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Agoniza la flamante Casa de las Conservas en La Habana

Menos de dos meses después de su apertura, la tablilla de ofertas del comercio está casi vacía

Al leer la tablilla con las ofertas en La Casa de las Conservas, prácticamente vacía, los transeúntes que pasaban levantaban las cejas. (14ymedio)
Natalia López Moya

03 de noviembre 2021 - 19:11

La Habana/No han pasado dos meses desde su inauguración, pero ya La Casa de las Conservas de La Habana parece la sombra del comercio que abrió sus puertas en septiembre pasado. Pocas ofertas, vidrieras casi vacías y el desánimo de una clientela que creyó que el negocio estatal iba a durar un poco más antes de decaer tan estrepitosamente.

"El problema de este país es que nada tiene fijador", lamenta una usuario del local, en referencia a la característica de un buen perfume de que su aroma permanezca por largas horas. No ha sido el caso de la tienda estatal, ubicada en la calle Ayestarán, entre 19 de Mayo y Néstor Sardiñas, en el municipio de Cerro y donde el Tribuna de La Habana aseguró el pasado 12 de septiembre que "existirá una permanencia de productos" que "serán controlados y regulados".

La Casa de las Conservas no ha podido sostener el pulso de una altísima demanda ni de los vaivenes del suministro, en un país que vive una de sus peores crisis económicas del último medio siglo. Los atractivos productos que estaban al inicio dieron paso a mermeladas y vinagre suministrados por minindustrias y mucho menos valorados por los clientes. Llegaban sin etiquetas, solo tenían pegado un pequeño papel con la descripción del contenido y en envases muy rústicos. La calidad del alimento también dejaba mucho que desear.

Este miércoles, las únicas mercancías a la venta eran una salsa manzanillera y un líquido espeso de "cebolla condimentada", con poca salida entre los compradores

Este miércoles, las únicas mercancías a la venta eran una salsa manzanillera y un líquido espeso de "cebolla condimentada", con poca salida entre los compradores. Al leer la tablilla con las ofertas, prácticamente vacía, los transeúntes que pasaban levantaban las cejas, se encogían de hombros y en muchos casos lanzaban alguna frase contra el mal manejo estatal del comercio.

El desabastecimiento ni siquiera puede adjudicarse al acaparamiento de los clientes, pues desde su inauguración en el local solo se puede adquirir una oferta de cada renglón y escanean el carné de identidad "para que una misma persona no vuelva a comprar hasta dentro de un mes", se quejaba un comprador el pasado 13 de septiembre.

En sus inicios, cuando todavía estaba vigente el toque de queda hasta las cinco de la madrugada, los desesperados compradores se escondían en portales y escaleras cercanas para ser de los primeros en la cola del local. Pero ahora, "ya no vale la pena", confirma una vecina cercana que entonces lamentaba los ruidos de quienes acechaban detrás de los árboles o en los pasillos, pero ahora echa en falta las opciones para poner en el plato que resolvía en la tienda.

"Duró menos que una lata de conservas en mal estado", bromea. "Pero no una lata cualquiera, sino de esas que ya desde que las compras se ve oxidada y sabes que cuando la abras el puré de tomate va a llegar hasta el techo", explica con la añoranza de quien compró en el lugar "productos que no eran de lujo ni de calidad pero ayudaban a estirar una comida".

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