta vez para la televisión hace tan solo dos años.

En 1990 le tocó el turno a La casa Rusia, con Sean Connery y Michelle Pfeiffer y guión de Tom Stoppard, que fue una digna adaptación aunque ha soportado mal el paso de los años.

Y en 2005 llegó la película más recordada de las basadas en las novelas del escritor británico, El jardinero fiel. Basada en el libro homónimo publicado en 2001 centrado en las intrigas de la industria farmacéutica, este filme supuso la puesta de largo del brasileño Fernando Meirelles en el cine internacional tras Ciudad de Dios.

Las interpretaciones de Ralph Fiennes y Rachel Weisz -ganadora del Óscar por esta película-, el espectacular tratamiento cromático y la bellísima partitura del español Alberto Iglesias -nominado al Óscar- garantizaron la calidad de este filme, que consiguió que, por primera vez, un guión basado en material del escritor optara al Óscar.

Las interpretaciones de Ralph Fiennes y Rachel Weisz, el espectacular tratamiento cromático y la bellísima partitura del español Alberto Iglesias garantizaron la calidad de este filme

El perenne tirón del espionaje en lo literario y en lo cinematográfico fue explicado por el propio John Le Carré cuando, además de prestar su novela El sastre de Panamá a John Boorman, produjo y escribió el guión de su adaptación cinematográfica, estrenada en la Berlinale de 2001 y ajena ya a la bipolaridad de la Guerra Fría.

"Es posible que con la caída del Telón de Acero los espías hayan perdido fuerza en términos de relato, pero siguen ahí. En el mundo siempre habrá espías", sostuvo entonces el escritor, para quien la única diferencia es que los espías en la actualidad "no se mueven por ideales sino por dinero".

Aquella película no fue una de sus adaptaciones mejor recibidas, pese a las interpretaciones de Pierce Brosnan, Jamie Lee Curtis y Geoffrey Rush.

Sí está entre las mejores adaptaciones de sus textos El topo (2011), dirigida por el sueco Tomas Alfredson, con un espectacular reparto encabezado por Gary Oldman, acompañado por Colin Firth, Tom Hardy, John Hurt o Benedict Cumberbatch.

El libro, escrito en 1974, tuvo en 1979 una brillante adaptación televisiva protagonizada por Alec Guinness, pero Alfredson aportó una mayor contención, una imagen claramente pictórica y un elegante corte clásico, subrayado por otra gran partitura de Alberto Iglesias, de nuevo nominado al Óscar.

"Fue el mejor guión que leí este año y no necesité mucho tiempo para decidirme", explicó Colin Firth a EFE tras la presentación del filme en el Festival de Venecia.

Anton Corbijn se encargó de la siguiente adaptación, El hombre más buscado (2014), con una de las última interpretaciones de Phillip Seymour Hoffman, que fallecería al año siguiente. Una película más trepidante que otros de los filmes basados en la literatura de Le Carré.

Las últimas traslaciones destacadas han sido dos series de televisión. La ya mencionada La chica del tambor y El infiltrado, con Hugh Laurie y Tom Hiddleston, en la que la directora danesa Susanne Bier que supo mantener la elegancia de los personajes trazados por Le Carré en sus novelas y que fue una de las series más destacadas de 2017, con tres Globos de Oro (Hiddleston, Laurie y Olivia Colman).

También se anunció recientemente un proyecto para adaptar de nuevo El espía que surgió del frío para la televisión. Un ejemplo de que los espías, la Guerra Fría y, sobre todo, la visión cinematográfica de Le Carré, no pierden vigencia.

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