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Resaca

Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro a su llegada al Estadio Latinoamericano. (Fotograma)
Reinaldo Escobar

23 de marzo 2016 - 18:17

La Habana/El último cierre de calles en La Habana concluyó poco después de que el Air One Force despegara desde el aeropuerto José Martí rumbo a Argentina. El martes en que Barack Obama se despidió de los cubanos algunos mercados agrícolas no pudieron abrir porque los camiones no lograron traspasar las barreras de seguridad con su carga de viandas y vegetales. Miles de personas que fueron movilizadas, oficialmente "invitadas", al estadio Latinoamericano, no terminaron de ver el partido que Cuba perdió 4 a 1 frente a un equipo profesional de Estados Unidos, porque su compromiso era permanecer en las gradas mientras "el yuma en jefe" estuviera presente.

Un profundo suspiro de alivio fue compartido por policías, porteros de hoteles, gobernantes y cuadros del partido. El mundo no se detuvo, la vida sigue igual y "la fiesta continúa". Sin embargo las palabras de Obama en su memorable discurso en el Gran Teatro de La Habana seguirán doliendo en algunos oídos y causando alegría, y esperanza, en otros. Durante mucho tiempo se seguirá comentando el contraste entre el aplomo de Obama y el nerviosismo de Raúl Castro durante la conferencia de prensa posterior a la conversación de casi dos horas que ambos sostuvieron. Para decirlo con un lugar común la estancia del mandatario estadounidense pasará a la historia.

Todavía falta ver las consecuencias. Los metafóricos milímetros que la cúpula gobernante asegura que nunca va a retroceder encontrarán su correspondiente unidad de medida en términos políticos. ¿Cuanto mide, cuanto pesa, un cambio en la Constitución de la República, una nueva Ley electoral, la configuración de un nuevo comité central, una modificación en la ley de inversiones extranjeras, la aceptación de pequeñas y medianas empresas? Si alguna de esas cosas es inferior a un milímetro, cuál sería la dimensión de hacer una apertura en libertad de expresión, o permitir la libre asociación.

Ante cada paso, a partir de ahora, el general presidente se estará preguntando si lo que hace contraría o complace a Barack Obama. La embriaguez ha terminado, la resaca será larga.

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