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Dos bolsas de comida por seis horas de espera

Los residentes en La Habana tratan de ajustarse al toque de queda y a las nuevas medidas para frenar el repunte de covid-19

La cola en el mercado agrícola de la calle Tulipán era lenta e insufrible este sábado, en los anaqueles solo había pepino, calabaza, boniatos cortados en "juliana" y unas berenjenas. (14ymedio)
Luz Escobar

06 de septiembre 2020 - 16:46

La Habana/A las cinco de la madrugada de este sábado Beatriz Delgado salió a la calle en busca de alimentos para su familia; ya son las dos de la tarde y todavía está de pie en una cola para comprar viandas y algo de vegetales. Su rutina diaria se ha vuelto más difícil con las nuevas restricciones para frenar el repunte de covid-19.

Desde el martes pasado los residentes en La Habana tratan de ajustarse al toque de queda. De siete de la noche a cinco de la mañana la ciudad está desierta, solo se ven policías, bomberos, ambulancias y algunos autos que circulan con un permiso especial. Es un cambio radical si se compara con las madrugadas muy intensas antes de esta prohibición.

"Salía con una amiga mía después de ver la telenovela y marcábamos desde esa hora en un par de colas, a veces sin saber bien para qué. No importaba, porque cualquier cosa hace falta: el champú, el pollo, el picadillo, la pasta de dientes", cuenta Delgado, de 63 años.

"Las colas se armaban desde por la tarde y para coger buenos números no te servía de nada madrugar, así y todo nunca agarramos un número más chiquito que el 60", explica esta habanera para la que el toque de queda significa menos posibilidades de poder llenar la bolsa.

Delgado vive con su hijo, su esposo, la nuera y el nieto pero solo ella puede salir a hacer las compras. "Los dos hombres de la casa son programadores y se pasan en el día en la computadora porque son el sustento económico de la casa. Me toca a mí salir, no hay otra, la esposa de mi hijo está con el niño pequeño que tiene solo tres meses”.

En una de sus bolsas Delgado ya tiene pan, que compró después de esperar 45 minutos, picadillo de pavo que le costó cuatro horas de pie en una cola y en la otra lleva arroz

En una de sus bolsas Delgado ya tiene pan, que compró después de esperar 45 minutos, picadillo de pavo que le costó cuatro horas de pie en una cola y en la otra lleva arroz, comprado en el mercado racionado y para el que tuvo que pagar, además de con dinero, con una hora de su vida.

"Con estas medidas nuevas todo es diferente, hay menos tiempo para las compras porque ya a las cuatro cierra todo y no se puede salir del municipio. Antes hacía un recorrido más grande, Cerro, Centro Habana, Plaza y tenía más posibilidades”, recuerda casi con nostalgia.

No obstante reconoce que con el creciente desabastecimiento “ya desde el mediodía no vale la pena acercarse a una tienda, si no se puede comprar temprano mejor esperar al otro día".

En la cola, a pocos metros de Delgado una mujer comenta un reporte televisivo contra los acaparadores. "Qué insulto cogí, verdad que hay gente que se pasa y otros que hacen negocios, pero los afectados al final somos los de siempre”, protesta la señora por las restricciones para impedir la reventa de productos.

El escaneo del carné de identidad, la prohibición de comprar varias veces en una misma tienda, las elevadas multas y hasta los arrestos contra los sospechosos de querer acaparar intimidan a muchos

El escaneo del carné de identidad, la prohibición de comprar varias veces en una misma tienda, las elevadas multas y hasta los arrestos contra los sospechosos de querer acaparar intimidan a muchos. “Compro porque me toca y lo necesito, tengo el congelador vacío y ahora las posibilidades son menos y estoy obligada a salir casi a diario".

Cuando la mujer termina de quejarse, Delgado mira el reloj y comprueba que lleva más de una hora parada frente a un local del mercado agrícola del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) de la calle Tulipán. Es el único lugar donde quedan productos y solo permiten acceder a tres personas cada vez, lo que hace lenta e insufrible la cola.

Un murmullo de incomodidad se extiende por la fila y varios clientes claman por que se acelere la venta. La empleada responde que "esas son las orientaciones" y que este viernes recibió una multa de 2.000 CUP por permitir que estuvieran cinco personas dentro del local.

"Cuando fui a almorzar ayer vinieron unos inspectores y dijeron que el espacio es muy pequeño y que solo pueden haber tres clientes”, comenta muy molesta la trabajadora. “Tuve que ir esta mañana y pagar la multa, me dijeron que podía apelar y lo voy a hacer porque considero que fue muy injusto".

Poco después se vacía el local y la mujer hace seña para que pasen tres personas más.

Tradicionalmente en ese contenedor climatizado venden los vegetales y viandas en bolsas, limpios y a veces picados. Este sábado en los anaqueles solo había pepino, calabaza, boniatos cortados en juliana y unas berenjenas, Beatriz se lo lleva todo, una bolsa de cada producto. No son tiempos de ponerse a elegir.

"Ahora si me voy para mi casa, con mis dos bolsas llenas, 260 pesos que ya no están y seis horas menos de vida", concluye mientras enrumba los pasos por la calle Tulipán donde todos se apuran para encontrar alimentos antes de que el toque de queda los obligue a quedarse en casa.

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