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Para ayudar a 14ymedio

El precio de ser un paciente acompañado

La licencia de “cuidador de enfermos, personas con discapacidad y ancianos” habilita para dedicarse a acompañar a los pacientes en hospitales. (CC/Pixabay)
Marcelo Hernández

12 de julio 2017 - 15:03

La Habana/La enfermería le dio la práctica y la necesidad la puso la vida. Luisa C., de 45 años, se define como "acompañante clínica, limpia y cariñosa". Hace tres años encontró a su primer cliente después de publicar un anuncio en varias páginas web: un jubilado recién operado de la cadera con una hija dispuesta a pagar para no pasar las noches en un hospital.

"Trabajé durante 15 años en centros del Ministerio de Salud Pública pero ahora tengo más independencia", explica la mujer. "En estos momento estoy cuidando a un hombre con cáncer bucal", cuenta a 14ymedio. "Recibo 2 CUC diarios, así que gano más que con el Estado", asegura. "Me quedo cada noche en la sala donde está ingresado y además le llevo la comida".

Luisa trabaja con enfermos terminales u otros que por su condición deben pasar por un largo internamiento. "La mayoría de la gente que contrata este servicio quiere que su pariente esté bien cuidado", sostiene. Las tareas de la acompañante van desde ayudar a bañar y alimentar al convaleciente hasta "vigilar que no le roben las pertenencias", puntualiza.

Las tareas de la acompañante van desde ayudar a bañar y alimentar al convaleciente hasta "vigilar que no le roben las pertenencias"

Con un total de 60.060 camas hospitalarias en todo el país al cierre de 2015 y 2,2 millones de personas de más de 60 años -casi el 20% de la población- la labor de acompañante de pacientes experimenta una creciente demanda por factores que abarcan desde el envejecimiento poblacional hasta la emigración pasando por el aumento de una clase social emergente, vinculada fundamentalmente al sector privado, que aúna horarios de trabajo prolongados pero también mejores salarios.

Luisa aclara que no es "cuidadora de ancianos", sino que tiene un perfil ocupacional "mucho más amplio". La mayor demanda de clientes están vinculados a "hospitales oncológicos, pero también ortopédicos donde, por regla general, el paciente debe pasar más tiempo". Lo que sí procura evitar son las ofertas "en hospitales infantiles y psiquiátricos".

Luisa paga religiosamente cada mes la licencia de "cuidador de enfermos, personas con discapacidad y ancianos" que posee para trabajar por cuenta propia. Sin embargo, la normativa está pensada fundamentalmente para quienes ejercen la labor en su propia casa o en la del paciente, ya que incluye inspecciones para confirmar que dispone de lo necesario para el enfermo. Al carecer de unas reglas específicas, el cuidador en los hospitales tiene limitaciones a la hora de acceder a información médica o visitar al paciente e incluso se topa con el rechazo de los sanitarios.

"Al principio me encontraba con mucha incomprensión, porque llegaban los médicos y me preguntaban si era pariente del enfermo. Si les decía que no, el trato cambiaba a peor", lamenta. Sin embargo, con el tiempo "me he limitado a trabajar en hospitales donde me conocen, como el Hermanos Ameijeiras, el Clínico de la calle 26 y el Oncológico del Vedado".

La labor de la cuidadora incluye también el avituallamiento de la sala donde estará el paciente durante su estancia en el centro de salud. "La familia es la que pone los recursos pero tengo un módulo para estos casos, que incluye un cubo para el agua, dos almohadas, un pequeño ventilador, un mini televisor para no perderme la telenovela y repelente de mosquitos".

En el Hospital Hermanos Ameijeiras, donde Luisa ha cuidado a un mayor número de pacientes, algunos médicos se muestran reticentes ante el hecho de que el acompañante no sea un familiar. "A veces necesito hablar con alguien que conozca al enfermo y que pueda tomar decisiones, pero estos contratados no saben mucho de su historial", lamenta un gastroenterólogo que prefirió el anonimato.

"Hemos tenido casos de acompañantes pagados por los parientes que han descuidado al paciente", se queja. "Una vez descubrimos a uno que se comía la comida en lugar de dársela al hospitalizado". Reconoce, no obstante, que "la mayoría son gente decente que necesita ganarse la vida y ha encontrado esta oportunidad".

"A veces las madres están doloridas y necesitan que las ayuden hasta a cargar al bebé y si se trata de mujeres que no tienen familia es muy difícil"

La emigración también influye en la alta demanda que tiene la ocupación de Luisa. "Vienen muchos ancianos a operarse pero sus hijos no viven en Cuba y alguien tiene que cuidarlos, es una situación muy dramática, porque a veces se pasan solos todo el tiempo que están en el hospital", añade el especialista.

La demanda de acompañantes clínicos supone un reto para el sistema de salud, que en 2015 debió gestionar más de 1,4 millones de ingresos. "Aquí si no vienes con alguien que pueda desde limpiar el baño hasta bajar a la esquina para comprarte un jugo, lo pasas muy mal", considera Lourdes Frías, un cuidadora por cuenta propia que busca sus clientas en el Hospital Materno Hijas de Galicia, de Diez de Octubre.

"A veces las madres están doloridas y necesitan que las ayuden hasta a cargar al bebé y si se trata de mujeres que no tienen familia es muy difícil". Una de las últimas puérperas que atendió "es la esposa de un cubano que trabaja en Ecuador y enviaba el dinero para que me ocupara de estar al lado de ella".

Tanto Lourdes como Luisa coinciden en que cuidar pacientes es una labor "dura y que necesita buen estado físico" y desearían no tener que fingir muchas veces que son parientes del enfermo para que se les respete. Pero también saben que "pasar una noche en un hospital es algo que nadie quiere y se paga bien".

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