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En tiempos de crisis se multiplican las estafas

Los productos no están racionados en el mercado negro pero el riesgo a ser engañado es alto

En la medida en que el desabastecimiento se extiende por la red de tiendas estatales, muchos productos se sumergen en el mercado informal. (14ymedio)
Marcelo Hernández

08 de junio 2020 - 17:09

La Habana/"Era agua con azúcar", cuenta apenado un joven habanero mientras muestra un envase de gel de baño que compró en el mercado negro. "Contacté al vendedor por Telegram, quedamos en vernos en una esquina y allí me mostró la mercancía de varios tipos, con extracto de melón, aguacate y rosas, pero después el que me llevé estaba falsificado".

En la medida en que el desabastecimiento se extiende por la red de tiendas estatales, muchos productos se sumergen en el mercado informal, donde no están racionados pero pueden costar más y el cliente corre el riesgo de ser estafado. Estas operaciones comerciales, que se desarrollan en la ilegalidad, son el terreno propicio para engañar y timar a los consumidores.

Cada noche el Noticiero Estelar destaca sentencias judiciales ejemplarizantes para disuadir a cualquiera y difunde imágenes de redadas sorpresivas captadas por cámaras ocultas

Desde la llegada del covid-19 a la Isla las autoridades han redoblado los controles contra el comercio informal, que durante décadas ha sido un aliado vital para la subsistencia de muchas familias. Cada noche el Noticiero Estelar de la Televisión Cubana destaca sentencias judiciales ejemplarizantes para disuadir a cualquiera y difunde imágenes de redadas sorpresivas captadas por cámaras ocultas que muestran a vendedores y compradores en alguna operación clandestina.

Los vendedores han encontrado en los servicios de mensajería instantánea un refugio en el que establecer el contacto inicial, desde WhatsApp y Telegram al blindado Signal, para los más precavidos. Pero para los clientes, esta vía limita su capacidad de ver, probar y evaluar la mercancía aumentando la desprotección.

"Pierna de cerdo a 55 pesos la libra", leyó Randy en un anuncio clasificado que remitía a una cuenta de Telegram. Una vez en contacto con el vendedor por ese camino, acordaron que la entrega del producto se haría el pasado sábado en la mañana. "No entro en casas ni subo escaleras", le advirtió el comerciante que, a la hora justa, apareció con otros dos hombres en un viejo auto Chevrolet.

"Toda la operación se hizo dentro del carro y con una pesa que él trajo pero cuando llegué a mi casa me di cuenta de que entre las dos piernas que compré me había tumbado como diez libras", lamenta Randy. "O sea, que perdí más de 500 pesos y ni se me ocurrió apuntar la chapa del carro, además a quién se le ocurre denunciar, capaz que el que termine preso sea yo".

Según el Código Penal, comete el delito de "receptación" la persona que compre bienes que "evidencien o hagan suponer racionalmente que proceden de un delito". La sanción contemplada es "privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas". En tiempos de crisis las autoridades son mucho menos tolerantes con el mercado negro y los castigos por comprar en el mercado negro se multiplican por el incremento de la vigilancia.

Su idea es esperar a que un amigo que tiene un vehículo con chapa oficial y que mueve personal para la batalla contra el covid-19 le traslade el pienso en el maletero

"Iba en mi moto y me paró una patrulla policial", cuenta a esta diario un joven residente en el municipio habanero de Diez de Octubre y que prefirió el anonimato. "En la mochila llevaba la cuarta parte de un saco de pienso de maíz para unas gallinas que mi mamá cría en el patio de la casa. Como se lo había comprado a un guajiro y no tenía papeles me lo quitaron y me pusieron una multa".

"Me pasé toda la noche en un calabozo por unas cuantas libras de comida para animales", explica. "Ahora debo volver a buscar el producto, aunque tendré que esconderlo mejor para llevarlo hasta la casa". Su idea es esperar a que un amigo que tiene un vehículo con chapa oficial y que mueve personal para la batalla contra el covid-19 le traslade el pienso en el maletero.

"Pero tengo que estar a cuatro ojos porque no es solo la policía, ya perdí dinero hace unas semanas con un pienso que me vendieron y estaba mezclado con arena", explica. "La gente está con el cuchillo en la boca engañando para sacar unos pesos de cualquier lugar. Cuando llegué a mi casa y vi aquello tuve ganas de regresar y reclamar, pero ni siquiera sabía cómo se llamaba el vendedor".

En los años 90, la crisis económica del Período Especial no solo atizó la creatividad para inventar recetas culinarias sino que fue el escenario de algunos timos que se convirtieron en verdaderas leyendas urbanas. Sustituir la salsa de tomate por otra a base de remolacha, remojar por días viejas frazadas de limpiar el piso para hacerlas pasar por bistec de cerdo empanado y hasta el mítico queso de pizza que en realidad era un condón derretido.

Cuántos de aquellos timos fueron reales y cuáles fruto de la imaginación es difícil saber, pero la actual circunstancia que atraviesa la Isla parece estar despertando algunos fantasmas. Muchas adulteraciones se hacen, incluso, utilizando la propia infraestructura de la industria estatal.

Entre los productos más falsificados en el último medio siglo en Cuba han estado el ron, los cigarros y tabacos, las cervezas, los útiles de aseo como el detergente, las salsas de tomate y los embutidos

Entre los productos más falsificados en el último medio siglo en Cuba han estado el ron, los cigarros y tabacos, las cervezas -de las que hay pequeñas minindustrias totalmente clandestinas- los útiles de aseo como el detergente, las salsas de tomate y los embutidos de factura privada. Entre estos últimos, los rellenos con plátano o boniato son muy frecuentes.

En diciembre de 2017 las autoridades desarticularon una red de medicamentos adulterados para el consumo infantil. El producto falsificado se comercializaba en las farmacias de la Isla bajo la marca Ritalin para tratar el TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad). Varios empleados de BioCubaFarma sustituían el principio activo metilfenidato por una sustancia placebo que se utiliza para limpiar las máquinas una vez concluida cada producción.

"Me mandaron tomar antibióticos por varios días para después poder sacarme una muela y solo pude encontrar las pastillas con un vendedor que me recomendó una amiga", detalla Viviana, una habanera que se cansó de preguntar en las farmacias por la llegada del medicamento. "Lo pagué y me fui para la casa de lo más entusiasmada pero después de tres días la inflamación y el dolor no se iba".

Viviana decidió desarmar las cápsulas del supuesto antibiótico y en el interior lo que encontró fue bicarbonato de sodio. "Casi 20 CUC gastados en bicarbonato y ahora me quedé sin el dinero y con el dolor", se queja. Pero sigue buscando un "buen contacto que venda medicinas porque es preferible ese riesgo a no hacer nada y quedarse esperando que se vaya sola la infección".

"El truco está en antes de cerrar la tapa aplicar un poco del producto puro en la boca de la botella, así cuando el cliente destapa para oler lo siente puro"

En su casa de Santiago de las Vegas, la familia García -nombre ficticio para este reportaje- prepara un aromatizante para limpiar baños. El extracto del producto lo saca el padre de la industria donde trabaja, una vez en casa preparan agregando grandes cantidades de agua y envasan. "El truco está en antes de cerrar la tapa aplicar un poco del producto puro en la boca de la botella, así cuando el cliente destapa para oler lo siente puro".

Más allá del olor inicial, cuando el comprador empiece a usar el aromatizante se dará cuenta de que es "más agua que otra cosa" y que el aroma que deja en los baños es muy tenue y dura poco. "Pero cuando ya sepa eso, nosotros no estaremos ni por todo aquello porque tenemos buen cuidado de no dar datos, números telefónicos ni nombres". La familia vende de manera ambulante y cada día elige un barrio distinto.

"Ayer estuvimos por El Canal en el Cerro y ya sabemos que por ahí no volvemos en mucho tiempo", afirma el padre de los García. "No es que estemos engañando, es que incluso con un producto de baja calidad estamos vendiendo más barato que el Estado y a la puerta de la casa".

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