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Cómo ayudar a los pacientes de La Edad de Oro

Una religiosa alimenta a uno de los niños de la Edad de Oro. (14ymedio Archivo)
María Victoria Olavarrieta

02 de mayo 2017 - 17:47

Miami/La Edad de Oro es un hospicio en La Habana que acoge a 200 pacientes encefalopáticos, algunos con retraso mental. Hay ocho niños entre 7 y 15 años; diez adultos mayores de 60 y los demás tienen entre 40 y 50 años. Sólo diez pacientes caminan y comen sin ayuda. De ellos, 50 pueden relacionarse pero me confirma una antigua empleada que de lo que todos entienden es de amor y alegría.

La administración del hogar está a cargo del Ministerio de Salud Pública, con una nueva directora que dicen que es buenísima. Sus trabajadores son personas muy pobres. Esta institución estatal es una de las pocas donde el Gobierno ha permitido la presencia de religiosas.

Mi primer encuentro con los niños de este hogar fue en 1991 en un festival que Sor Marta Calvo, la hermana sirviente (así le llaman a la superiora Las Hijas de la Caridad) me pidió que ayudara a organizar en el Hogar de Ancianos de Paula para invitar a los niños de La Edad de Oro. A todos los pacientes les llaman "niños" sin tener en cuenta la edad que tengan.

Recuerdo que estas monjitas solían ir los domingos a echarle una mano a sus compañeras de La Edad de Oro, el ausentismo de sus empleados los fines de semana era sabido y no alcanzaban brazos para atender a tantos enfermos ni corazón para resistir las precarias condiciones del lugar. En YouTube se pueden ver videos, fotos y artículos.

La administración del hogar está a cargo del Ministerio de Salud Pública, con una nueva directora que dicen que es buenísima. Sus trabajadores son personas muy pobres

En su visita a Cuba en 2015, el papa Francisco celebró las vísperas con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la Catedral de La Habana. Ese domingo de septiembre Radio Paz transmitió en directo todo el encuentro. Mientras escuchaba, mi corazón se alborotó cuando intervino una de las nuevas monjitas que sirve actualmente en La Edad de Oro. Ella hablaba en La Habana y yo lloraba en Miami. Pero cuando emprecé a escuchar sus palabras, que parecían un poema, me di cuenta de que perdía la oportunidad de denunciar la verdad al Papa y al resto del mundo que estaba escuchando en vivo. Ese era el momento de decir lo siguiente:

– Los niños duermen desnudos porque no hay pañales.

– La mayoría de los enfermos están desnutridos.

– No se les puede llevar regalos porque todo se lo roban. No juzgo, porque robar en Cuba es un mecanismo de supervivencia.

– No hay suficiente personal paramédico para cargar, bañar y alimentar a los enfermos. La necesidad de cargadores es urgente. Las monjas ya no pueden más, ya que hay pacientes que, por su elevado peso y condiciones, son muy difíciles de mover.

– El edificio no tiene elevador para trasladar a los enfermos.

– El Gobierno nunca ha aceptado dejar la administración en manos de Las Hijas de la Caridad, a pesar de todas las veces que ellas lo han pedido.

En cuanto terminó la transmisión llamé por teléfono a mi hermana Laura, lloré mi frustración y comprendí que esta monjita no pudo hacer otra cosa. Me toca a mí, que no le debo obediencia más que a Dios, y que ya estoy aprendiendo a vivir en libertad y estoy fuera de Cuba, hablar por ella.

Ahora que tanta gente está yendo a Cuba les propongo a los turistas que visitan La Habana hacer una obra de caridad. No se vayan de la Isla sin llevar unos pañales a los niños de La Edad de Oro, Calzada del Cerro # 1352, por favor. Muñecos de peluche y zapatos plásticos serían muy bien acogidos también.

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