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Guantánamo vive al ritmo de los apagones

Crisis

La escasez de combustible y los prolongados cortes eléctricos trastocan la alimentación, el estudio, el trabajo y el descanso de miles de familias en la provincia oriental

“Si la ponen es por solo una hora y media, y hay veces que no llegan a la hora". / Captura de pantalla
Dayamí Rojas

27 de junio 2026 - 14:08

Guantánamo/En Guantánamo, el reloj de la vida cotidiana ya no lo marcan las horas sino los apagones. En una de las provincias más afectadas por la crisis energética de toda Cuba, los cortes prolongados son una carga que condiciona cada aspecto de la vida diaria de las familias, obligadas a organizar las comidas, el estudio de los hijos, el trabajo doméstico y incluso el descanso nocturno en función de los breves momentos en que llega la electricidad. 

“La situación de la corriente no es fácil”, resume María Elena Rodríguez, vecina del reparto Caribe. “Si la ponen es por solo una hora y media, y hay veces que no llegan a la hora. Si la ponen a las 3:00 de la tarde, ya a las 3:40 se la están llevando. Así no es fácil, no hay quien viva”.

Guantánamo vive al ritmo de los apagones

En muchos hogares guantanameros, la llegada de la electricidad desencadena una carrera contrarreloj. Hay que cocinar, bombear agua, cargar teléfonos, encender ventiladores y adelantar cualquier tarea pendiente antes de que vuelva el apagón. El tiempo nunca parece suficiente.

“Por la mañana, si te la ponen, es a las 6:30, y ya a las 8:00 no hay corriente”, añade Rodríguez. “¿Cómo uno va a hacer el almuerzo para cuando vengan los niños de la escuela?”. Su pregunta resume una preocupación compartida por miles de padres que intentan mantener una rutina familiar en medio de la incertidumbre.

"No se puede mantener nada en el frío. Por lo menos mi hija, que tiene una nevera, no podía tomar ni agua fría porque no se enfriaba”

La conservación de los alimentos también se ha convertido en un desafío. Los refrigeradores permanecen muchas horas sin funcionar y los productos perecederos corren el riesgo de echarse a perder. En una ciudad donde conseguir comida ya representa un esfuerzo económico considerable, perder lo poco que se logra comprar supone un golpe difícil de asumir.

“Ponen la corriente una hora al día, si acaso”, recuerda Roberto Pérez, residente en el centro urbano. “Entonces no se puede mantener nada en el frío. Por lo menos mi hija, que tiene una nevera, no podía tomar ni agua fría porque no se enfriaba”. Otros vecinos describen lo que viven como los peores momentos de la crisis energética. “Pésimamente. O, si acaso, no llega ni a una hora”, comenta una jubilada consultada por 14ymedio. “Es más el tiempo que uno está a oscuras que con luz”.

Las afectaciones alcanzan también a quienes estudian o trabajan. Las interrupciones eléctricas dificultan el uso de computadoras, limitan la conexión a internet y complican cualquier actividad que dependa de equipos electrónicos. Durante las noches, cuando el calor no da tregua, muchos vecinos sacan los colchones para las azoteas y los portales.

“La situación es grave”, asegura Juan Carlos González, trabajador por cuenta propia. “Ya el país se quedó sin petróleo. No llega un barco de petróleo de ningún país. Entonces los apagones son masivos en todo el país. ¿Y aquí quién resiste eso? ¿Quién va a resistir 24 horas todos los días de apagones?”.

“Para cocinar no hay corriente, no hay balita, no hay nada”

Las explicaciones oficiales tampoco convencen a una parte de la población. “Ahora hablan de refinar más petróleo cubano para usarlo en las termoeléctricas, pero yo me pregunto si eso realmente alcanza para resolver el problema. Parece que no”, comenta González.

La crisis energética se suma además a otros problemas acumulados. La falta de efectivo en los bancos, las dificultades para realizar operaciones financieras y el aumento constante de los precios forman parte de las preocupaciones diarias.

“No es fácil”, lamenta Teresa Matos, residente en el reparto San Justo. “La gente habla y habla porque necesita respuestas. Lo que hace falta es buscar soluciones, porque así no hay quien viva. Ni comida, ni corriente. Hasta cobrar por Transfermóvil es un problema. Te pasan el dinero para la tarjeta, pero después no hay efectivo para sacarlo”.

Ante la falta de electricidad y las dificultades para adquirir gas licuado, muchas familias han tenido que recurrir a métodos tradicionales para preparar los alimentos. En algunos barrios ya es común ver humo saliendo de fogones improvisados en patios y solares.

“Para cocinar no hay corriente, no hay balita, no hay nada”, cuenta Matos. “La gente tiene que cocinar con leña o con carbón”. La imagen se repite en distintos puntos de la ciudad: sacos de carbón almacenados en los portales, ramas secas acumuladas en los patios y ollas colocadas sobre improvisados fogones.

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