José Daniel Ferrer: “No vamos a construir una Cuba libre sobre la base de la venganza”

Entrevista

El opositor cubano analiza los retos de una transición democrática, el papel de la oposición y la necesidad de impedir que el castrismo se recicle 

"Hay que poner la Patria por encima de ideologías y ambiciones políticas".
"Hay que poner la Patria por encima de ideologías y ambiciones políticas". / 14ymedio
Yunior García Aguilera

20 de mayo 2026 - 18:12

Madrid/La propaganda del régimen cubano ha intentado durante años sembrar prejuicios contra opositores, activistas y voces críticas. Pocos han sido objeto de una campaña de descrédito tan sostenida como José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu).

Sorprende, sin embargo, encontrarse con este cubano nacido en Palmarito de Cauto (Santiago de Cuba) y descubrir, detrás del relato de persecuciones y mazmorras, un sentido del humor profundamente criollo, una sencillez que contrasta con su altura física y política, una cultura capaz de transitar de los versos de Samaniego y Lope de Vega a la historia de Cuba o de los países de Europa del Este, y una rara capacidad para moverse con naturalidad entre mundos muy distintos: sentarse con diplomáticos y políticos de alto nivel, detenerse en una calle de Madrid para conversar con un cubano que lo reconoce o plantarse frente a los matones del régimen desde una celda de castigo.

Con José Daniel Ferrer conversó 14ymedio en la madrileña Plaza de Santa Ana. Hablamos de la cárcel, de la justicia, del futuro democrático de Cuba y de los desafíos de una transición que, para muchos cubanos, empieza a parecer menos lejana que nunca.

Pregunta. ¿Qué le enseñó la cárcel sobre el tipo de Estado que Cuba no debe volver a tener jamás?

Respuesta. Desde que comencé a defender los derechos humanos y a luchar de manera no violenta por la democratización de Cuba, sabía que estaba cumpliendo con mi deber como cubano. Tenía claro que nos enfrentábamos a una dictadura cruel, que no solo viola los derechos elementales de la persona, sino que desprecia profundamente al cubano.

Cuando fui detenido por primera vez, comprendí que no me había equivocado. La represión contra mí consolidó esa certeza. Cuando en 2003 me condenaron a 25 años de prisión, volví a decirme: “No te equivocaste. Tienes que seguir luchando contra este sistema, porque es lo peor que le puede pasar a Cuba, o a cualquier pueblo”.

La prisión me dejó una enseñanza fundamental: no rendirse nunca. No desmayar nunca. Y aun cuando Cuba sea libre, seguir defendiendo la libertad y la democracia también en otras tierras.

Ese es uno de los grandes retos de la Cuba democrática: lograr que los cubanos tengan igualdad de derechos y de oportunidades, tanto en la capital como en el resto del país.

P. Ha liderado buena parte de su vida desde el Oriente cubano, no desde La Habana ni desde el exilio tradicional. ¿Cómo debería reflejarse esa Cuba oriental, rural, empobrecida y marginada en el diseño de una nueva República?

R. Cuando la Unión Patriótica de Cuba empezó a crecer en La Habana, muchos activistas y amigos me decían: “Vete a vivir a La Habana”. Y me fui. Pero me expulsaban una y otra vez.

La región oriental, y en general toda Cuba fuera de la capital, ha sufrido la miseria de una manera más dura que La Habana. La capital siempre ha tenido algunas ventajas, aunque tampoco hayan sido muchas. Pero cuanto más al Oriente, mayor ha sido la pobreza.

Recuerdo los años 90, cuando muchos jóvenes orientales trataban de irse a La Habana, a Ciego de Ávila para trabajar en la agricultura o a Camagüey para trabajar en el arroz. Buscaban empleo en alguna finca arrocera y luego llevaban arroz a Santiago para venderlo y ganarse unos pesos.

Ese es uno de los grandes retos de la Cuba democrática: lograr que los cubanos tengan igualdad de derechos y de oportunidades, tanto en la capital como en el resto del país.

El primer Gobierno democrático tendrá la responsabilidad de implementar políticas que permitan al Oriente equipararse en desarrollo. Cuba se va a democratizar, y estoy seguro de que será bastante pronto. Luego vendrá la reconstrucción. Veremos al país salir adelante, prosperar y desarrollarse. Pero ese desarrollo debe ser lo más equitativo posible.

Lo que nos ha pasado durante 67 años no volverá a repetirse en la historia de Cuba.
Lo que nos ha pasado durante 67 años no volverá a repetirse en la historia de Cuba. / 14ymedio

P. ¿Qué les diría a los cubanos dentro de la Isla que temen que la oposición pretenda, como ocurrió en 1959, sustituir una dictadura por otra?

R. Que no tienen por qué preocuparse. Lo que nos ha pasado durante 67 años no volverá a repetirse en la historia de Cuba.

Cuando conquistemos nuestros derechos y libertades, cuando recuperemos nuestra República democrática, estoy convencido de que los cubanos vamos a cuidar tanto la libertad que será muy difícil que aparezca otro Fidel Castro, otro Fulgencio Batista como el de 1952 o un Gerardo Machado como el de los años 30.

La libertad –y estamos en una plaza rodeada de nombres insignes de la literatura española–, como dijo Cervantes en El Quijote, es uno de los mayores dones que recibieron los hombres. Después de sufrir la opresión, la miseria y la falta de derechos básicos impuestas por el régimen comunista, vamos a comprender cuánto hay que cuidarla.

Los pueblos de Europa Oriental que vivieron bajo el comunismo son quienes mejor nos entienden. En esta gira por Europa nos resulta muy fácil explicar a polacos, lituanos o checos lo que vive Cuba y la necesidad de que la Unión Europea sea más firme con el régimen cubano.

En cambio, a veces sorprende que franceses, holandeses o belgas no comprendan igual el riesgo de no cuidar la libertad. Parecen no saber el peligro que corren cuando la dan por garantizada.

La libertad cuesta conquistarla. Martí decía que, o uno se decide a comprarla por su precio, o tiene que resignarse a vivir sin ella. Pero una vez conquistada, hay que seguir peleando para no perderla.

Por eso no comparto ese temor. Mi exhortación a los cubanos es que piensen en positivo: si hoy defendemos la conquista de la libertad, mañana sabremos defenderla también.

La economía la destruyeron ellos mismos, y cada apertura la usan para sobrevivir, no para cambiar.
La economía la destruyeron ellos mismos, y cada apertura la usan para sobrevivir, no para cambiar. / 14ymedio

P. Algunos políticos europeos se comportan como la rana de Esopo que montó al alacrán en su espalda: no conocen la naturaleza de las dictaduras.

R. Es una manera muy inteligente de explicarlo. Cuando Barack Obama impulsó, entre 2014 y 2015, su nueva política hacia el régimen cubano, estuve en Estados Unidos y en Europa. En Bruselas, muchos interlocutores de la Unión Europea me decían: “Ahora sí, con esta nueva política estadounidense, Cuba va a avanzar hacia el respeto de los derechos humanos y la democracia”. Yo les respondía: “No va a suceder”. Me decían: “¿Por qué? Habrá más contactos, el Gobierno cubano se verá obligado a respetar un poco más los derechos de los cubanos”. Y yo insistía: “No va a suceder”. Entonces les contaba una historia que había leído hacía años en una vieja edición de Selecciones del Reader’s Digest. Un periodista occidental entrevistaba clandestinamente a un funcionario soviético caído en desgracia y le preguntaba qué pensaba del proceso de distensión entre Occidente y Nikita Jrushchov. El soviético lo miró, sonrió con malicia y le dijo: “Nosotros, los soviéticos, nunca somos sinceros”.

Eso mismo les decía yo sobre el régimen cubano: no confíen. El régimen siempre está negociando algo, buscando ganar tiempo, beneficios económicos y oxígeno político. La economía la destruyeron ellos mismos, y cada apertura la usan para sobrevivir, no para cambiar. Eso intentan ahora: ganar tiempo, esperar que cambien las circunstancias en Estados Unidos, que se compliquen las cosas internamente y que Washington se olvide de Cuba y Venezuela. Pero creo que esta vez ese cálculo les puede salir mal. El sueño les puede terminar en pesadilla.

Con la voluntad de la mayoría podemos hacer que prime la cordura, la justicia y no la revancha

P. Se habla mucho de verdad y justicia para reparar los crímenes de la dictadura, pero también de reconciliación nacional. ¿Cómo se juzga el daño causado sin convertir los tribunales democráticos de mañana en instrumentos de venganza?

R. Es tan complejo como mantenerse completamente vertical sobre una cuerda floja. Garantizar que tendremos una justicia cien por ciento imparcial es un sueño. Yo deseo que sea así, pero una cosa es el deseo y otra lo que pueda ocurrir en la práctica.

Hay que tener presente que el régimen ha sido verdaderamente cruel con muchos cubanos. Ha sido sádico. Desde la lucha por apoderarse de Cuba empleó métodos terroristas. Ejecutaban a cualquiera por una simple denuncia de que podía ser chivato o colaborador de Batista.

Luego, aquellos tribunales revolucionarios cometieron muchos crímenes. Y durante décadas, en las cárceles, también ha habido torturas, humillaciones y tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Por eso será difícil controlar por completo el impulso de venganza que puedan sentir algunos cubanos en una transición. Pero con la voluntad de la mayoría podemos hacer que prime la cordura, la justicia y no la revancha.

No vamos a construir una Cuba fraterna, humana, próspera y civilizada sobre la base de “ojo por ojo y diente por diente”, porque, como ya alguien dijo, terminaríamos todos ciegos y desdentados. Y bastante ciegos hemos tenido ya, y bastantes problemas estomatológicos tenemos en Cuba, como para agravarlos.

Creo que en una Cuba libre y democrática será muy importante el acompañamiento de organizaciones de derechos humanos, actores internacionales, consejeros y expertos, incluso de países que vivieron bajo el comunismo. Los polacos y los checos, por ejemplo, tienen experiencias muy valiosas.

Es preferible que el cambio sea a lo checo. Ahora bien, ¿quién es el principal obstáculo para que el proceso sea ordenado, menos traumático y menos violento? El régimen, que se empeña en mantenerse en el poder a toda costa.

Estados Unidos, más allá de lo que pensemos o queramos, es ahora un actor que decide e impone ciertas reglas en este proceso. Y todavía le está dando una oportunidad a quienes mandan en la tiranía: “Váyanse, incluso conserven lo que ya se han robado, que ha sido demasiado”. Pero parece que no quieren aceptar esa salida, como le ocurrió a Nicolás Maduro.

"No se puede sacar a todos los policías de un día para otro y poner policías nuevos. Eso lleva un proceso"

P. En una Cuba marcada por el aumento del delito y el descrédito de las instituciones represivas, ¿cómo se garantiza el orden público en una transición democrática sin conservar intacto el aparato policial de la dictadura ni provocar un vacío de autoridad?

R. No lo veo imposible, pero no puede hacerse de manera radical ni de golpe. No se puede sacar a todos los policías de un día para otro y poner policías nuevos. Eso lleva un proceso.

En mi opinión, un primer movimiento podría ser sustituir gradualmente a los actuales policías por miembros de las Fuerzas Armadas que acepten asumir la responsabilidad del orden público. No digo que en las FAR no haya corrupción ni complicidad con la tiranía. Claro que la hay. El Ejército está subordinado al Partido Comunista.

Pero la Policía está excesivamente desacreditada y es excesivamente corrupta. Las reglas impuestas por el régimen han hecho que muchos policías, más que velar por el orden, estén preocupados por cómo conseguir comida, ropa o dinero para celebrar el cumpleaños o los quince de sus hijos. ¿Y cómo lo obtienen? Quitándole a la población, dejándose sobornar por quienes tienen negocios o influencia política.

Por eso, en un primer momento, habría que comenzar a sustituir esos cuerpos represivos, muy comprometidos con la corrupción y desacreditados ante el pueblo.

Luego será necesario profesionalizar los cuerpos de seguridad, desideologizarlos y librarlos de la corrupción. Ya hemos oído a cubanos con amplia experiencia en temas de seguridad y orden público en Estados Unidos, como Manuel Morales, jefe de la Policía de Miami, ofrecerse para aportar su experiencia en ese proceso.

"Cuando uno analiza cómo el régimen se mantiene en el poder, descubre que se sostiene con personas que no lo quieren"

P. Tomando en cuenta la experiencia de Venezuela, ¿cree que la oposición cubana cuenta con el respeto y la fuerza suficientes para no quedar al margen de un eventual cambio o transición? 

R. La oposición cubana, con una estructuración efectiva, verdadera unidad en la acción y las coordinaciones necesarias, sería tan poderosa que podríamos alcanzar la libertad de Cuba incluso sin ayuda de Estados Unidos ni de ningún otro actor internacional.

Cuando uno analiza cómo el régimen se mantiene en el poder, descubre que se sostiene con personas que no lo quieren. Cuando conoces al policía, al militar, al funcionario; cuando estableces confianza con ellos y les garantizas que lo que digan no será escuchado por otros, llegas a una conclusión: el régimen no tiene quien lo quiera.

En prisión, por ejemplo, yo fui convenciendo a sargentos, suboficiales, tenientes, capitanes y hasta mayores de que nuestra lucha también era por ellos y por sus familias. Les decía que no había intención de ajustar cuentas ni de verlos como enemigos a quienes perseguir.

Cuando lograba que me entendieran, se convertían en colaboradores. Yo estaba totalmente aislado, pero lo sabía todo. Tenía que hacerme el tonto, fingir que no sabía qué pasaba fuera de la prisión, para que la policía política creyera que el aislamiento funcionaba.

Ellos mismos venían a contarme cosas. Al principio tenían miedo. Me decían: “Hay micrófonos”. Yo les respondía: “Háblame bajito, que no se va a oír. Y aquí dentro ya yo revisé milímetro a milímetro”.

Me decían: “¿Hasta cuándo? No aguanto más. No me alcanza el dinero. No tengo aceite en la casa. Tengo los zapatos rotos. Se me rompió el televisor y no puedo arreglarlo. Me pagan en dinero electrónico y casi no puedo comprar nada. Si quiero convertirlo en efectivo, en el banco me cobran el 20%”.

Cuando estaban conmigo parecían opositores. Pero si venían tres juntos, me miraban con mala cara y decían: “Tú, Ferrer, ¿cómo estás?”. Y yo me moría de la risa por dentro, porque sabía que, cuando venía cada uno por separado, eran pura dulzura y preguntaban: “¿Hasta cuándo, José Daniel? ¿Cuándo se va a acabar esto?”.

"Por eso creo que la posibilidad de un baño de sangre, como el que anuncia Díaz-Canel, es ridícula. No lo quiere el pueblo, pero tampoco lo quieren sus propios militares"

Te cuento esto porque tenemos varias ventajas. En Venezuela, muchos militares estaban más en sintonía con el régimen porque el régimen los priorizó por encima de la sociedad. En Cuba, en cambio, los militares están tan afectados como la mayoría de la población. Los privilegiados son los principales generales, un grupo reducido. La mayoría también quiere que esto termine. Están cansados de apagones, hambre, miseria, crisis del transporte, crisis de salud y falta de medicinas.

Por eso creo que la posibilidad de un baño de sangre, como el que anuncia Díaz-Canel, es ridícula. No lo quiere el pueblo, pero tampoco lo quieren sus propios militares.

Tenemos otra ventaja: Venezuela no tenía un secretario de Estado hijo de venezolano. Nosotros tenemos a Marco Rubio, que lleva muchos años comprometido con la libertad y la democratización de Cuba.

Estoy seguro de que, ocurra lo que ocurra –y va a suceder pronto–, la oposición cubana tendrá un rol protagónico mucho más rápido y efectivo del que hasta ahora ha tenido Venezuela.

Ahora bien, ¿cómo aseguramos que eso ocurra? Con mayor unidad, mayor coordinación y, sobre todo, poniendo la patria por encima de ideologías y ambiciones políticas.

Si algunos intentan usar este momento como campaña electoral de cara al futuro democrático de Cuba, harán daño a la causa. Eso crearía rivalidades y desconfianzas: “Este quiere usar mi sacrificio para beneficiarse políticamente”. Y eso no es bueno.

Podrían sacar a un Carlos Lage, o a otro rostro conocido, y decir: “A este lo apartaron porque quería libertad y democracia”

Este es el momento de recordar a José Manuel Cortina: los partidos fuera; la patria debe ser lo que importe. Cuanto más conversemos, nos conozcamos, nos unamos y actuemos juntos, mayor será nuestra capacidad de participar en el cambio que Cuba necesita.

Necesitamos algo parecido a lo que fue Solidaridad en Polonia, el Congreso Nacional de la India en la lucha por la independencia, el Congreso Nacional Africano en Sudáfrica o aquella coalición chilena donde participaron fuerzas de centroizquierda y centroderecha, socialdemócratas y democristianos, para impulsar el “No” a Pinochet. Ganaron por estrecho margen, pero ganaron porque articularon una campaña muy organizada y muy unida.

Después, en democracia, cada cual sabrá qué alianzas hace y cómo se presenta a las elecciones. Pero incluso entonces habrá que construir alianzas con quienes más se acerquen a nuestros proyectos, porque solos no podremos enfrentar a un enemigo que intentará reciclarse.

P. ¿Cómo podría reciclarse ese enemigo?

R. Podrían sacar a un Carlos Lage, o a otro rostro conocido, y decir: “A este lo apartaron porque quería libertad y democracia”. Podrían convertirlo en su gran candidato y tratar de ganarle las elecciones a una oposición prodemocrática que ha sufrido prisión, tortura, exilio y muerte.

Pero si la oposición no sabe articularse, puede perder. No gana la Serie Mundial de béisbol el equipo que tiene los mejores peloteros, sino el que tiene buenos jugadores y juega verdaderamente en equipo. Eso es lo que tenemos que hacer.

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Este texto se ha hecho en colaboración con Cuba Siglo 21 como parte del proyecto “Cuba: estabilizar y desarrollar”.

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