El Gobierno enmudeció ante la explosión de un avión militar

Ahora salen a la luz datos que eran solo conocidos por los mandos de la base aérea de San Antonio de los Baños

El teniente coronel Mora, piloto del avión militar después del siniestro, junto a una residente del lugar. (Red de Comunicadores Comunitarios)
El teniente coronel Mora, piloto del avión militar, después del siniestro. (Red de Comunicadores Comunitarios)

El pasado martes 26 de febrero, sobre las 11 am, una aeronave militar de fabricación soviética se precipitó a tierra a pocos metros de una comunidad rural perteneciente al municipio artemiseño Güira de Melena. No era el primer accidente de un avión de combate pero nunca antes había trascendido este tipo de situación.

A pesar del impacto del suceso, las altas esferas del mando castrense han desplegado un manto de silencio sobre el tema y solo se refirieron al caso en una escueta nota informativa emitida por el Ministerio de las Fuerzas Armadas y publicada en la segunda página del diario oficial Granma.

El avión siniestrado era un MiG-21 perteneciente a la brigada aérea de cazas de combate Playa Girón, con sede en el municipio de San Antonio de los Baños, que realizaba sus habituales ejercicios aéreos en los territorios aledaños.

En medio del silencio de las instancias militares sobre el tema, se pudieron recopilar datos dentro de la población, en especial entre los habitantes de la zona donde la nave militar se estrelló.

La zona de caída del piloto y de los restos incendiados del avión está en la jurisdicción del Consejo Popular La Cachimba, un asentamiento rural ubicado a tres kilómetros del pueblo de Güira de Melena. Según varios testigos presenciales del siniestro, la aeronave volaba cubierta en llamas hasta que, a la altura de la estación del acueducto local, el piloto logró alzar la parte delantera de la nave y con ello evitar que se precipitara contra la parte poblada.

Paracaídas del piloto del MIG-21 accidentado en Artemisa. (Red de Comunicadores Comunitarios)
Paracaídas del piloto del MIG-21 accidentado en Artemisa. (Red de Comunicadores Comunitarios)

Después, instintivamente, se catapultó en paracaídas a escasos segundos de una explosión que precipitó los restos del aparato contra la estructura de un almacén en desuso donde se produjo otra explosión.

Uno de los vecinos de esa comunidad, Yosniel Díaz, autor de la mayor parte de las evidencias gráficas del suceso, publicadas en su perfil de Facebook, asegura que gracias a la pericia y habilidad del piloto las consecuencias del siniestro no fueran nefastas. “El avión volaba echando candela a poca altura y directo al centro del pueblo hasta que, gracias a Dios, el aviador logró alzarlo un poco y desviarlo hacia los sembrados de la granja agrícola Dominguillo, de lo contrario las víctimas mortales hubieran superado a las del accidente del avión que explotó en Boyeros”, sostiene.

Otra de los testigos que accedió a dar su testimonio, Lourdes, fue quien dio a conocer la identidad del piloto accidentado. Se trataba del teniente coronel Mora, de la Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), aviador con vasta experiencia en la conducción de este tipo de nave de combate y con participación activa en las distintas guerras desarrolladas en el continente africano del pasado siglo.

Fragmentos del avión accidentado en Artemisa. (Red de Comunicadores Comunitarios)
Fragmentos del avión accidentado en Artemisa. (Red de Comunicadores Comunitarios)

Lourdes explicó que antes que sucediera la segunda explosión del aparato se vio al aviador lanzarse en paracaídas, estrellarse contra un árbol y caer en una casa en cuya antena de televisión se enredó la tela del equipo de salvamento. Según la testigo, el militar, una vez liberado del envoltorio de tela, fue inmediatamente asistido por los vecinos, quienes facilitaron los medios para que se comunicara con las autoridades militares y lo cuidaron hasta que llegaran a su rescate fuerzas de las FAR y autoridades locales.

Una vez que llegaron los oficiales de la contrainteligencia militar de las FAR y del Ministerio del Interior, el área quedó despejada del público presente e incomunicada. A todas aquellas personas que estaban tomando fotos o realizando videos del siniestro les fue retirado el dispositivo móvil y la zona quedó militarizada hasta que, al siguiente día, fueron retirados del lugar los restos del avión caído.

Ahora salen a la luz datos que eran solo conocidos por los mandos de la base aérea de San Antonio de los Baños. Según personas que han pasado el servicio militar en esa unidad de la Fuerza Aérea, varios han sido los incidentes ocurridos –algunos con pérdidas de vidas humanas– por desperfectos técnicos de las naves de combate MiG-21, MiG-23 y helicópteros destacados en ella, la mayoría con más de 40 años de explotación.

La comisión encargada de las pesquisas del accidente debería investigar con absoluta profundidad y transparencia las verdaderas causas del siniestro, además de realizar un exhaustivo análisis de los motivos por los cuales las FAR permiten que aviones de combate con técnica obsoleta realizan ejercicios militares en zonas pobladas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en la Red de Comunicadores Comunitarios. 

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