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Una dictadura dinástica “entre las patas de los caballos”

Opinión

La pregunta del millón es cuándo le llegará la hora a Nicaragua, pero Murillo está empeñada en coronarse en 2027 en otra farsa electoral

Los "copresidentes" Rosario Murillo y Daniel Ortega durante un acto celebrado en Managua en ocasión de la apertura del Hospital Nuevo Amanecer. / César Pérez
Carlos F. Chamorro

09 de marzo 2026 - 09:08

En los últimos 10 años, la dictadura familiar Ortega Murillo se ha venido metiendo “entre las patas de los caballos”, en una escalada de agresiones autoritarias contra su propio pueblo, y cruzando todas las líneas rojas imaginables, a contrapelo de las normas básicas del derecho internacional. 

Desde 2018, masacraron y persiguieron a miles de ciudadanos que demandaron elecciones libres, aplastaron la democracia, cometieron crímenes de lesa humanidad, y ejecutaron los mayores actos de corrupción pública de la historia de Nicaragua.

En 2019, enterraron el diálogo con la oposición, endurecieron el Estado policial y se negaron a rendir cuentas ante la Organización de Estados Americanos por las graves violaciones a los derechos humanos y la democracia.

En 2021, exhibieron ante el mundo la ilegitimidad de su Gobierno, cuando Ortega se robó las elecciones al reelegirse sin competencia política, después de encarcelar a todos los precandidatos opositores a la Presidencia.

Como respuesta al reclamo de la OEA y la Unión Europea, desafiaron a la comunidad internacional con lujo de prepotencia, como si estuvieran ungidos de un poder eterno y de impunidad ante la justicia

Como respuesta al reclamo de la OEA y la Unión Europea, desafiaron a la comunidad internacional con lujo de prepotencia, como si estuvieran ungidos de un poder eterno y de impunidad ante la justicia.

Ortega y Murillo ordenaron el retiro de Nicaragua en la OEA, confiscaron su sede en Managua, y expulsaron a los embajadores de la Unión Europea, Países Bajos, el Vaticano, Ecuador, Brasil, Colombia, y España.

Rompieron relaciones con Taiwán, para lanzarse en los brazos de la República Popular China, y lo único que consiguieron fue la invasión de las tiendas chinas, la voracidad de sus empresas mineras, y 13 préstamos en términos onerosos, que aumentaron el endeudamiento externo.

En 2022, durante la invasión militar de Rusia en Ucrania, los supuestos hijos de Sandino, Ortega y Murillo, se alinearon con Vladimir Putin, aplaudiendo una invasión criminal contra la soberanía nacional de Ucrania.

Todavía hasta finales de 2024, la dictadura provocaba abiertamente a Estados Unidos, utilizando el aeropuerto internacional de Managua como un trampolín para promover la migración ilegal. No solamente de cubanos y haitianos, sino con vuelos chárter extracontinentales procedentes de Libia, Senegal, India, Marruecos, y otros países, transportando a centenares de miles de migrantes ilegales que, después de pagar la coima del “comandante y la compañera” en el aeropuerto, siguieron en su ruta hacia Estados Unidos.

En 2025, tuvieron la temeridad de confiscar ilegalmente a la empresa minera norteamericana BHMB, para entregarle la concesión y la inversión a una empresa china, aliada de los allegados corruptos del régimen.

Los primeros reclamos de la administración Trump por las violaciones al tratado CAFTA, las confiscaciones, los presos políticos, y la ilegalidad de la “copresidencia”, han sido ignorados por el régimen dinástico. 

Pero desde la “extracción” de Nicolás Maduro en Venezuela por la intervención militar de Estados Unidos el 3 de enero de 2026, en el búnker de El Carmen están temblando de pánico en el momento de mayor aislamiento internacional de la dictadura. 

¿Y ahora quién podrá defendernos, reclaman los codictadores, ante la imposición del tutelaje norteamericano del régimen chavista, y el colapso económico y político de Cuba, asediada por el cerco petrolero de Estados Unidos?

¿Dónde están China y Rusia, nuestros protectores y aliados estratégicos?, clama la cúpula político militar.  

¿Dónde están China y Rusia, nuestros protectores y aliados estratégicos?, clama la cúpula político militar

¿Qué viene después del bombardeo militar de Estados Unidos contra nuestro hermano gemelo en Irán, el régimen represivo de los ayatolás?, preguntan los operadores del poder.

Pero, ¿es que acaso alguien va a meter la mano en el fuego para salvar a una dictadura familiar que ha hundido a Nicaragua como el segundo país más corrupto de América Latina?

Los 25 generales, cuyo jefe, Julio César Avilés, rindió al Ejército de Nicaragua ante la dictadura, saben que ante un eventual escenario de “máxima presión externa”, ni China, ni Rusia, van mover un dedo para prolongar la permanencia de Ortega y Murillo en el poder.

Ellos pertenecen al mismo club de los “indefendibles” con Nicolás Maduro y el ayatolá Jameneí, pero, en realidad, Nicaragua no está en el radar de las prioridades de la política exterior norteamericana, enfocada en Venezuela, Cuba, Irán, y otros focos regionales de conflicto, y tampoco existe la amenaza de un ataque inminente. Pero el nuevo escenario internacional hace cada vez más evidente la inviabilidad de una dictadura dinástica en América Latina, que ha sido masivamente rechazada por su pueblo. 

¿Cuándo le llegará la hora a los Ortega Murillo?, es la pregunta del millón que todo mundo, incluidos los sandinistas, se hacen en Nicaragua. Sin embargo, en la realidad alternativa de Rosario Murillo, el plan de la codictadora es sellar la sucesión dinástica en noviembre de 2027, coronándose en otra farsa electoral, sin competencia política y bajo estado policial. Una vez más, Murillo está empeñada en meter a su dictadura decrépita “en las patas de los caballos”, y el desenlace inevitable será un agravamiento de la crisis nacional. 

Nicaragua necesita con urgencia una salida, ahora, sin esperar el descalabro de la crisis en noviembre de 2027. La salida empieza con la unidad en la acción de la oposición, la liberación de todos los presos políticos, la suspensión del Estado Policial, y el retorno a Nicaragua de todos los desterrados y exiliados, con garantías de seguridad.

La suspensión del estado policial es solamente el primer paso para despejar el camino hacia una reforma electoral, sin Daniel Ortega ni Rosario Murillo

La suspensión del estado policial es solamente el primer paso para despejar el camino hacia una reforma electoral, sin Daniel Ortega ni Rosario Murillo, para celebrar nuevas elecciones libres e iniciar la transición democrática.  

Ciertamente, la codictadora Rosario Murillo puede atrincherarse en el poder por algún tiempo más, pero solo provocará que siga aumentando la presión internacional y nacional, demandando el fin de la dictadura dinástica.

Mientras tanto, los servidores públicos, civiles y militares, aún tienen la opción de ponerle el cascabel al gato para formar parte de una solución nacional. De lo contrario, el Ejército, la Policía, y el partido sandinista, también corren el riesgo de hundirse con la familia gobernante.

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Nota de la Redacción: Esta nota fue publicada originalmente en el digital Confidencial de Nicaragua.

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