Cumpleaños feliz
Cajón de sastre
Estados Unidos sigue siendo el principal referente de oportunidad y progreso, a pesar de sus imperfecciones
Miami/Como hombre libre y cubano, me siento felizmente obligado a rendir tributo a esta gran nación en sus 250 años de democracia ininterrumpida, en los que ha forjado una realidad que, a pesar de sus imperfecciones, es un ideal que muchos deseamos para nuestros respectivos pueblos.
En toda la historia de la humanidad ningún país ha fraguado tantos y positivos modelos a seguir como este. Desde el American Way of Life que sugiere un arquetipo cultural y de vida basado en el trabajo duro y la democracia para gestar así condiciones en las que todos podamos alcanzar el éxito, hasta la convicción de que, por muy poderoso que se sea, todos tenemos que cumplir las leyes.
La historia nos ha mostrado que las influencias y el poderío de las naciones tienen un límite. Ningún poder es imperecedero. Sin embargo, el número tan alto de valores y la magnitud de esta nación, junto con el desarrollo científico y su profundo sentido de la solidaridad, sumado a la repercusión global de sus acciones, son factores que integran el legado de los Estados Unidos de América, una herencia sin paralelos en el devenir del tiempo.
Nunca diré que este país es perfecto. He sido crítico de más de una de las decisiones de sus gobernantes. No obstante, tengo el firme convencimiento de que las oportunidades que brinda Estados Unidos para alcanzar una vida honorable y decorosa no se repiten en otro país del orbe.
Es cierto que el sueño americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros lugares solo se viven pesadillas
Es probable, como afirman algunos conocedores, que este país sea superado en pocas décadas por una nueva potencia global en asuntos clave como la economía o el poderío militar. Sin embargo, más allá de las riquezas producidas y la cantidad de portaviones y misiles, el único estado que hasta el momento llena las expectativas de progreso personal, seguridad y derechos de los más desposeídos es Estados Unidos.
Estados Unidos es, para los necesitados, algo similar a lo que fue El Dorado para los conquistadores europeos en América, o lo que para los judíos es la bíblica “tierra que mana leche y miel”, la tierra prometida. Aunque lejos de lo ideal, es la nación que más se aproxima a esos sueños, ya que su sociedad reúne las condiciones precisas para satisfacer las querencias más humanas, un hábitat donde las esperanzas de una vida mejor pueden hacerse realidad.
Es cierto que el sueño americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros lugares solo se viven pesadillas. Las condiciones para andar y construir están a la vera del camino. Simplemente hay que estar dispuesto al esfuerzo y al trabajo, porque la expresión “no hay almuerzo gratis” no es peyorativa hacia esta sociedad, sino la afirmación de que todos estamos obligados a trabajar por nuestro progreso.
Por algo será que son muchos los que buscan dejar atrás los paraísos proletarios. Venezolanos, nicaragüenses, cubanos e incluso chinos tienen como meta este país. Estados Unidos es tal vez la nación más vilipendiada del mundo y en esa campaña participan lamentablemente algunos de sus ciudadanos naturales y adoptivos, al intentar importar propuestas políticas inspiradas en odios y resentimientos que solo han cosechado fracasos donde han sido impuestas.
Es cierto que el sueño americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros lugares solo se viven pesadillas
Muchos de los logros más grandes de la mente humana son cosecha estadounidense, no porque sus naturales sean particularmente sabios, sino porque existe el contexto necesario para que los ilustrados desarrollen su talento. Una cantidad considerable de los avances sociales y humanitarios se han originado aquí, o se han estructurado mejor, por las mismas razones que han hecho posible los progresos científicos.
Los extremos son una amenaza real para cualquier sociedad. No importa la ideología que subyazca en cada tendencia. Esas corrientes solo promueven quebrantar la identidad nacional y destruir los valores sobre los que se sostiene la nación, los cuales, a pesar de sus imperfecciones, son referencia para muchos países.
El fascismo y el comunismo, sin importar cómo se mimeticen, así como los ideológicamente indefinibles "supremacistas" de cualquier raza, son una realidad, no una invención cinematográfica. Todos ellos trabajan duro por el objetivo que comparten, que consiste en destruir los fundamentos de tolerancia, comprensión y respeto a las diferencias que caracterizan a los Estados Unidos.
El honorable Abraham Lincoln dijo en el lejano 1838: “Si la destrucción es nuestro destino, nosotros mismos debemos ser su autor y consumador. Como nación de hombres libres, viviremos para siempre o moriremos por suicidio”, una advertencia para tener en cuenta porque en esta nación siempre han coexistido fuerzas centrífugas que buscan su destrucción. Así que estemos alerta para defender el país que nos da abrigo.