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La elección de Lam en Vietnam refleja la apuesta por el continuismo y la represión interna

Vietnam

Policía de carrera, el nuevo secretario del Partido Comunista ha mantenido una línea dura en la represión de la disidencia política, con el arresto de activistas, periodistas y voces críticas acusadas de propaganda contra el Estado

El secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV), To Lam, tras ser reelegido en el cargo. / EFE/EPA/Luong Thai Linh
Eric San Juan (EFE)

23 de enero 2026 - 09:38

Ho Chi Minh (Vietnam)/La reelección este viernes de To Lam como secretario general del Partido Comunista de Vietnam –el puesto con mayor poder– marca una apuesta por la continuidad, la centralización del poder y el acallamiento de la disidencia, mientras el país busca acelerar la economía en un contexto internacional turbulento.

Lam, de 68 años y exministro de Seguridad Pública, llegó a la cúpula del partido en 2024, tras la muerte de Nguyen Phu Trong, y su nombramiento tras un congreso que terminó dos días antes de lo previsto (no se han difundido explicaciones oficiales) lo afianza como el hombre fuerte del país.

Antes del Congreso se especuló con que Lam asumiera también el cargo de presidente de la República, adoptando un modelo parecido al de Xi Jinping en China, pero de momento parece que el Partido decidió que no modificará su reglamento interno.

De esta forma, el poder se sigue repartiendo entre los llamados cuatro pilares: el secretario general del Partido –que marca la línea general del país–, el presidente de la República, el primer ministro y el presidente de la Asamblea Nacional.

Con su reelección, Lam se consolida como sucesor de Nguyen Phu Trong, el hombre que lideró el partido durante más de una década y el que más poder había acumulado desde la reunificación del país bajo un sistema comunista de partido único en 1975.

En el plano interno, Lam no parece poner tanto énfasis en la campaña anticorrupción que lideró Trong

En el plano interno, Lam no parece poner tanto énfasis en la campaña anticorrupción que lideró Trong y parece apostar por una reorganización institucional que quita poder a los líderes provinciales en favor del poder central en Hanói para reducir la burocracia.

Siguiendo esta línea, en su año y medio al frente del partido ha iniciado un proceso de reformas para adelgazar el Estado, que ha supuesto que miles de funcionarios perdieran su trabajo.

Lam, policía de carrera, también ha mantenido una línea dura en la represión de la disidencia política, con el arresto de activistas, periodistas y voces críticas acusadas de propaganda contra el Estado.

En este sentido, la organización Human Rights Watch denunció el pasado abril que Vietnam había intensificado el control sobre la disidencia contra activistas y ciudadanos que expresan su descontento en redes al acusarlos de perjudicar “los intereses del Estado”.

También el pasado diciembre se endurecieron las normas de trabajo para los periodistas, que ahora están obligados a revelar sus fuentes a las autoridades si estas lo requieren en investigaciones penales. Vietnam, con 28 periodistas en prisión, ocupa el puesto 173 sobre 180 en el índice de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras.

El pasado diciembre se endurecieron las normas de trabajo para los periodistas, que ahora están obligados a revelar sus fuentes a las autoridades si estas lo requieren en investigaciones penales

Estos asuntos sin embargo han pasado de puntillas en la información difundida sobre el Congreso, que se ha centrado en el desarrollo económico, con un ambicioso objetivo marcado por Lam de alcanzar un diez por ciento de crecimiento interanual de aquí a 2030.

Las cifras de 2025, con un 8 por ciento de aumento del PIB y una inflación apenas por encima del 3%, invitan al optimismo, y la elección de Lam transmite una idea de estabilidad que puede favorecer las inversiones.

En los últimos años, Vietnam se ha beneficiado de la deslocalización de industrias, sobre todo tecnológicas, desde China, para abastecer la demanda de países como Estados Unidos, pero instituciones como el Banco Mundial han alertado del posible exceso de dependencia exterior.

La irrupción del presidente Donald Trump en la Casa Blanca hace un año no ha cambiado la política exterior del país asiático, apodada diplomacia de bambú por su habilidad para encontrar un equilibrio en su relación con las grandes potencias del planeta.

El gobierno de Hanói mantiene buenas relaciones con Rusia, un aliado desde los tiempos de la Unión Soviética; China, su principal socio comercial; la UE, con quien tiene un acuerdo de libre comercio; y también con EE UU, receptor del 30%de sus exportaciones.

Tras conseguir el año pasado reducir los aranceles inicialmente anunciados por Trump del 46% al 20%, Vietnam ha mostrado su buena sintonía con EE UU al sumarse a la Junta de Paz propuesta por el presidente estadounidense e inaugurada ayer desde el Foro Davos (Suiza).

Sin embargo, el analista Alexander Vuving alertaba en un reciente artículo en EastAsia Forum de que esta política de bambú puede llegar “al punto de ruptura” si Vietnam se ve atrapado en medio de la rivalidad entre Pekín y Washington.

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