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En La Habana la mayoría de las gasolineras ya no despachan

Reportaje

Hasta rellenar una fosforera se ha vuelto una tarea difícil en Cuba debido a la escasez de combustible

"Maduro nos abandonó", le dice una trabajadora de Cupet a un cliente. / 14ymedio
Darío Hernández y Miguel García

11 de enero 2026 - 12:34

La Habana / Holguín/Bajo la sombra irregular de un árbol en un parque de Holguín, Genaro aguarda a que alguien se acerque con una fosforera. La escena se repite desde hace más de una década: una mesa plegable, varios espráis de gas, destornilladores y alicates. Durante años, ese pequeño negocio familiar, rellenar encendedores desechables, les permitió comer. Hoy, sin embargo, la falta de combustible amenaza con apagar también esa llama mínima. "Ahora es más barato comprar una nueva que repararla porque el gas se ha puesto carísimo", dice, mientras ordena las herramientas con un gesto mecánico.

Genaro cobra 100 pesos por cada fosforera que rellena y 50 más si hay que cambiarle la piedra. Hasta hace poco, esa tarifa garantizaba un goteo constante de clientes. Hoy, el flujo se ha reducido drásticamente. "Esto ya no da negocio y si la cosa empeora", advierte, "tendré que buscar otra cosa". Su ocupación, la de rescatar lo que en otros países se tira a la basura, se vuelve inviable en un contexto donde incluso el gas para rellenar encendedores se ha convertido en un lujo.

El problema no se limita a su mesa improvisada. En su casa, explica, se cocina con leña y con gas licuado "cuando aparece". La balita de gas, ese cilindro pequeño que sostiene la vida doméstica de miles de familias, ya cuesta 50.000 pesos cubanos en el mercado informal de Holguín. "Casi no te lo encuentras y cuando alguien te lo propone entonces se puede sentar a pedir, porque la gente está desesperada". En los puntos de venta estatales, el suministro se suspendió hace semanas y no hay fecha para su reanudación.

El corte del suministro petrolero venezolano, tras la captura de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses, ha tensado aún más una cotidianidad ya marcada por la escasez. Lo que ocurre en Caracas se traduce, casi de inmediato, en fogones apagados, negocios paralizados y transporte reducido en Cuba. La dependencia energética de la Isla convierte cualquier sacudida en el país sudamericano en un temblor doméstico.

Nadie se atreve a pronosticar una mejora a corto plazo. / 14ymedio

En La Habana, la situación se refleja en las gasolineras vacías y en las conversaciones que se repiten bajo los techos de la estatal Cupet. En los grupos de Telegram donde se organizan las colas virtuales, el desánimo es palpable. Este sábado, en Habana del Este solo 11 gasolineras ofrecían servicio; otras 10 estaban completamente desabastecidas. En el oeste de la capital, el viernes habían cerrado siete servicentros. Nadie se atreve a pronosticar una mejora a corto plazo.

El mecanismo para comprar gasolina se ha vuelto un laberinto digital. Para aspirar a un turno hay que inscribirse en la aplicación Ticket, introducir el número de carné de identidad, los datos de la circulación y la matrícula del vehículo. Con suerte, la confirmación llega en dos o tres meses. Pero incluso entonces, el resultado puede ser frustrante: el día señalado puede que solo haya gasolina motor o regular, de menor octanaje, inservible para muchos vehículos.

Un recorrido este sábado por varios servicentros de La Habana confirma el panorama. La céntrica gasolinera de G y 25, en El Vedado, amaneció sin combustible. La escena se repite en su vecina de La Rampa. Solo en el Tángana cercano quedaba algo de suministro para quienes aguardaban con un turno de Ticket, y en toda la céntrica zona apenas el local de L y 17 seguía despachando con cierta normalidad.

En La Habana la mayoría de las gasolineras ya no despachan

Bajo el cartel rojo de "Su amigo las 24 horas" en G y 25, tres hombres conversan. Empiezan hablando de la gasolina, pero pronto la charla deriva hacia Caracas, las advertencias de Washington y las declaraciones de Marco Rubio, que insta a La Habana a elegir entre "cambio y colapso". La política internacional se cuela en sus palabras como una explicación más del tanque vacío.

"La jugada está apretada, yo nunca la había visto tan dura", asegura un motorista que se acercó al Cupet solo para confirmar lo evidente. Tiene una planta eléctrica en casa y necesita combustible con urgencia. "Mi madre está encamada con una recaída del chikunguña", cuenta. Con el generador intentan mitigar los apagones que desde hace meses golpean incluso a zonas antes privilegiadas de la capital. "En mi casa nos estamos preparando para lo peor, porque esto solo está empezando".

En los Cupet de Vía Blanca y La Coubre, el despacho se limitaba este sábado a vehículos estatales, lo mismo que en el de la rotonda de La Shell, en Guanabacoa. Rafael, un empresario español radicado temporalmente en Cuba, relató a este diario su recorrido infructuoso por varios servicentros del municipio Playa. "Cuando le pregunté a los empleados, me dijeron que ni idea de cuándo volvería a entrar. Ponen cara de perdidos", resume con frustración.

Una trabajadora fue más directa y, en tono burlón, le lanzó al madrileño una frase que se repite en boca de muchos: "Maduro nos abandonó". En esas cuatro palabras condensó la sensación de orfandad que se extiende tras la ruptura del suministro venezolano. Un temblor en Caracas es un terremoto en La Habana.

"Con esto que pasó en Venezuela no creo que se arregle rápido". / 14ymedio

En el Cerro, Karel y Omar, dos hermanos dedicados al negocio de las mudanzas, han detenido todas sus operaciones. "Teníamos turno para comprar gasolina el miércoles pasado, pero ese día no abastecieron", explican. El viejo camión familiar permanece inmóvil en el garaje, mientras las solicitudes de traslado de muebles y enseres se acumulan sin respuesta. "Con esto que pasó en Venezuela no creo que se arregle rápido", dicen, resignados.

Este domingo temprano, ambos amanecieron pendientes del móvil. Donald Trump ha publicado un mensaje en su red Truth Social instando al régimen cubano a alcanzar "un acuerdo, antes de que sea demasiado tarde". La advertencia fue clara: "¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero!". Para muchos, ese mensaje selló la certeza de que la grave escasez de combustible no será pasajera.

En el malecón habanero, algunos observan el mar con esa misma expectativa. Buscan la silueta de un tanquero que devuelva algo de normalidad. Para un joven que canta boleros y guarachas a los turistas, el colapso definitivo llegará "cuando se apague el Morro". El faro, símbolo y chiste recurrente del éxodo –"el último que apague el Morro"–, se transforma así en una medida del desastre.

Tal vez no haga falta una huida masiva para verlo a oscuras. Basta con que el combustible no llegue. Basta con que la espera se prolongue. Como la de Genaro bajo el árbol, con una fosforera vacía en la mano y la certeza de que, en Cuba, incluso el fuego depende de decisiones tomadas lejos de casa.

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