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Ecuador en campaña electoral con la inseguridad como protagonista

El pueblo ecuatoriano tendrá que elegir el 15 de octubre entre Luisa González y Daniel Noboa, mientras que la violencia acecha por las calles

Varias pancartas de los candidatos para completar el período presidencial para el que fue elegido el conservador Guillermo Lasso (2021-2025). (EFE)
Carmen Beatriz Fernández

26 de agosto 2023 - 12:59

Navarra/El próximo 15 de octubre, Luisa González, candidata del partido Movimiento Revolución Ciudadana, y Daniel Noboa, de Acción Democrática Nacional, se disputarán la presidencia de Ecuador en la segunda vuelta electoral. Si todos los analistas previeron que González –candidato del expresidente Rafael Correa– ganaría la primera vuelta, nadie sospechaba que su contendiente sería Noboa. Allí fallaron todas las quinielas.

¿Cómo consiguió Noboa pasar a la segunda vuelta y tener muy altas probabilidades de convertirse en el nuevo presidente ecuatoriano?

Ya el domingo 20 de agosto, en la primera vuelta de la elección presidencial ecuatoriana, el tema de la inseguridad estuvo allí, omnipresente. No solamente como lo está en cualquier contienda electoral de la región, sino con varios y muy graves incidentes de violencia política: los más notorios el asesinato de Agustín Intriago, alcalde de la ciudad portuaria de Manta, el 23 de julio, y el del candidato. Fernando Villavicencio, el 9 de agosto, a menos de dos semanas de los comicios.

Si bien el pensamiento político suele articularse en gradaciones entre izquierda y derecha, los valores fundamentales de la política se mueven habitualmente en torno al dilema entre igualdad y libertad. Mientras que la izquierda suele poner énfasis en la igualdad de oportunidades, los valores más defendidos desde la derecha suelen ser la libertad personal y económica. Al preguntar a los ecuatorianos cuál valor es más importante, las opiniones se muestran equilibradas.

Villavicencio e Intriago se habían enfrentado al narcotráfico y eso los puso en la mirilla del crimen organizado. Ambos asesinatos conmocionaron al país y tuvieron un clarísimo impacto sobre la agenda de la discusión pública

En 2006, con la victoria de Rafael Correa, la balanza política se inclinó hacia la izquierda. La presidencia de Correa –la autodenominada "revolución ciudadana"– duró 11 años, o más si consideramos los cuatro años en el poder de Lenín Moreno, electo con los votos del correísmo (aunque a la postre resulte un discípulo díscolo).

El mandato de Correa –que sigue siendo, aún hoy, un elemento importante de la pugna política nacional– puso a Ecuador al borde del autoritarismo competitivo. Un tipo de régimen político en el que la democracia es un campo de juego desigual para gobierno y oposición, y el abuso de poder hace que la capacidad de competir de los partidos no gubernamentales esté seriamente comprometida.

Hay tiempos en los que los valores políticos tradicionales pierden relevancia frente a retos más inmediatos y acuciantes. Hoy por hoy, Ecuador está asediado por la inseguridad, el narcotráfico y otras formas de crimen organizado.

Los grupos criminales se reparten el territorio. Incluso el poderoso Tren de Aragua, de origen venezolano y alcance hemisférico, ha entrado en el país como aliado de una de las agrupaciones criminales nacionales más poderosas.

En momentos críticos, el valor de la seguridad entra en juego y monopoliza la discusión pública como valor político dominante, como muestra la gráfica, elaborada a partir de datos del World Values Survey.

No puede decirse que los asesinatos ocurridos durante la campaña electoral ecuatoriana hayan sido crímenes políticos tradicionales. A diferencia de los asesinatos de Jorge Eliécer Gaitán (1948) y Luis Carlos Galán (1989) en Colombia, o el de Luis Donaldo Colosio en México (1994), el candidato centrista Fernando Villavicencio no era el favorito para ganar las elecciones en Ecuador y tampoco parecía probable que pasara a la segunda vuelta.

Villavicencio e Intriago se habían enfrentado al narcotráfico y eso los puso en la mirilla del crimen organizado. Ambos asesinatos conmocionaron al país y tuvieron un clarísimo impacto sobre la agenda de la discusión pública, haciendo de la inseguridad el epicentro del final de la contienda.

Cuatro días después de la muerte de Villavicencio se celebró el debate entre los siete candidatos. Fue árido y tuvo un formato difícil de seguir. Hubo mucho fuego cruzado. El experto en seguridad Jan Topic parecía haber capitalizado el momento, pero durante el debate fue increpado por Otto Sonnenholzner, que logró posicionarlo como contratista de seguridad y, por ende, beneficiario del clima de inseguridad reinante. "Fue un misil en su banda de flotación", me comenta el consultor político Armando Briquet.

En el debate surgió un joven y telegénico candidato, Daniel Noboa, que apenas apareció en las encuestas: sereno, articulado y ponderado (y trajeado para la ocasión con un chaleco antibalas). Se convirtió en la revelación del evento.

Este no fue un debate cualquiera: fue visto por casi un millón de personas, convirtiéndose en el programa más visto en la televisión ecuatoriana en 2023. Solo un poco por debajo del share del partido inaugural del Mundial de Qatar, que tuvo una audiencia de unas 1.150.000 personas.

Una encuesta política nacional de julio de 2023 (antes de los asesinatos) indagaba entre los electores sobre en qué momento tomarían la decisión del voto, a lo que tres de cada cuatro electores contestaron que bien faltando una semana para la elección o cuando ya estuviera frente a la urna electoral.

La volatilidad estaba servida y el debate la aceleró en un electorado ávido de respuestas. Existe evidencia empírica sobre lo poco que cambian los debates las preferencias del electorado, pero en este caso particular el televidente iba a ver el debate sin preferencias claras. A partir de ese momento, en la última semana de campaña, Noboa se convirtió en el líder indiscutible de las búsquedas en Google (aunque a las encuestas publicadas no les diera tiempo de reflejarlo).

No hubo grandes fuegos artificiales, tiktokers, consultores gurús ni inteligencia artificial en esta contienda. O los hubo pero no funcionaron del todo. El propio Noboa hizo una considerable inversión en medios digitales, y tuvo buen impacto en las redes sociales, tanto de tipo como orgánico promovido por influencers.

Lo mismo ocurrió con otros candidatos. Incluidos Xavier Hervas y Yaku Pérez, que tuvieron una presencia muy destacada en el mundo digital y fueron favoritos en la elección presidencial de hace dos años, para finalmente obtener resultados muy pobres en esta. Lejos del brillo de las redes sociales, fue el debate muy tradicional lo que funcionó como la variable clave de campaña.

El caso ecuatoriano ratifica al debate como un eficiente instrumento de educación política. Muchas veces la comunicación política descansa sobre la costosa publicidad (tradicional o digital). Los debates, en cambio, pueden generar grandes audiencias y dan a los candidatos un tiempo de televisión muy barato. Los debates enseñan y forman ideológicamente a los electores.

Noboa tendrá un camino difícil hasta el 15 de octubre. Su victoria en primera vuelta aprovechó el factor sorpresa. "Hasta el momento nadie lo ha puesto a prueba. Ahora vendrá su verdadera campaña", sentencia Briquet. Como contendiente de Luisa Gozález, Noboa se enfrenta no a la candidata sino a todo el correísmo. Además, es hijo del millonario y eterno aspirante a la presidencia Álvaro Noboa –que se presentó a las elecciones en 1998, 2002, 2006, 2009 y 2013– y este vínculo puede hacerle vulnerable.

Sin embargo, la dificultad real que tendrá el o la presidente de Ecuador de cara al futuro es similar a la de otros países de la región: cómo dirimir el desequilibrio de una democracia muy débil que está mal acompañada de grupos criminales muy fuertes.

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Nota de la Redacción: Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se reproduce con licencia Creative Commons.

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