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Las dos colas de la calle Gervasio: sentados para el detergente, de pie para la frutabomba

Mientras unos esperan por horas afuera de las panaderías y de los mercados agrícolas, los otros pueden terminar recibiendo el pan para desayunar cerca del mediodía

Las personas de pie están en una cola para comprar frutabomba y los sentados hacen la fila para llevar detergente. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

17 de febrero 2021 - 21:05

La Habana/Cualquier producto ya puede provocar "una manifestación como un Primero de Mayo", ironizaba este miércoles en Centro Habana un cliente que aguardó por más de dos horas para comprar frutabomba en la calle Gervasio. Frente a esa fila, decenas de vecinos hacían otra, sentados en la acera, para comprar detergente.

En el municipio que desde hace días se ha convertido en el epicentro de la pandemia en la capital cubana, unas cintas amarillas o vallas de metal dividen las zonas con grandes colas de aquellas donde los vecinos deben esperar a que unos mensajeros oficiales les lleven los alimentos hasta la casa, debido a la estricta cuarentena decretada en barrios como Los Sitios. Ninguno envidia la suerte del otro. Mientras unos esperan por horas afuera de las panaderías y de los mercados agrícolas, los otros pueden terminar recibiendo el pan para desayunar cerca del mediodía.

"¿Quién me iba a decir que iba a extrañar las colas? Pero las extraño, porque al menos así podía buscar más opciones, pero aquí es lo que toque"

En los costos de la comida tampoco hay muchas ventajas dentro de las áreas en confinamiento. "Nos han vendido hasta ahora dos tipos de módulos con alimentos. Uno que cuesta 282 pesos y que trae un pedazo de pollo, detergente y dos jabones", detalla desde las cercanías de la calle Rayo una residente en la zona de cuarentena. "El otro módulo cuesta 700 pesos y contiene pollo, picadillo y aceite, pero muchos vecinos no lo han comprado porque no tienen dinero", lamenta. "Solo llevamos tres días en esto y ya estoy contando los centavos".

"Nada de comida a bajo precio y mucho menos gratuita. Además de encerrados nos están cobrando carísimo por lo que nos venden en la puerta y, por otro lado, la distribución es muy lenta. Ayer en mi casa comimos a las diez de la noche porque entre que nos vendieron la comida y que pudimos cocinarla, nos cogieron las mil y quinientas", añade otro vecino que vive en una de las calles perpendiculares a la céntrica avenida Reina. "¿Quién me iba a decir que iba a extrañar las colas? Pero las extraño, porque al menos así podía buscar más opciones, pero aquí es lo que toque".

A pocos metros de su casa y del otro lado de las vallas que delimitan el confinamiento, casi un centenar de personas espera para comprar productos de aseo. Están sentadas una al lado de la otra en los salientes de las escaleras y las entradas de las puertas de las casas. Ya las colas no son lo mismo de antes: ahora toda la ciudad es una larga fila, no importa lo que vendan.

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