Fallece en Santiago de Cuba la actriz Adela Legrá
Obituario
La protagonista de Manuela y Lucía dejó una huella singular en la cinematografía nacional
La Habana/La intensa mirada de Adela Legrá en Lucía (1968) es una de las imágenes más reconocibles del cine cubano. En la madrugada de este viernes falleció en Santiago de Cuba la actriz que Humberto Solás descubrió a mediados de los años sesenta y que dejó una huella singular en la cinematografía nacional. Al morir tenía 86 años y su nombre quedó ligado de manera definitiva a dos películas esenciales: Manuela (1966) y Lucía.
Humberto Solás la encontró en Baracoa mientras preparaba un mediometraje para un concurso del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica dedicado a las guerrillas. No buscaba una actriz en el sentido habitual de la palabra, ni a alguien capaz de “componer” un personaje. Necesitaba un rostro y un cuerpo que sostuvieran la historia sin filtros, sin gestos aprendidos. Esa misma aspiración sería formulada años después por Robert Bresson, uno de los grandes maestros del cine moderno, en su libro Notas sobre el cinematógrafo (publicado en 1975), cuando escribió: “Lo que busco no es la interpretación, sino la presencia. No actores que representen, sino seres humanos que sean.”
Adela Legrá encarnó esa idea de manera casi literal. Su actuación no partía de la psicología ni del cálculo expresivo. Había en ella algo más directo, más físico. No existía una distancia clara entre la mujer y el personaje: la cámara simplemente la seguía. La rabia, el dolor o la determinación no parecían “actuados”; surgían como parte de un mismo impulso vital. Ella era, en carne propia, la quintaesencia de la campesina cubana.
Su actuación no partía de la psicología ni del cálculo expresivo. Había en ella algo más directo, más físico
Así nació Manuela (1966), un filme rodado con libertad formal, cámara en mano y un método que admitía la improvisación. Allí, Legrá se movía con una naturalidad poco común. Su energía era áspera, a veces desbordada, y su mirada frontal evitaba cualquier complacencia.
Dos años después, Solás la volvió a convocar para el tercer episodio de Lucía. Considerada una de las mejores obras de la historia del cine cubano, un clásico que ha trascendido durante décadas y que aún se estudia.
A lo largo de su trayectoria, Adela Legrá participó en muchas más cintas como Rancheador (1976), El brigadista (1978), Aquella larga noche (1979), Polvo rojo (1981), Miel para Oshún (2001) y Barrio Cuba (2005).
Con su muerte, el cine cubano pierde a una actriz irrepetible. Su mirada sigue, y seguirá, siempre ahí. Su cadáver será velado en las próximas horas en la funeraria El Calvario de Santiago de Cuba, según afirma el medio oficialista Cubadebate.