La discreta despedida de Ramiro Valdés retrata el ocaso de la generación histórica
Opinión
Raúl Castro y Machado Ventura tienen 95 años, Guillermo García cumplió 98 y solo Pardo Guerra conserva una función ejecutiva concreta
Madrid/Ramiro Valdés recibió este martes en La Habana los honores reservados a un comandante de la Revolución, aunque dosificados con la cautela que se aplica a quien ya comienza a estorbar en el relato oficial. Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel encabezaron la primera guardia ante la urna con sus cenizas, instalada en la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas, mientras el duelo decretado por su muerte se limitó a 18 horas y terminó antes de que concluyeran sus funerales.
El homenaje se celebró en la sala Granma del edificio Sierra Maestra, frente a la Plaza de la Revolución. Las condecoraciones de Valdés, sus títulos de Héroe de la República y Héroe del Trabajo, varias coronas y la bandera utilizada en 1997 para trasladar desde Bolivia los restos atribuidos al Che Guevara completaron la escenografía.
La primera guardia estuvo formada por Raúl Castro, Díaz-Canel, el ministro de las Fuerzas Armadas, Álvaro López Miera, y el titular del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas. Raúl, visiblemente envejecido y delgado, se acercó después a los familiares de Valdés, entre ellos su viuda, Alicia Alonso Becerra.
Aunque la prensa oficial presentó el acto como una expresión de respeto popular, las imágenes mostraron un predominio evidente de militares, funcionarios, estudiantes y trabajadores que acudieron en contingentes organizados por sus instituciones, más que una asistencia espontánea.
“Uno trata de no ver en gestos así un cambio de época”, escribió Torres Corona, aunque reconoció haberse contagiado de una “suspicacia contumaz”
La despedida ya había comenzado con un tropiezo. El Noticiero Nacional de Televisión anunció la muerte de Valdés como la tercera noticia de su emisión, después de felicitar a los padres cubanos y ofrecer el parte sobre el sistema eléctrico. El orden incomodó incluso a Michel Torres Corona, presentador del programa oficialista Con Filo, quien advirtió en sus redes sociales sobre un posible “cambio de época”. “Uno trata de no ver en gestos así un cambio de época”, escribió, aunque reconoció haberse contagiado de una “suspicacia contumaz”.
No era para menos. Uno de los hombres más poderosos del régimen durante seis décadas había perdido la competencia informativa contra el Día de los Padres y los apagones. El decreto presidencial tampoco ayudó a despejar las sospechas. Díaz-Canel declaró duelo oficial desde las seis de la mañana hasta la medianoche del martes. En total, 18 horas, pese a que Valdés murió el domingo y sus cenizas no serán inhumadas hasta este jueves en el Mausoleo del Frente de Las Villas, en Santa Clara. Las banderas pudieron volver a lo alto mientras el difunto seguía pendiente de entierro.
La brevedad tiene, no obstante, un precedente entre los propios comandantes de la Revolución. Juan Almeida Bosque recibió en 2009 apenas 12 horas de duelo oficial, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Valdés obtuvo seis horas más, pero menos plaza. Almeida fue homenajeado en el Memorial José Martí, mientras la urna de su antiguo compañero quedó confinada a una dependencia de las Fuerzas Armadas.
Más incómoda resulta la comparación con Kim Jong-il. Cuando murió el dictador norcoreano, en 2011, Cuba mantuvo las banderas a media asta durante tres días. Incluso Francisco Franco fue honrado durante tres jornadas en 1975. El dictador norcoreano y el caudillo español, ninguno de los cuales desembarcó en el Granma ni fundó la Seguridad del Estado cubana, merecieron más horas de luto que uno de los hombres encargados de sostener el régimen durante seis décadas.
Raúl Castro muestra un evidente deterioro físico, pero caminó sin ayuda visible y mantuvo el protagonismo ceremonial
El Gobierno se limitó a aplicar la fórmula empleada con frecuencia para mandatarios extranjeros de importancia secundaria para Cuba. No hubo duelo nacional, suspensión general de espectáculos, gran concentración en la Plaza de la Revolución ni un discurso público de Raúl Castro.
La muerte de Valdés reduce todavía más una generación histórica que ya cabe prácticamente en una guardia de honor. De sus figuras más reconocibles quedan Raúl Castro, José Ramón Machado Ventura, Guillermo García Frías y Ramón Pardo Guerra, todos alejados en distinto grado de la gestión visible del país.
Raúl cumplió 95 años el pasado 3 de junio. Aunque abandonó formalmente la jefatura del Partido en 2021, continúa siendo presentado como “líder al frente de la Revolución” y conserva una autoridad que ningún cargo de la actual dirección parece disputar. Sus apariciones son escasas y cuidadosamente seleccionadas. En junio se dejó ver en el acto por el aniversario del Ministerio del Interior y ahora en el homenaje a Valdés.
En ambas ocasiones mostró un evidente deterioro físico, pero caminó sin ayuda visible y mantuvo el protagonismo ceremonial. Sigue siendo el último árbitro simbólico de un sistema que insiste en proclamar la continuidad, aunque necesita exhibirlo cada cierto tiempo para demostrar que la fuente original de legitimidad todavía respira.
La situación de Guillermo García Frías es aún más incierta. Cumplió 98 años en febrero y continúa figurando oficialmente como diputado y presidente del Grupo Empresarial Flora y Fauna
José Ramón Machado Ventura tiene también 95 años y cumplirá 96 en octubre. Participó en una de las últimas guardias de honor ante la urna de Valdés. Desde que dejó en 2021 la segunda secretaría del Partido, su presencia pública se limita fundamentalmente a aniversarios, homenajes y funerales. Ya no interviene en la administración diaria ni marca la línea política. Su función es recordar que todavía queda alguien capaz de posar junto a Raúl como prueba humana de una Revolución cada vez más convertida en cadáver.
La situación de Guillermo García Frías es aún más incierta. Cumplió 98 años en febrero y continúa figurando oficialmente como diputado y presidente del Grupo Empresarial Flora y Fauna. Sin embargo, hace tiempo que apenas aparece en actos públicos. La propaganda recordó su cumpleaños con semblanzas y materiales históricos, pero no fue identificado en las imágenes del homenaje a Valdés. Circulan versiones sobre un deterioro grave de su salud, aunque no han sido confirmadas oficialmente. Más que un dirigente en activo, García Frías es ya un nombre de archivo.
Ramón Pardo Guerra, de 89 años según la ficha oficial de la Asamblea Nacional, es quien mantiene una responsabilidad ejecutiva más concreta. Sigue al frente del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y ha aparecido en reuniones relacionadas con huracanes y otras emergencias. Su actividad, sin embargo, se encuentra lejos del centro de las decisiones políticas. Interviene cuando se acerca un ciclón, se ordenan evacuaciones o hay que dirigir la recuperación de un territorio, pero no participa regularmente en la definición pública de la estrategia económica o gubernamental.
El régimen asegura despedirlo como a uno de sus grandes héroes, pero lo anunció después del parte eléctrico, le concedió menos luto que a Kim Jong-il y levantó las banderas antes de enterrarlo
De los cuatro, solo Raúl conserva una influencia que supera el protocolo. Machado Ventura aparece para recordar el pasado; Guillermo García apenas lo hace; y Pardo Guerra sobrevive en un área técnica y limitada. Ninguno participa de manera visible en la conducción general del país.
La llamada generación histórica todavía ocupa las primeras filas en algunos funerales, recibe felicitaciones en fechas señaladas y conserva títulos, cargos honoríficos y espacios en la propaganda. Pero su autoridad práctica se extingue al mismo ritmo que sus integrantes.
Valdés será inhumado este jueves en Santa Clara, cuando el duelo oficial lleve ya más de un día terminado. El régimen asegura despedirlo como a uno de sus grandes héroes, pero lo anunció después del parte eléctrico, le concedió menos luto que a Kim Jong-il y levantó las banderas antes de enterrarlo.
Michel Torres Corona quizá tenga razón y se trate de un cambio de época. La generación histórica todavía aparece en las fotografías, pero cada vez decide menos lo que ocurre fuera del encuadre.