Tras un breve alumbrón se volvió a ir la luz y llegó el cacerolazo de indignación
Generación Y
La cazuela la tocaron los obreros, empleados oficiales y hasta funcionarios que habitan en esta zona de El Vedado
La Habana/La noche de este jueves, después de 28 horas de apagón y de un breve lapso con electricidad, la gente de mi barrio alcanzó un estado de rabia colectiva al que antes nunca había llegado. La corriente la restablecieron por apenas unos 90 minutos, cuando ya los refrigeradores estaban absolutamente descongelados, el agua del tanque sobre el edificio se había consumido totalmente y el calor había convertido nuestros cuerpos en superficies sucias y sudadas.
Entonces, tras ese breve alumbrón se volvió a ir la luz y llegó el cacerolazo de indignación. Nunca había escuchado a esta zona de Nuevo Vedado, en La Habana, golpear los calderos con tal fuerza, extensión y duración. No pude filmar el coro de la angustia esparciéndose por todos lados porque mi móvil no había logrado resucitar del coma en que lo dejó el anterior corte eléctrico. Pero me basta ahora con recordar esa melodía del enojo social guardada en mi memoria. Escuché el repiquetear, incluso, desde balcones, ventanas y terrazas donde nunca antes había escuchado nada contestatario, ni una palabrota lanzada al viento.
Escuché el repiquetear, incluso, desde balcones, ventanas y terrazas donde nunca antes había escuchado nada contestatario, ni una palabrota lanzada al viento
La cazuela la tocaron los obreros, empleados oficiales y hasta funcionarios que habitan esta parte de la capital cubana. En una barriada de edificios altos, construidos bajo el sistema de microbrigadas y con apartamentos entregados, muchas veces, por méritos laborales y políticos, tenemos desde burócratas que comparten su jornada con ministros y secretarios del Partido Comunista, hasta jubilados que una vez contribuyeron a erigir el aparato represivo que nos subyuga a todos. Ellos también tocaron su cazuela. Escondidos en la oscuridad, sin salir a la calle, sin asomarse al balcón, pero le dieron duro a la lata, machucaron la sartén como si fuera el muro de la Unión Eléctrica o la fachada del Ministerio de Energía y Minas.
Anoche este barrio cambió. ¿Saldrán a la calle a protestar mis vecinos como lo están haciendo en San Miguel del Padrón, Regla, Guanabacoa, Luyanó o Cayo Hueso? No lo descarto, aunque la cercanía geográfica con el Consejo de Estado, el Ministerio de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior puede ser un argumento para que muchos no se atrevan aún a dar ese paso, por temor a una represión más violenta que en otras zonas habaneras. Pero anoche mi barrio sonó, vibró, gritó a través de un cacerolazo extenso, furioso, con momentos de una ansiedad sinfónica que ayudó a perder parte del miedo.