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El marxismo ateo, su quiebre actual

Tanto en el campo material como en el espiritual Marx estuvo discurriendo por caminos equivocados.
Jorge Luis León

30 de agosto 2023 - 18:21

Houston/La dialéctica marxista es coja. Se supone, con toda razón, que las principales ideas expuestas en El manifiesto comunista han quedado anticuadas a día de hoy. De su publicación en 1848 han transcurrido 175 años. ¿Cómo se pretende revivir estas tesis en una situación política tan cambiada? Ese es el enigma incomprendido de los marxistas actuales.

Las tesis de Marx partían de dos elementos: el primero, que el proletariado tenía que ser el protagonista de los cambios revolucionarios, y el segundo, que el capitalismo presentaba una contradicción antagónica entre la burguesía y la clase trabajadora.

Estas ideas, planteadas ya en 1845 en colaboración con Federico Engels, las expuso en La ideología alemana. Sumémosle a esto un factor esencial en su pensamiento: la religión. Según Marx, la religión era "el opio de los pueblos" y por lo tanto había que destruirla. Ninguno de estos elementos resistiría un análisis serio a la luz de la experiencia histórica.

Su propia plataforma ideológica marcaría el destino de su concepción del mundo: el fracaso. Porque, como señaló el padre jesuita Jorge Loring, "una sociedad que vive de espalda a Dios se vuelve contra el hombre".

Por otra parte, la contradicción capital-trabajo según Marx sería el factor clave en la desaparición del capitalismo, argumentando que la avaricia burguesa iría siempre en pos de aumentar la plusvalía en detrimento del salario de los trabajadores y, a un punto determinado, estallaría la revolución. Pero, las cosas tomarían otros derroteros, muy distintos del proyecto marxista.

Es preciso destacar, entre las ideas de Marx, un punto crucial: hay en su supuesta abolición de la propiedad privada un desconocimiento total de la naturaleza humana

Sin embargo, en la contemporaneidad quedó demostrado que los obreros podían llegar a ser propietarios de los medios de producción sin que mediara una revolución. Los salarios subieron en vez de bajar, como anticipó Marx, y el "antagonismo visceral" halló vías para conciliar intereses entre el trabajo y el capital. Así, el obrero pudo comprar su casa, adquirir autos, tomar vacaciones y alejarse del fallido concepto de la lucha de clases. La colaboración entre las clases sociales es hoy una realidad palpable.

Es preciso destacar, entre las ideas de Marx, un punto crucial: hay en su supuesta abolición de la propiedad privada un desconocimiento total de la naturaleza humana, porque ahí donde semejante paso fue dado se instauraron dictaduras que no condujeron al poder al proletariado, sino a una nueva clase: la oligarquía comunista, que en todos lados destruyó el desarrollo. Cuba es un ejemplo de retroceso abismal: el país fue llevado dos siglos más atrás.

Otro factor, más importante aún, echa por la borda toda la teoría marxista: su concepción del mundo y su relación con Dios. Marx era un ateo convencido, pero no aportó ningún elemento convincente sobre la no existencia de Dios. Propuso un contrasentido: el mundo es autocreado, sin que ninguna fuerza trascendente participara en ello.

De hecho esta afirmación descarta tanto la existencia de Dios, como del alma como factor determinante de la vida. Hay razones muy serias desde el punto de vista científico para tomar en serio la hipótesis de la existencia de Dios.

En conclusión: tanto en el campo material como en el espiritual Marx estuvo discurriendo por caminos equivocados. Parafraseando al filósofo, el poeta polaco Czeslaw Milosz afirmó: "El ateísmo es el opio de los infieles". Mientras que Loring sentenció, por su parte: "El cerebro humano, sin alma sería como una bombilla sin electricidad". Lástima que esa verdad escapara a los ojos miopes de Carlos Marx.

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