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Un balance por Juan Guaidó

La oposición eliminó la figura de gobierno interino que lideraba Juan Guaidó. (EFE)
Pedro Corzo

07 de mayo 2023 - 15:24

Miami/Siempre se ha dicho que hacer oposición a un régimen de fuerza es particularmente difícil, entre otros factores, por la diversidad de los integrantes, intereses y causas de los que se enfrentan a la autocracia. Sin embargo, Juan Guaidó y los que lo respaldaron marcaron un hito cuando el diputado, hoy fuera de su país, se proclamó en 2019 presidente interino de la República de Venezuela por su condición de líder de la Asamblea Nacional, en sustitución de Nicolás Maduro.

Una decisión constitucional en un país en el que la oposición respeta mucho más la Constitución que el propio Gobierno.

Aquello fue un hito, aunque no pasaba de ser un acto simbólico, porque no hay poder real cuando no se tiene fuerzas para instrumentar las decisiones. Sin embargo, todo parece indicar que los seguidores de la propuesta cifraron esperanzas en la misma y se autoconvencieron de que el Gobierno paralelo, por sí solo, derrocaría la dictadura.

Lo trascendente fue que el Gobierno interino convivió con el despotismo en el propio territorio nacional, sin encerrarse en un santuario protegido, como ha sucedido a través de los tiempos. Eso fue un reto constante para Maduro y sus esbirros, y honró a la genuina oposición venezolana, que nunca había tratado de cohabitar con su enemigo.

El apoyo, dentro y fuera del país, que generó esa oposición organizada, llevó a los autócratas castrochavista a concluir que eliminar a Guaidó

El apoyo, dentro y fuera del país, que generó esa oposición organizada, llevó a los autócratas castrochavista a concluir que eliminar a Guaidó y sus partidarios físicamente tendría consecuencias muy onerosas para su mandato, y aunque el acoso y las amenazas nunca faltaron, los criminales supieron contenerse.

Guaidó actuó siempre con mucha entereza y coraje. No dudo de que haya cometido errores, pero su conducta fue una inspiración para muchos de los que llevamos años haciendo oposición a un régimen totalitario, motivo por el que particularmente lo respeto. Aunque más de un compatriota suyo me ha comentado que le faltó firmeza para separar del Gobierno provisional a algunos trepadores, siempre presentes donde hay bienes.

Es cierto que los resultados no fueron los apetecidos, pero su postura durante la caravana humanitaria que transportaba suministros a la frontera de Colombia y Venezuela, con el respaldo del presidente Iván Duque –nada parecido a las acciones del presidente Gustavo Petro, que lo deportó de su país– determinó que el ex presidente dijera recientemente que Guaidó "se puso del lado de la dictadura, no de los perseguidos políticos, de los que han violado derechos humanos. Y eso lo marca su agenda: cada vez que ha ido a Venezuela, y ha ido varias veces a Venezuela, no ha tenido un minuto en la agenda para reunirse con, por ejemplo, indígenas desplazados por destrucción del Amazonas (...), no ha tenido un minuto en la agenda para víctimas de derechos humanos".

La oposición venezolana ha cifrado sus expectativas de cambio en la gestión electoral, la más prudente, justa y apropiada, pero–desde mi perspectiva– nada viable

El Gobierno interino logró un reconocimiento internacional notable, y hasta que le trasfirieran fondos que hubieran terminado en las arcas de la dictadura, ingrediente, según algunos, que resultó nefasto para la interinatura. Guaidó tal vez hizo poco, según sus críticos, pero sus actos determinaron que decenas de países lo reconocieran y que incluso pudiera designar embajadores en algunos de ellos, situación que tiene pocos precedentes, si es que existen.

Recuerdo que, junto a una delegación de personas comprometidas con la lucha por la democracia en Cuba, presidida por Orlando Gutiérrez, fuimos recibidos por la embajadora designada por Guaidó y la Asamblea Nacional, en la sede diplomática de Caracas en San José, Costa Rica. Varios de los embajadores escogidos por el Gobierno provisional fueron reconocidos en diferentes países y hasta organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos aceptó un representante contrario al régimen castrochavista.

La oposición venezolana ha cifrado sus expectativas de cambio en la gestión electoral, la más prudente, justa y apropiada, pero–desde mi perspectiva– nada viable, por el control que ejerce el régimen sobre el Consejo Nacional Electoral, a lo que se debe sumar el fraccionamiento de la oposición, un proceso natural en una democracia formal, pero nefasto cuando se combate la autocracia.

La partida de Juan Guaidó, como la de cualquier otro que hubiera ocupado su lugar, deja un vacío en el imaginario popular, la cual opino, es vital para atraer al electorado a participar masivamente en los próximos comicios.

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