No solo de decálogos vive la disidencia

Hay que agradecer a Elizardo Sánchez Santacruz y a Ariel Hidalgo el manifiesto Diez propuestas para el cambio en Cuba publicado hace unos días, en que, como unos Jonathan Swift del siglo XXI, presentan un catálogo de medidas al régimen cubano y a la disidencia interna que ellos aseguran resolverán los problemas de Cuba.

Lamentablemente, hay mucho de cierto en lo que dicen sobre los abusos del régimen y lo difícil que será para la nueva Administración estadounidense responder positivamente a los pedidos de la Plaza de la Revolución. Prueba de lo correcto de ese análisis son las declaraciones del ex secretario de Estado John Kerry de que, a pesar de las esperanzas y las buenas intenciones del presidente Barack Obama, las reformas que se esperaban no sucedieron en la Isla.

El Gobierno no cumple sus promesas, como saben los cubanos que un día creyeron en los discursos de Fidel Castro y lo que leían en el periódico Granma. El régimen es conocido alrededor del mundo por el incumplimiento de sus obligaciones financieras.

El Gobierno no cumple sus promesas, como saben los cubanos que un día creyeron en los discursos de Fidel Castro y lo que leían en el periódico 'Granma'

A pesar de los miles de millones de dólares perdonados por sus acreedores y las repetidas reestructuraciones de la deuda a través de los años, Cuba no cumple con sus pagos. Rusia acaba de s uspender la mayor parte de sus proyectos con La Habana por la incapacidad de la parte cubana. Los estadounidenses, que aún esperan una explicación por las enfermedades de los diplomáticos, saben que solo el acuerdo de las ventas de alimentos y medicinas a Cuba ha sido satisfactorio: La Habana no le adeuda millones a compañías de EE UU, como sí a compañías europeas y de otros países, porque antes de que los barcos con los pollos congelados salgan del puerto yanqui, los pagos ya tienen que haberse recibido.

En el documento se incurre en una serie de inexactitudes, y sus autores se basan en una falsa equivalencia en sus razonamientos. Por ejemplo, no tiene justificación la equivalencia que ellos plantean entre el bloqueo interno, que no permite a nuestros campesinos criar y vender sus pollos, y el embargo que exige pago por adelantado como garantía de cobrar lo debido.

En cuanto a otras restricciones económicas estadounidenses, no van dirigidas a hacerle daño al pueblo cubano, sino a reducir los recursos del régimen para sufragar las tropas cubanas que, por miles y miles, participan en la represión del pueblo venezolano, la subvención de organizaciones violentas y antiestadounidenses alrededor del mundo, y la opresión en la propia Cuba.

El responsable de los actos de repudio, la separación familiar, el hambre y la tragedia que viven los cubanos es el Partido Comunista, la institución cumbre del país.

Repetir las acusaciones del régimen no las hacen verdaderas. El fracaso o no de la política estadounidense hacia Cuba también puede medirse en que durante los últimos cuatro años el régimen no intentó enviar de contrabando aviones de guerra a Corea del Norte, en violación de las prohibiciones de Naciones Unidas. Y, que se sepa, la Seguridad del Estado no se ha robado un cohete de la OTAN, como ocurrió a finales de la Administración de Obama.

En cuanto a aconsejarle a la disidencia interna que no use "retóricas confrontacionales" para supuestamente conseguir que haya menos represión, lo cierto es que ni Oswaldo Payá, ni Harold Cepero, ni Laura Pollán, ni otros mártires cubanos promovieron la violencia o usaron tales retóricas confrontacionales. Y el régimen los acosó y asesinó por igual.

Es lamentable, porque no es verdad y nada tiene que ver con la situación que vive el país, que los autores digan que la disidencia ya no puede esperar una invasión extranjera como en la época de la Guerra Fría. O que ocurran expediciones contra el régimen, como durante los años en que se entrenaban terroristas de varios continentes en la Isla. Estos ya solo son temas de interés para los historiadores, para compatriotas de cierta edad y para la maquinaria propagandística del régimen.

Hace años, algunos pensaban que para que el régimen les permitiese viajar y dar a conocer las violaciones de los derechos humanos, y para llegar a elementos progresistas estadounidenses, tenían que denunciar el "bloqueo". Otros preferían decir la verdad. Los tiempos han cambiado. Tanto el consejero de seguridad nacional de Joe Biden como el secretario de Estado de Donald Trump han denunciado la represión en contra de los activistas del Movimiento San Isidro.

La disidencia ha demostrado su valentía, dedicación y capacidad. Más allá de consejos, lo que necesitan con urgencia es apoyo material, solidaridad de las democracias alrededor del mundo, de la prensa y los líderes de opinión

En cuanto a que el pueblo cubano ha fracasado y la disidencia se encuentra en un punto muerto, el número en aumento de las protestas, el milagro de cubanos jóvenes que a pesar de toda una vida de adoctrinamiento demandan sus derechos y se niegan a emigrar, las miles de denuncias en las redes sociales y el renacer de la sociedad civil (abolida en su totalidad en 1968), indican que los presos políticos plantados y el movimiento por los derechos humanos iniciado por Ricardo Bofill y Gustavo Arcos, y continuado por el Proyecto Varela y las Damas de Blanco, sí lograron preservar las reservas morales que son imprescindibles para alcanzar la libertad y reconstruir la nación cubana.

Después de algún tiempo en silencio, démosles la bienvenida a estos dos hijos pródigos para que se sumen a la tarea urgente que todos los cubanos encaramos. Hay mucho por hacer en el extranjero. En la Isla, la disidencia ha demostrado su valentía, dedicación y capacidad. Más allá de consejos, lo que necesitan con urgencia es apoyo material, solidaridad de las democracias alrededor del mundo, de la prensa y los líderes de opinión.

Nunca ha estado Cuba más cerca de la libertad. Cuando Ariel Hidalgo y Elizardo Sánchez Santacruz luchaban en Cuba por los derechos humanos, la diáspora los apoyó y confió en ellos. El régimen tiene miedo y la represión aumenta. No abandonemos nosotros ahora a nuestros compatriotas en Cuba.

No solo de decálogos vive la disidencia. La hora de la acción pacífica transformativa hace mucho que está en camino, por donde quiera que camine un cubano. Se llama liberación y está muy cerca. Las heridas a la familia cubana no sanarán mientras nuestro hogar esté ocupado por quienes nos hirieron, hieren y herirán.

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