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Polo Montañez, un guajiro de verdad

El artista Fernando Borrego Linares, conocido como Polo Montañez, falleció en un accidente de tráfico el 26 de noviembre de 2002
Jorge Guillén

27 de noviembre 2015 - 10:07

Candelaria, Artemisa/El 26 de noviembre de 2002 se apagaba la voz de Fernando Borrego Linares, conocido como Polo Montañez. Durante los años posteriores a su muerte mucho se ha escrito y hablado de su vida y obra, pero apenas se ha abordado el aporte que hizo este artista a los guajiros cubanos, al ayudarles a rescatar parte de su orgullo.

Los hombres y mujeres del campo han padecido tradicionalmente las burlas de quienes viven en las ciudades y cabeceras de provincia. Se les ha descalificado públicamente por su ingenuidad, desconocimiento o su manera de vestir y hablar. Hasta el punto que llamar guajiro a alguien ha sido durante mucho tiempo uno insulto en la Isla.

Sin embargo, a principios de este siglo un fenómeno musical salido de los campos cubanos comenzó a llegar a todos los rincones de la Isla, incluso a las zonas urbanas. Era el músico Fernando Borrego Linares, que sin nunca haber estudiado en una escuela de arte, comenzaba a dejar una huella indeleble en la cultura cubana.

Autor de más de un centenar de canciones, este hombre había perdido hasta las esperanzas de poder actuar con su grupo en los municipios de Candelaria, San Cristóbal o Pinar del Río. Por el solo hecho de ser guajiro, Polo Montañez vio durante años como a muchos funcionarios y burócratas de la cultura no les importaba lo que él cantaba.

Sin embargo, la suerte cambió un buen día del año 1996. El presidente de la disquera francesa Lusáfrica, José da Silva, visitó la comunidad Las Terrazas en Pinar del Río. Allí el autor de Un montón de estrellas cantó frente al importante ejecutivo con una vieja guitarra rusa, a la que se le rompió una cuerda mientras tocaba.

Polo Montañez fue fiel a su raíz campesina: vivió y murió siendo guajiro. Siempre se mostró orgulloso de ser quien era y del campo sacaba su inspiración

A partir de ese momento su vida sería otra. Así, se fue a triunfar primero en Colombia para ganarse el cariño de aquel pueblo, antes de poder vencer los prejuicios de su país y de los funcionarios del Ministerio de Cultura.

En el país sudamericano, obtuvo un disco de platino y se mantuvo por años en los primeros lugares de las preferencias. Una de sus canciones más populares fue Un montón de estrellas, que llegó a ser interpretada por el popular salsero Gilberto Santa Rosa. Unos años después, Marc Anthony incluiría en su disco 3.0 el tema Flor pálida del eterno campesino de las cuerdas y la guitarra.

Con la fama de Polo Montañez, la gente se fue adaptando a escuchar la palabra guajiro dicha en términos más amables, cariñosos. Su música sencilla y hermosa caló en el corazón de los cubanos y en especial de la gente del campo, porque fue fiel a su identidad campesina. La fama no lo cambió, sino que siguió siendo una persona llana, alegre y cordial. Contribuyó a que en los pequeños pueblos perdidos en la geografía nacional, muchos recuperaran el orgullo de ser campesinos.

Varios intérpretes cubanos le han cantado a los guajiros y numerosos autores han creado temas inspirados en la gente que está más cerca de la tierra, pero la mayoría de las veces sin ser ellos mismos parte del campo. Silvio Rodríguez tiene una bella canción titulada Guajirito soy y el grupo Sexto Sentido cuenta en su repertorio con excelentes temas sobre los agricultores, pero ninguno ha calado en el pueblo como lo hizo el compositor de Si se enamora de mí.

Polo Montañez fue fiel a su raíz campesina: vivió y murió siendo guajiro. Siempre se mostró orgulloso de ser quien era y del campo sacaba su inspiración, su modestia y sencillez. Lamentablemente, murió en 2002 a los 47 años, tras sufrir graves lesiones en un accidente automovilístico. Estaba en la mejor etapa de su vida y con su muerte perdimos a un defensor de la dignidad de los campesinos cubanos.

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