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La lenta agonía de los supermercados en dólares

La Habana

Dificultades para importar mercancías y apagones golpean a las tiendas creadas por el régimen para captar divisas

Los constantes apagones han convertido estos establecimientos en locales semivacíos y oscuros. / 14ymedio
Natalia López Moya

17 de junio 2026 - 08:45

La Habana/Hace apenas año y medio, las puertas del mercado de 3ra y 70, en los bajos del hotel Grand Muthu Habana, se abrieron con una promesa ambiciosa: captar divisas frescas para rescatar la maltrecha economía cubana y garantizar el abastecimiento de productos básicos. Las imágenes de sus anaqueles repletos, las neveras llenas de carnes importadas y los pasillos iluminados contrastaban con el paisaje habitual de escasez que dominaba la Isla.

Hoy, aquella postal parece un recuerdo lejano.

Los mercados en dólares, que las autoridades presentaron como una solución temporal para recaudar moneda fuerte y sostener otros sectores estratégicos, atraviesan su peor momento desde su creación. El desabastecimiento crónico, las sanciones estadounidenses contra el conglomerado militar Gaesa, la suspensión del uso de tarjetas Visa y Mastercard y los constantes apagones han convertido estos establecimientos en locales semivacíos y oscuros.

La imagen se repite de un extremo a otro de La Habana: estantes con un solo producto repetido varias veces, equipos de refrigeración apagados, trabajadores ociosos y clientes que entran con esperanza pero salen con las manos vacías.

La imagen se repite de un extremo a otro de La Habana: estantes con un solo producto repetido varias veces. / 14ymedio

En La Puntilla, en Miramar, el deterioro es evidente desde la entrada. Amplias zonas del edificio permanecen cerradas al público, el aire acondicionado apenas funciona y la iluminación se mantiene a media máquina para ahorrar energía. La carnicería luce desierta y los estantes de conservas y granos no alcanzan ni un 10% de su capacidad.

Este lunes, apenas unos pocos clientes recorrían el supermercado en silencio. “Vine buscando leche en polvo, salchichas o alguna latica de sardinas, pero no tienen nada de eso”, lamentaba una vecina del barrio mientras guardaba su cartera antes de salir. “Yo nunca había visto esto así tan muerto, está para que lo cierren”.

La escena no es muy diferente en la Plaza de Carlos III, en Centro Habana. El supermercado que ocupaba la planta baja ha quedado reducido a un pequeño local con acceso por la parte trasera del centro comercial y a una tienda en el primer piso. Ambos espacios muestran el mismo síntoma: la falta de mercancías.

“No nos entran cárnicos desde hace varios días”, explicaba un empleado a quienes se acercaban a la improvisada carnicería, donde un par de neveras vacías recuerdan el declive . En la zona de productos no refrigerados apenas sobreviven detergentes, algunas conservas y otros artículos de escasa demanda. “Queda lo que menos salida tiene”, reconocía el trabajador.

En La Mariposa, en Nuevo Vedado, la estampa es aún más desoladora. Bajo la penumbra de un apagón, varios empleados se abanican junto a neveras vacías mientras esperan el regreso de la corriente. El silencio solo se rompe con el sonido de algún despistado cliente que entra para preguntar si tienen pollo o los han surtido con salchichas. La respuesta, invariablemente, es un “no”.

Los cortes de energía han acelerado el deterioro de unos mercados que nunca lograron consolidar un sistema estable de suministro. La situación es especialmente crítica en el supermercado de La Isla de Cuba, uno de los mayores locales dolarizados de la capital, que pasa buena parte del tiempo cerrado por falta de electricidad.

La situación es especialmente crítica en el supermercado de La Isla de Cuba. / 14ymedio

Cuando logra abrir, el panorama tampoco mejora: carnes descongeladas, olor a podrido y estantes donde un mismo producto se multiplica para disimular los huecos que deja la escasez.

Paradójicamente, el mercado de 3ra y 70, emblema de la dolarización, sigue siendo el mejor abastecido de la ciudad. Pero incluso allí la oferta dista mucho de parecerse a la de cualquier supermercado de América Latina donde, además, se paga en moneda nacional.  

Este lunes, la sección de carnicería exhibía salchichas, cuartos de pollo congelados, algunos embutidos de baja calidad y trozos de cerdo. En la zona de frutas apenas quedaban manzanas importadas, algunas visiblemente magulladas. El resto de los anaqueles repetía una combinación monótona de galletas, agua mineral, verduras enlatadas y productos de larga duración.

“Vengo aquí porque es donde único se puede encontrar todavía algo de carne”, cuenta Raydel, un cubano residente en Miami que visita con frecuencia la Isla para ver a su madre. “Hoy mismo recorrimos varias tiendas buscando pechuga de pollo y no encontramos en ninguna. Tampoco hemos podido conseguir mantequilla, aunque tengo dólares en el bolsillo”.

Disponer de divisas ya no garantiza el acceso a productos básicos. / 14ymedio

Su testimonio resume un cambio de paradigma cada vez más evidente: disponer de divisas ya no garantiza el acceso a productos básicos.

En una economía cada vez más dolarizada, la moneda estadounidense circula a un elevadísimo precio –680 pesos este miércoles–, pero los productos son extremadamente limitados en variedad y calidad.

Lo que comenzó como una apuesta para captar divisas y sostener las arcas estatales ha terminado reproduciendo el mismo problema que arrastra el comercio estatal en moneda nacional: largas búsquedas, anaqueles vacíos y una sensación de agotamiento que se extiende desde los consumidores hasta los propios trabajadores.

A las puertas de estos mercados, los clientes ya no comentan qué comprarán. La pregunta que se escucha una y otra vez es mucho más simple: “¿Queda algo?”.

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