Roberto Veiga: "Hay que trabajar aquí dentro, porque es donde van a ocurrir las cosas"
Entrevista
El fundador de Cuba Próxima habla de su regreso a la Isla, de la vigilancia de la Seguridad del Estado y de la necesidad de construir una alternativa política para la transición cubana
La Habana/Roberto Veiga fue conocido como un laico católico a cargo de una revista de la iglesia llamada Espacio Laical, también como un politólogo y jurista especializado en el tema de los derechos humanos. Hoy es un político tratando de salvar al país, a su manera.
Un mes después de regresar a Cuba tras un intento de exilio en España, habla con 14ymedio sobre su proyecto de una Cuba Próxima.
Pregunta. Su salida de Cuba en enero de 2020 se convirtió en un exilio, pero ahora usted ha regresado sin pedir permiso. ¿Le han puesto condiciones? ¿Ha hecho compromisos?
Respuesta. Cuando salí de Cuba tenía la idea de reconstruir mi condición personal, pero ocurrió el 11 de julio de 2021 y, junto a otras personas, decidimos comenzar eso que llamamos Cuba Próxima como un centro de estudios sobre los derechos humanos. Estuve más de un mes pensando regresar. Estoy convencido de que Cuba llegó a un punto de inflexión. Cómo será y en qué sentido será, es imposible saberlo. Va a ser muy difícil, pero ya comenzó ese punto.
Estoy convencido de que Cuba llegó a un punto de inflexión. Cómo será y en qué sentido será, es imposible saberlo
Lo más normal es que me hubiera quedado en España esperando a que se desarrollaran los acontecimientos. Esa era una opción, quizá la más normal, quizá la que debí tomar, pero por mucho que uno trabaje desde fuera, sigue siendo un espectador. Hay que trabajar aquí dentro, que es donde van a ocurrir las cosas, trabajar para ayudar a que lo que ocurra sea del mejor modo posible. Esa ha sido la explicación que he dado a todos los amigos que me han preguntado, y muchos han concluido que estoy loco.
P. ¿Cómo fue su llegada al país?
R. Al llegar al aeropuerto José Martí, el 30 de mayo, me estaba esperando la Seguridad del Estado, cosa que esperaba, porque había anunciado mi viaje, pero fue muy frustrante, porque yo supuse que podía entrar en un debate con ellos, y no. En las tres horas que duró ese encuentro, lo único que les interesaba, además de revisar minuciosamente mi equipaje, era saber quién me pagaba y quién me mandaba. Yo podía discutir de cualquier cosa menos de eso, porque a mí nadie me paga, a mí nadie me manda. Después, pasaron unos quince días en los que sentí el control, y en ese tiempo no tuve relaciones con nadie. No creo que el control haya cesado, pero hoy es menos evidente.
P. ¿Le han impuesto alguna prohibición? ¿Ha tenido que hacer algún compromiso?
R. Hasta ahora no me han impuesto prohibiciones, ni yo he hecho ningún compromiso. Muchos creen que para dar un paso como el que he dado resulta imprescindible sentirse seguro y eso es fatal. Por eso este país no ha cambiado. Si yo hubiera tenido que asumir algún condicionamiento en medio de un proceso que estuvieran llevando otros, no hubiera venido. Regresar tenía que ser una decisión personal. Lamentablemente, vivimos en una sociedad con una cultura contraria a estos quehaceres y se supone que si haces algo es porque eres la trampa de otro, especialmente del poder.
Muchos creen que para dar un paso como el que he dado resulta imprescindible sentirse seguro y eso es fatal
P. ¿Qué significa que Cuba Próxima haya dejado de ser un centro de estudios para convertirse en un centro de acción?
R. Hemos trabajado mucho en hacer análisis, en presentar propuestas, hemos tratado de influir en quienes deberían asumir las propuestas dentro y fuera de Cuba. Eso ya lo tenemos adelantado, pero la acción es la que convierte las ideas en historia y falta acción estratégica.
Los caminos para la acción han estado cerrados Pero si no los asumimos nunca se abrirán, Nos sentíamos más cómodos haciendo análisis y propuestas que es parte de la naturaleza de la mayoría de los que estamos en Cuba Próxima. Pero para ser consecuentes con lo que hemos venido haciendo teníamos que pasar a la acción. El país está deshecho y hay que reconstruirlo hay que participar en esa reconstrucción y sin organizarnos no es posible, sin una visión de qué país queremos tampoco sería posible. Estamos decididos a pagar el precio que sea y el costo político que sea para ayudar a sacar a este país de la situación en que se encuentra.
P. Esta nueva manera en que se presenta Cuba Próxima permite creer que terminará siendo un partido político con intenciones de acceder a cuotas de poder en una Cuba futura.
R. Lo que necesita tener ese quehacer político es un proyecto programático, una proyección política con una estrategia clara, órganos dispuestos a funcionar y sobre todo una membresía, que es el músculo, la vitalidad de una sociedad que está dispuesta a actuar en esas coordenadas. Lo llamamos "plataforma". Un partido es algo muy esquemático, muy vertical; un movimiento es algo que se parecería más a lo que queremos por la horizontalidad, pero para que esa horizontalidad sea tan grande tienen que ampliarse los mecanismos de participación y reducirse lo ejecutivo. El proyecto programático tiene que ser de mínimos, por eso no queremos ser ni un partido ni un movimiento. Esta dinámica en la que estamos inmersos nos dirá qué organismos hay que crear, cómo será la relación con la membresía que necesitamos tener y en qué se convertirá. De lo que no cabe dudas es que deberá ser una agrupación política comprometida con salvar este país.
La posición política de Cuba Próxima se mueve entre el liberalismo democrático y la socialdemocracia, y no por eso es una posición ambigua
P. La programática de la que ustedes han dado indicios está lejos de las clásicas posiciones que terminan siendo catalogadas como izquierda radical o ultraderecha. ¿Dónde colocarla en ese esquema de izquierdas y derechas? ¿Habrá espacio para el centrismo?
R. Para decirlo en términos que se conocen, la posición política de Cuba Próxima se mueve entre el liberalismo democrático y la socialdemocracia, y no por eso es una posición ambigua. Es una postura que integra esas proyecciones, que le abre horizontes a ambas proyecciones, pero con propuestas muy concretas, muy directas. No al centro, ni a la derecha ni a la izquierda, sino adelante.
En la propuesta de Constitución que nosotros tenemos, para el día que aquí haya una asamblea constituyente, se propone un sistema semiparlamentario. En ese Parlamento aspiramos a trabajar.
P. Recientemente usted advertía que los que gobiernan en Cuba tenían todavía la oportunidad de, al menos, hacer reformas económicas. ¿Cree usted que las nuevas 176 medidas anunciadas sean ese primer paso que ponga aún más en evidencia la necesidad de una reforma política?
R. Siempre se tiene la tendencia a dudar de lo que ellos hacen porque han sido muchas las veces que lo que decretan se incumple, o retroceden. Por principio hay que dudar, pero el país está en una situación difícil y, por primera vez, ellos también. Da la impresión de que están decididos a llevar adelante esas medidas, aunque no estén convencidos.
Para implementar las reformas están obligados a implementar a la vez reformas institucionales y políticas porque si no, eso no camina
El problema es que esto lleva ahora una respuesta de los Estados Unidos. En la práctica no se pueden implementar esas medidas sin una concesión de Estados Unidos que le abra un poquito la puerta financiera, el combustible. Y si los que gobiernan no pueden hacer que esto les dé beneficios, no solo al país sino a ellos, entonces no ampliarán las reformas. ¿Para qué hacerlo si eso no les va a representar nada que no sea debilitar el control que tienen? Para implementar las reformas están obligados a implementar a la vez, no después, reformas institucionales y políticas porque si no, eso no camina. Y digo más, tendrían que cambiar al 99% de las personas que hoy figuran en el Gobierno.
P. ¿ Y usted cree que los Estados Unidos esté dispuesto a abrir esas puertas que permitan llevar adelante las reformas anunciadas?
R. Yo creo que no. Trump ha perdido interés en Cuba y si los demócratas accedieran al Congreso nuevamente en las elecciones de medio término, que ocurrirán en noviembre, tampoco pretenderán hacer nada audaz, porque les cuesta políticamente, porque tienen que defender mucho su rol interno. Tendrán un lenguaje distinto, pero no harán nada. Ya en 2019, cuando fracasó el deshielo de Obama, en Estados Unidos se tomó la decisión de no abrirse otra vez a Cuba, sino que sería Cuba la que tendría que abrirse y entonces ellos, fueran demócratas o republicanos, decidirían si vendrían o no.
P. ¿Entonces todo queda en manos de las presiones?
R. Ellos están sometidos a la presión de Estados Unidos y a la presión interna. Cuando hay tanta presión tiene que haber una alternativa de salida y esta salida no puede ser el proyecto que los gobernantes presenten ni los pasos que estén dispuestos a dar en medio de su precariedad y sus temores. Y allí es donde se echa en falta un actor clave en esta ecuación, que son los actores políticos cubanos que no sean del Gobierno, que tendrían que presentar sus propuestas de país o más de una, que fueran alternativas viables para todo el mundo. Al presionado hay que darle una alternativa distinta a la presión.
La gente no puede seguir soportando ni esperando a que alguien encuentre el modo de que esto se arregle
P. Pero esas propuestas existen, aunque no han podido ser divulgadas masivamente a consecuencia de la falta de libertades.
R. Sí, pero las propuestas no pueden quedarse en lo que queremos sino que también tienen que explicar el cómo. Una propuesta que no logre generar confianza en los demás, en la sociedad, es solo un documento, una idea plasmada. Ha faltado el efecto de esas propuestas porque no tenemos el espacio democrático para hacerlo.
P. Todo parece indicar que la dictadura solo intenta comprar tiempo.
R. Las cosas han llegado a un punto en que, sin un cambio profundo no hay forma de resolver nada de lo que se destruyó en los últimos años. Hemos llegado a un punto en que no queda remedio. Si la decisión es ganar tiempo para desaparecer el país antes de que los americanos lleguen aquí, a lo mejor lo consiguen, pero lo que están haciendo es perder tiempo. Ellos no van a restablecer el modo que tenían para administrar la pobreza y mantener unos niveles aceptables de sobrevivencia. Es que no pueden. No lo podría conseguir ni el mejor de los políticos si no se cambia el sistema. La gente no puede seguir soportando ni esperando a que alguien encuentre el modo de que esto se arregle. Será largo y difícil, pero al pueblo hay que devolverle un país, hay que devolverle la posibilidad de tener un propósito.
P. ¿O de lo contrario?
R. Se acaba todo para todo el mundo. Seremos un país del cuarto mundo
P. ¿Una haitianización?
R. En el mejor de los casos. También podría ser una haitianización norcoreana.
P. ¿Cuánto tiempo usted calcula que falta para que ocurra el cambio de sistema?
R. El tiempo se acabó, pero creo que antes de que termine este año deberá comenzar, por un camino u otro, el proceso que haga posible salvar a Cuba.