¿Por qué no voy a la XIII Bienal de La Habana?

Antes de dar mis razones quiero aclarar que admiro el trabajo de los curadores de La Bienal de La Habana y no considero ninguna de mis razones su responsabilidad sino la de las políticas culturales del Ministerio de Cultura. Soy una artista formada por la Bienal de La Habana y quizás por eso lo que sucede me duele más.

No voy a la XIII Bienal de La Habana porque no entiendo la incoherencia de suspender la Bienal en el 2017 para ceder sus recursos a la reconstrucción del huracán Irma – lo que constituyó una postura planteada desde lo estético-ético – y ahora, en el 2019, cuando hace unos meses un tornado devastó en La Habana varias de las zonas más pobres y obreras de la ciudad el Ministerio de Cultura (Mincult) ha decidido que es más importante gastar una buena parte de su presupuesto en promocionar y usar a La Bienal de La Habana para limpiar su imagen internacional ante la campaña contra el decreto-ley 349.

Porque el MINCULT no practica la transparencia institucional. Al preguntar de forma abierta por Twitter al Viceministro de Cultura por el presupuesto de esta edición la respuesta fue una sarta de acusaciones personales sin, por supuesto, responder a la pregunta. Cuando le expliqué que eso era una práctica establecida internacionalmente su respuesta fue el silencio. Ese silencio continúa aún, cuando para el Ministerio de Cultura el apoyo material y promocional al proyecto de un artista se decide no basado en su calidad artística sino en su lealtad al gobierno y en el uso que puedan hacer de ese artista para mejorar la imagen internacional del país. Porque el objetivo de esta Bienal no es promocionar a los artistas cubanos (eso le tocará a cada uno según sus posibilidades) sino que todos vayan entendiendo que el decreto-ley 349 será aplicado sólo sobre quienes sean independientes y hagan preguntas incómodas.

Mi lucha para lograr la libertad de expresión en Cuba y mi defensa de los derechos culturales no se circunscribe a un evento sino a una misión de vida

Porque no pudiera estar en una fiesta compartiendo mis impresiones sobre los méritos artísticos de una obra de La XIII Bienal de La Habana mientras sé que, los estudiantes de medicina congoleses están siendo reprimidos, abusados y encarados a punta de pistola por la policía cubana en las mismas calles que caminamos para ir a ver una exposición y nadie está haciendo nada para evitar o solidarizarse con esto.

No pudiera tomarme un selfie entre amigos mientras sé que, en ese mismo momento, hay artistas presos y constantemente acosados porque son incómodos y no entran en la narrativa oficial de La Bienal creada por el Mincult. No puedo seguir justificando con el eufemismo oficialista “mala obra” cuando en realidad se quiere decir “no me meto en eso porque me va a traer problemas”. No puedo ser cómplice, porque ya se sabe con pruebas irrefutables que la Seguridad del Estado da órdenes al Mincult.

Porque me es incomprensible la doble moral de quienes apoyan las protestas en el Whitney Museum (por tener a un miembro de su consejo que es éticamente inaceptable) o en el Guggenheim (para que no acepte dinero éticamente inaceptable) pero en Cuba justifican actitudes éticamente inaceptables y con tremenda alegría.

Ya nadie es inocente, el que está ciego es porque se sacó sus propios ojos para no ver. ¿A quién le importan las injusticias que existen en Cuba?

Ya nadie es inocente, el que está ciego es porque se sacó sus propios ojos para no ver. ¿A quién le importan las injusticias que existen en Cuba? No a los que visitan La Bienal, Cuba no es su problema, ellos están de paso y han cambiado por fiesta y buen sol su poder para presionar al gobierno cubano para que saque de la cárcel a Luis Manuel Otero Alcántara, a los raperos Pupi y Maykel Osorbo y que dejen de hostigar a Amaury Pacheco, su esposa Iris Ruiz y a sus hijos. La injusticia no puede ser un rumor que circula entre mojitos y la solidaridad en lugares como Cuba no son un pretty slogan Cuba, no es Venecia ni es Kassel, Cuba es un país que reprime la libertad de expresión (sobretodo cuando no hay Bienal).

Porque mi lucha para lograr la libertad de expresión en Cuba, mi defensa de los derechos culturales, lograr el fin del odio político entre cubanos y defender el derecho a manifestarse en las calles no se circunscribe a un evento sino a una misión de vida.

Esta es la bienal donde ya nadie es inocente, esta es la bienal donde cada uno debe actuar según su conciencia. Mi conciencia no me deja ser parte del espectacular proceso de whitewashing en el que ha convertido en Mincult a La Bienal de La Habana.

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