El wifi se estrella en La Rampa

Antena de wifi en La Habana. (14ymedio)
Antena de wifi en La Habana. (14ymedio)

Contrario a lo que cabría esperarse en un país donde las comunicaciones son casi un lujo y no un derecho, la anunciada apertura de una red pública wifi en La Rampa habanera, que ampliaría el acceso a Internet en la capital a partir del 1 de julio, no provocó una afluencia significativa de público.

En horas de la mañana, el emblemático tramo de la calle 23 del Vedado, entre L y el Malecón, mostraba su habitual animación. Apenas algunos aspirantes a internautas, jóvenes en su mayoría, merodeaban la esquina de 23 y L, manipulando en vano sus teléfonos móviles: no había señal wifi.

La casi total ausencia de prensa extranjera en el lugar parecía un mal augurio. Uno de los reclamos más importantes de la población cubana ha sido, precisamente, el acceso a Internet, razón por la cual toda ocasión relacionada con la ampliación de las comunicaciones y la creación de ciberespacios constituye un acontecimiento que convoca a los medios.

Ya bajo el abrasador calor del mediodía era evidente que "algo" había fallado y –a falta de información– menudearon las especulaciones. "Es que están configurando el sistema para que no colapse cuando entre en servicio", razonaba un joven veinteañero que llevaba horas luchando con su teléfono en busca de la ansiada señal. Otros a su alrededor insistían en sus intentos, mientras la decepción crecía a medida que pasaban las horas. Todos habían comprado sus tarjetas Nauta para la ocasión y habían activado sus cuentas para la navegación internacional.

Ya bajo el abrasador calor del mediodía era evidente que “algo” había fallado y –a falta de información– menudearon las especulaciones

En horas de la tarde, la presencia de potenciales internautas creció discretamente. Los más persistentes eran alrededor de una docena de adolescentes que pretendían engancharse a Facebook y Twitter para chatear con sus amigos que viven en el extranjero. Una muchacha de 17 años aseguraba que, aunque había comprado una tarjeta en el aledaño hotel Habana Libre, no podría conectarse a menos que tuviese la contraseña del propio hotel. "Están diciendo que hay que tener el código de acceso del hotel, pero eso no me lo dijeron ni me lo dieron cuando compré la tarjeta", se quejaba.

Varios vendedores de artesanía de la conocida Feria de La Rampa "habían sabido" informalmente que la red solo entraría en funcionamiento "a partir del 2 de julio... o después del día 10". Como es usual en Cuba, nadie conocía con exactitud cuáles eran las dificultades que habían impedido la activación de la red. Tania, vendedora de bisutería, dice haberse pasado el día chequeando el teléfono para comprobar si le llegaba finalmente la señal, hasta que un amigo que trabaja en el Instituto Cubano de Radio y Televisión pasó por allí y le dijo que no saldría wifi debido a "problemas técnicos", una frase manida que, sin embargo, es rigurosamente cierta en la realidad cubana. De hecho, desde mitad de la mañana el correo Nauta estuvo presentando dificultades, conectaba intermitentemente y no permitía la salida de imágenes o documentos adjuntos.

Al final de la tarde ya era evidente que el esperado wifi no se dejaría ver en La Rampa. Al menos no en la fecha anunciada y hasta los usuarios más optimistas se sintieron frustrados y guardaron sus teléfonos. "Esta gente siempre está engañándolo a uno. Por eso nadie les cree ya nada de lo que dicen", expresa Joan, un universitario que ha sido mi compañero de jornada en este fallido intento de cibernavegación. Está irritado y no lo oculta. "¿Usted ve esto, que no son capaces de poner ni siquiera una red wifi que cobran carísima, además? No, pero entonces usted va a conectarse gratis en la Oficina de Intereses [de EE UU en La Habana] y lo botan de la universidad, te hacen un mitin y te ponen el cartelito de traidor". Y se marcha refunfuñando, Rampa abajo.

"Los americanos van a poner una buena sala de navegación gratis. ¡Y ahora no van a poder decir que eso es malo, porque ahora somos amigos, ¿no?"

También están los optimistas irredentos, que tienen una dosis extra de fantasía. Roberto es otro joven, pero no estudió nada. Se dedica a manejar un almendrón que cubre la ruta Coppelia-Vívora. Él asegura que ahora, "cuando se abra la embajada (el 20 de julio) los americanos van a poner una buena sala de navegación gratis, tú verás. ¡Y ahora no van a poder decir que eso es malo, porque ahora los americanos y nosotros somos amigos, ¿no? Yo quiero ver en Internet todo lo de las Grandes Ligas". Lo sorprendente es que no hay malicia ni suspicacias en su expresión, como si lo que espera fuese cosa hecha.

¿Lo peor de la jornada? La indiferencia de algunos que, simplemente, se encogieron de hombros: un día más sin Internet, ¿qué importa? El tiempo es una dimensión que solo adquiere valor real más allá de ese muro del Malecón habanero que la Empresa de Telecomunicaciones, monopolio del Gobierno cubano, marcó como límite de la red wifi, pero en realidad sigue siendo la frontera entre La Habana y el mundo real.

Imprimir

  • Facebook Like:
  • Google Plus One:
  • Tweet:
  • Tumblr:
  • Compartir:

Comentarios 16