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El granizado, la bebida más pobre se vuelve inalcanzable para muchos cubanos

Un vaso de granizado en La Habana está ya a 30 pesos

Si sobre el metal del vehículo se anunciaban 25 pesos por cada vaso recién servido, un papel aclaraba más arriba que el producto había subido cinco pesos más. (14ymedio)
Natalia López Moya

20 de diciembre 2022 - 23:33

La Habana/Primero quita la sed pero después deja con ganas de tomarse otro y otro. El granizado es la bebida más barata que se puede consumir mientras se transita por las calles cubanas, pero en tiempos de inflación hasta este vaso con hielo, agua y sirope ha visto subir su precio hasta colocarse lejos de los bolsillos de quienes solo ganan el salario mínimo cada mes.

Conocido como "raspado" en otros países de América Latina, el granizado cubano ha acompañado a la gente común en las duras y las maduras. Junto al cucurucho de maní, esta bebida azucarada fue el salvavidas durante las largas horas de esperar una guagua, en los amaneceres sin desayuno y hasta en las improvisadas tertulias en el malecón habanero, cuando ni siquiera se tenía dinero para un poco de ron.

Pero aquel trago de la modestia se ha vuelto irreconocible. En solo una década, el granizado ha multiplicado más de diez veces su valor. Si en 2012 un vaso costaba 2 pesos cubanos, ahora ha llegado a los 30, un precio que ha alejado a sus más fieles compradores: jubilados, personas de escasos recursos y adolescentes que no podían costear un refresco gaseado y enlatado.

Con fresa, cola y mantecado como sabores, llamaba la atención que ningún cliente se acercara para refrescar el cálido diciembre con un sorbo frío y azucarado

Frente a la escalinata universitaria en La Habana asomaba este martes en la mañana un carrito de granizado. Con fresa, cola y mantecado como sabores, llamaba la atención que ningún cliente se acercara para refrescar el cálido diciembre con un sorbo frío y azucarado. Si sobre el metal del vehículo se anunciaban 25 pesos por cada vaso recién servido, un papel aclaraba más arriba que el producto había subido cinco pesos más.

En los bancos cercanos decenas de personas hacían una larga fila para los ómnibus que, cada vez más espaciados, doblan desde la calle San Lázaro. En otros tiempos, hubieran aguardado con un granizado por delante, pero la mayoría son ancianos que no tiene una pensión que supere los 2.000 pesos mensuales. Gastar tanto en un extracto colorido que se bebe en tres sorbos es demasiado.

Los vendedores, por su parte, justifican la subida. "A mí nadie me vende nada barato. Cada mañana tengo que levantarme bien temprano y pagar la libra de hielo a lo que esté en la calle ese día". Una bolsa de entre 6 y 7 libras no baja de los 80 pesos y "a eso hay que agregar el sirope y los vasos desechables". Para hacerse con la mayoría de estos ingredientes e insumos resulta obligatorio sumergirse también en el mercado negro.

El granizadero sigue su lista. "Guardar el carrito en un parqueo seguro cada vez me cuesta más, y después las multas que a veces me ponen, porque estoy en una esquina en la que no puedo estar o algún inspector atravesado me quiere sacar dinero. Todo eso suma y suma". Sus cuentas pueden sonar lógicas y desmenuzar el porqué los precios han subido tanto, pero no logran cambiar la decisión de muchos clientes.

La que fuera una bebida de la urgencia, de darse un trago y poder caminar por media hora más, ahora ha engrosado la lista de lo que no se puede pagar, una relación a la que una vez fue a parar la cerveza, el refresco y el agua embotellada.

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