Leinier y los Jinetes de Bronce

El oficialismo no ha podido acallar la última conquista del ajedrecista expulsado, la liga rusa

El regreso al ajedrez clásico de Leinier Domínguez, después de dos años inactivo, ha sido excelente. (@STLChessClub)
El regreso al ajedrez clásico de Leinier Domínguez, después de dos años inactivo, ha sido excelente. (@STLChessClub)

Los voceros oficialistas en Cuba tienden una estruendosa lápida de silencio sobre el brillante retorno de Leinier Domínguez al ajedrez convencional, pero no han podido acallar la carga con la que los Jinetes de Bronce de San Petersburgo, comandados por el cubano, acaban de coronarse en la liga premier rusa.

Hacía cinco semanas que Leinier había conquistado el subcampeonato de Estados Unidos tras 28 meses fuera del circuito tradicional de este deporte. Los Jinetes de Bronce han sido su clan de siempre en la competencia rusa por equipos, aun cuando pertenecía a la federación cubana, como la última vez, en 2016, en el Campeonato Europeo de Clubes.

Hacía cinco semanas que Leinier había conquistado el subcampeonato de Estados Unidos tras 28 meses fuera del circuito tradicional de este deporte

Había quedado en segundo lugar al debutar con el conjunto de San Petersburgo en 2012 en la liga rusa y, luego, en 2014 y 2015, obtuvo el tercer puesto, logrando la corona en 2013 y 2016. Individualmente, entre 2013 y 2015, se mantuvo invicto en ese evento ruso, con 12,5 puntos de 18 posibles (siete victorias y 11 tablas).

Aunque en 2016 tuvo su peor actuación (cinco tablas, dos derrotas y un solo triunfo), les dio la corona a los Jinetes. Pero lo más inolvidable fue su labor en 2014: ganó cinco puntos de seis posibles, elevó su ELO hasta 2.768, el total más alto de su carrera, y ascendió por primera vez al Top-10 mundial.

En 2019, no obstante, alcanzando seis de siete puntos posibles, el ídolo de Güines ha estado por encima de aquella actuación, añadiendo 9,8 puntos a su ELO, que ahora es de 2.759,8 unidades, para situarse en el puesto 12 del ranking mundial y acercarse a su mejor resultado anterior.

"Hola a todos!", escribió en su página de Facebook: "Ya terminó la liga rusa, quedamos en primer lugar y obtuve muy buenos resultados individualmente. Ahora estoy jugando un torneo de rápidas en China". Podría haber agregado que se mantiene invicto en su impactante retorno, pues, entre el campeonato de EE UU y el de Rusia, en 14 partidas, lleva seis triunfos y ocho tablas.

Dicen que se le extrañó en el recién concluido Memorial Capablanca, donde volvió a ganar el ucraniano Vassily Ivanchuk, un certamen donde Leinier Domínguez siempre hacía ruido. Este año, además de él, de Lázaro Bruzón y de Yuniesky Quesada, se ausentó Yusnel Bacallao, con el mejor ELO a nivel nacional.

Bacallao había avisado desde enero a la Comisión Nacional de que, por necesidades económicas, debía dejar el ajedrez y "dedicarse a otra cosa". Se fue sin poder cobrar parte del dinero que le debía el comisionado por premios obtenidos. Vergonzoso. Aun así, dicen las autoridades que el relevo está garantizado.

La realidad dice todo lo contrario, pues la partida de Quesada en 2016, de Leinier en 2017 y de Bruzón en 2018, es solo la punta del iceberg de la incesante migración de ajedrecistas que los responsables de ese desastre no pueden detener. Tampoco demuestran que les interese hacerlo.

Son efectivos únicamente cumpliendo la política excluyente del Gobierno, como cuando en septiembre de 2018 anunciaron que le daban baja a Leinier Domínguez de la plantilla de la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento y de la preselección nacional.

Luego sus voceros, aplicando la moral esclavista con que manejan esos asuntos, han intentado convencer de que el mejor ajedrecista de Cuba y Latinoamérica desde Capablanca no merece la consideración de cubano, como si no fueran precisamente ellos el bochorno del país.

No tienen el valor de reconocer que Leinier es un jugador nacional de la élite del ajedrez internacional que, en su vida personal, escoge vivir donde quiere, como es su derecho, y no pertenece a ningún Gobierno, y sin embargo, paradójicamente, tuvo que irse para hacer más grande al ajedrez cubano y a la Isla.

No tienen el valor de reconocer que Leinier es un jugador nacional de la élite del ajedrez internacional que, en su vida personal, escoge vivir donde quiere, como es su derecho

En una entrevista de 2016 preguntaron al jugador por sus grandes amores aparte del deporte y él mencionó primero a su familia, que siempre lo ha apoyado, y a su hijo pequeño, que le cambió la vida, pero señaló: "Yo diría que lo más importante en mi vida, incluso más allá del ajedrez, es mi fe cristiana". Elocuente.

Sobre lo que quisiera que le dijeran a su hijo en un futuro sobre él, confesó: "Que siempre fui alguien que se esforzó mucho por lograr lo que quería, que no se dio por vencido, que trabajó, que se mantuvo trabajando siempre por lograr sus metas. Y que fue fiel a su gente".

El club de San Petersburgo con el que acaba de coronarse el cubano se llama así por la estatua ecuestre de bronce de Pedro el Grande —tan emblemática para la ciudad como la Estatua de la Libertad para Nueva York—, a la que Pushkin le dedicó un famoso poema.

Silencioso y consistente, al frente de sus Jinetes de Bronce, Leinier Domínguez ha encabezado también una carga arrolladora contra la mudez escandalosa y cobarde de los que no merecen ser sus jefes ni sus jueces, pero más aún a favor de la práctica deportiva por encima de las fronteras geográficas e ideológicas.

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