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Condenados a vivir en edificios de 13 plantas sin ascensor en Matanzas

Vivienda

Hace meses que el elevador no funciona en el Polinesio, y en Las Panaderías tardaron más de dos años para arreglar la avería

Inaugurados en la década de los ochenta, estos edificios de camino a Varadero que un día fueron punto de referencia, son hoy una fuente inagotable de problemas . / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

16 de febrero 2026 - 09:56

Matanzas/Los vecinos de los populares edificios de 13 plantas en Matanzas están agotados. Literalmente, incluso. De los cuatro que hay, tres de ellos tienen actualmente elevadores con graves averías, e incluso algunos llevan años parados y los que quedan en funcionamiento sufren constantes fallas. "Hace meses que no funciona el elevador, y eso que no es tan viejo. Hemos contactado con Vivienda, pero ellos solo nos dan respuestas a medias," comenta una vecina que vive en el piso 11. 

Inaugurados en la década de los ochenta, estos edificios de camino a Varadero que un día fueron punto de referencia, son hoy una fuente inagotable de problemas por la falta de mantenimiento, y afectan a una gran cantidad de familias que sufren la inseguridad y merma en su calidad de vida. 

"Yo estoy operada de cáncer desde hace algunos años y no puedo hacer fuerza. Antes, con el ascensor, a pesar de los apagones, podíamos ajustarnos a los horarios, pero ahora paso semanas sin poder bajar de la casa. A esto se le suma el mal estado de las escaleras, y como yo, hay muchos vecinos de edad avanzada que sufren también. Nadie responde, nadie da una solución", añade la mujer.

"Mi trabajo es difícil, y la falta de respuestas de Vivienda ante los problemas lo hace aún más complicado. Tengo bajo mi responsabilidad 154 apartamentos, además de este”

Dasiel, encargado de la administración del edificio conocido como El Polinesio, también está desesperado por la escasa responsabilidad de las autoridades. "Mi trabajo es difícil, y la falta de respuestas de Vivienda ante los problemas lo hace aún más complicado. Tengo bajo mi responsabilidad 154 apartamentos, además de este”, explica a 14ymedio, aunque, según su descripción, no es ni mucho menos el único. “Como se puede ver en esta zona, al estar cerca del mar, siempre hay viento, y las áreas verdes están llenas de basura que se vuela desde los microvertederos cercanos. También tenemos problemas con los pasamanos y las escaleras, y como ha sido noticia, la fachada del edificio se está desprendiendo justo en el frente”, añade.

El Polinesio tiene un restaurante en su azotea que ahora ha sido arrendado a un negocio particular, lo que ha generado nuevos problemas. “Antiguamente, contaba con su propio ascensor para clientes y carga. Cuando el nuestro se rompía, los vecinos de los pisos altos lo utilizaban, y así se ahorraban varios pisos. No es lo mismo bajar cuatro plantas desde El Polinesio que subir ocho desde la planta baja. Pero ahora, que el restaurante fue arrendado a particulares, estos decidieron no hacer frente a la reparación del ascensor y crearon una pequeña tienda en el lugar. Ahora ni siquiera hay ascensor para los clientes y lo peor es que la mercancía se va a subir por el ascensor de los vecinos”, dice Dasiel, quien teme “respuestas de Vivienda”, que el problema se solucione en los próximos años.

La historia del ascensor de estos edificios no es nueva. Después de más de dos años sin elevador en el 13 plantas de Las Panaderías, como se conoce a otro de estos edificios, y tras la movilización de muchos vecinos, que, incluso se presentaron ante el Consejo de Estado, se logró la instalación de uno nuevo. Casi una década después, la máquina sigue funcionando, pero con fallos regulares debido a los errores iniciales. 

Casi una década después, la máquina sigue funcionando, pero con fallos regulares debido a los errores iniciales. / 14ymedio

"Llevo trabajando en este ascensor desde que lo instalaron. Solo interrumpí mi labor durante la pandemia de covid. Aunque no vivo en el edificio, soy vecino de la zona y sé la diferencia que hace tener o no elevador para los que viven aquí," explica Ramón.

“Con los apagones, la botonera para marcar los pisos tiene problemas, no para hasta el piso 4. Afortunadamente, en los pisos superiores sí, pero al llamar para ver si la podían cambiar, los técnicos informaron de que no había otra disponible. Ramón cuenta que la única brigada que atiende a todos los ascensores de la provincia se pasa la mayor parte del tiempo atendiendo los hoteles de Varadero. “Parece que la comodidad de los extranjeros tiene más prioridad", protesta.

Además, sus condiciones laborales poco tienen que ver con las del paraíso prometido por la Revolución a los trabajadores. "Solo cobro 2.100 pesos y tengo que pasarme turnos de 12 horas dentro del ascensor. Ahora, con los apagones, es peor porque tengo que calcular la hora para no quedarme atrapado dentro. Ya tengo 72 años y me cuesta mucho salir cuando el ascensor se queda parado entre dos pisos. En ocasiones, han tenido que entre varios vecinos ayudarme a salir. Sé que no falta mucho para que no pueda continuar con esta labor, y aunque no es mucho lo que gano, parece un salario simbólico, algo es algo", dice con resignación.

Ramón cuenta que la única brigada que atiende a todos los ascensores de la provincia se pasa la mayor parte del tiempo atendiendo los hoteles de Varadero. “Parece que la comodidad de los extranjeros tiene más prioridad"

La vida en los edificios de 13 plantas continúa siendo una lucha diaria para sus residentes, quienes se enfrentan a una mala planificación de Vivienda, la falta de piezas y la apatía de las autoridades. Además, la idea de llamar a los bomberos para tratar de escapar a una avería inesperada puede ser peor. “Los bomberos son el alivio de las personas que se quedan trabadas, porque su prioridad es sacarlas cuanto antes de ahí, pero son el terror de los mecánicos, que saben que actuarán muchas veces con una fuerza desmesurada y apurados para extraer a los individuos sin ponerse a pensar mucho en el daño que provocarán en el dispositivo”, cuenta una vecina de otro de estos bloques.

“En nuestro edificio –señala– los bomberos rompieron a hachazos, hace semanas, la puerta de madera que daba acceso al cuarto de máquinas de los ascensores, que se ubica en la azotea. En el momento en que llegaron al edificio, la persona que tenía la llave no estaba localizable. El resultado: hasta el día de hoy no hay una puerta que proteja ese cuarto del vandalismo y el robo o de la entrada de personal no autorizado. Algo que pone en riesgo el funcionamiento de los ascensores”, relata. La crisis energética, además, tensa constantemente la maquinaria.

El continuo desastre provoca además que, para ahorrar el esfuerzo de bajar, algunos lancen cestos con sogas desde los balcones; otros, resignados, suben a su propio ritmo, cargando desde muebles hasta balitas de gas, mientras cuentan los escalones que los separan de su hogar. Y esos escalones no hacen distinción entre jóvenes y ancianos, entre sanos y enfermos.

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