Cambio de ciclo en Bolivia

Evo Morales y Gabriela Zapata compartieron en el palco oficial del Carnaval de Oruro 2015. (Redes sociales)
Evo Morales y Gabriela Zapata compartieron en el palco oficial del Carnaval de Oruro 2015. (Redes sociales)

Hasta ahora, Evo Morales ha sido uno de los líderes bolivianos más afortunados: su Gobierno coincidió con el mejor periodo de la economía del país, gracias a los altos precios de las materias primas que este exporta; además, heredó un sistema financiero saneado, logró condonar buena parte de la deuda externa, no sufrió de procesos inflacionarios internacionales serios, y se encaramó sobre la crisis política terminal de los partidos tradicionales y de la élite minera que dominaron Bolivia el último cuarto del siglo XX, por lo que pudo ofrecer estabilidad política y prosperidad al país.

Pero todos los organismos naturales y sociales tienden a la entropía y la caducidad. Hoy, la fortuna de Morales parece estar tornándose adversa: en el último tiempo han estallado dos escándalos que afectaron la credibilidad de su partido y las organizaciones sociales que lo respaldan, y de él mismo. La caída del precio del petróleo anticipa el final de los superávits fiscales y de la balanza de pagos, que determinaron una ampliación del consumo interno que fue clave de la bonanza económica del pasado decenio.

Los países latinoamericanos con los que Bolivia estableciera una alianza izquierdista, llamada bolivariana, o han cambiado de signo político (Argentina) o están en problemas muy serios como para ocuparse de asuntos de política exterior (Brasil, Venezuela y Ecuador). Y, finalmente, el referendo que se celebrará el 21 de febrero para aprobar o rechazar una reforma constitucional que permitiría a Morales presentarse a la presidencia por cuarta vez consecutiva en 2019, será la lid electoral más reñida de todo el tiempo en que el presidente indígena ha conservado la égida política del país.

La fuerza de los opositores a una nueva reelección de Morales se apoya en el malestar, sobre todo de las clases medias, por la corrupción de algunos miembros del Gobierno

Los pronósticos para el referendo indicaban que lo ganaría el "sí" que piden Morales y su partido, pero por primera vez da por un margen estrecho y perdiendo en la mayor parte de las capitales. La fuerza de los opositores a una nueva reelección de Morales se apoya en el malestar, sobre todo de las clases medias, por la corrupción de algunos miembros del Gobierno, involucrados en varios casos escandalosos, siendo el más claro de estos el del Fondo Indígena, una organización financiada con dinero de la exportación de gas, la principal actividad del país, para promover el desarrollo de las comunidades indígenas.

El año pasado se descubrió que los directivos del Fondo, entre los cuales se encontraba Nemesia Achacollo, entonces ministra de Desarrollo Rural y colaboradora cercana de Morales, habían autorizado que se depositara algo menos de 100 millones de dólares en las cuentas personales de los dirigentes rurales, que eran todos ellos militantes del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS). También se descubrió que proyectos del Fondo por al menos 30 millones de dólares pasaban por diferentes clases de problemas, y que al menos un tercio de estos eran fantasma, es decir, inexistentes e inventados para quedarse con el dinero. El escándalo terminó en el encarcelamiento de varios dirigentes, algunos de los cuales habían sido ministros y parlamentarios del MAS, pero aún no se ha investigado a Achacollo, que según la oposición está siendo protegida por el gobierno.

Otra causa del malestar de las clases medias, en especial de las del occidente del país, una zona tradicionalmente izquierdista, es la creciente presión tributaria que ejerce el Estado, necesitado de sostener su multiplicado tamaño en un momento en que prevé recibir menos ingresos directos por la exportación del gas nacionalizado. La dureza del Servicio de Impuestos ha generado un bloqueo de caminos de los transportistas de carga, que pidieron cambiar las leyes tributarias, lo que el gobierno considera imposible. Así que los conflictos de este tipo pueden repetirse en el futuro inmediato.

Finalmente, el malestar se debe al cansancio natural de la sociedad por un gobierno tan prolongado. La gestión del MAS ha roto todos los récords de duración que podían superarse en Bolivia. Además, por el estilo de administración del presidente, no solo este se halla en el poder por más de diez años, sino también varios ministros y otros funcionarios. Al mismo tiempo, el MAS ha estado a cargo de la mayoría de los municipios y sindicatos, y su actuación en estos puestos ha presentado un alto número de problemas de autoritarismo, conflicto y corrupción.

Hay, pues, una sensación de "cambio de ciclo", que se agudizó los pasados días, cuando se involucró directamente a Morales en una supuesta trama de influencias indebidas. El conductor de un programa de televisión, Carlos Valverde, mostró ante cámaras el certificado de nacimiento de un hijo del presidente con Gabriela Zapata, gerente comercial de la empresa china CAMC Engineering, la principal proveedora del Gobierno, con contratos con este por alrededor de 500 millones de dólares. Morales aceptó la relación, pero la circunscribió al lapso 2005-2007, tiempo en el que Zapata era adolescente (ahora tiene 28 años, la mitad de la edad del presidente). Informó también que el hijo que habían tenido entonces falleció. Y negó que hubiera tráfico de influencias, puesto que la chica se convirtió en ejecutiva de CAMC en 2013, cuando según él la relación había acabado y la mayor parte de los contratos con la compañía china ya se habían firmado.

No se sabe cuál será el efecto del llamado "Evo-gate" en la votación del 21 de febrero, porque las encuestas preelectorales ya están prohibidas, pero la oposición confía en que le den los votos que necesitaba para triunfar

Poco después aparecieron en las redes sociales una fotografía de Zapata con Morales en la entrada del carnaval 2015, y otras de esta sola en actos a los que este político asistió, a fin de mostrar que la relación había continuado después de la fecha que el presidente había aceptado, y que por tanto este mintió. En el que hasta ahora es el último capítulo de esta suerte de culebrón, Evo Morales aceptó que la foto era real, pero dijo que se la tomó con la chica por puro protocolo, ya que en ese momento no había reconocido completamente a su antigua pareja.

No se sabe cuál será el efecto del llamado "Evo-gate" en la votación del 21 de febrero, porque las encuestas preelectorales ya están prohibidas, pero la oposición confía en que le den los votos que necesitaba para triunfar. Morales, por su parte, intensificó su campaña, atribuyendo los ataques a un plan urdido por Estados Unidos en contra de su proyecto de conservar el poder. La favorabilidad con que cuenta, que ahora es más clara en el oriente del país, tradicionalmente conservador, se asienta sobre el hecho de que se ha vivido una década de progreso económico, sin grandes conflictos sociales, lo que hace de su gobierno una "rara avis" en la historia nacional.

Si perdiera el referendo, Morales tendría que abandonar el poder en 2020, lo que plantearía a su partido el problema de la sucesión, que no constituye una cuestión menor en sistemas caudillistas como el boliviano.

De una u otra manera, está claro que el gobierno izquierdista tiene hoy más problemas que satisfacciones, y que los bolivianos comienzan a salir del embrujo que representó el programa nacionalista, indianista y redistribuidor de este.

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Nota de la Redacción: este análisis ha sido publicado previamente en la web Infolatam. Lo reproducimos con la autorización del autor.

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