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Lluvia para beber, agua contaminada para el día a día

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Desesperación por recoger lo que cae del cielo y hasta una bronca para llenar recipientes con el liquido turbio usado para limpiar módulos industriales

Frente a una vivienda, dos cubos esperan bajo una canaleta mientras el agua de lluvia cae lentamente. / 14ymedio
Juan Diego Rodríguez

06 de agosto 2026 - 15:23

La Habana/La lluvia ya no es solo un alivio para el calor sofocante del verano cubano. En muchos barrios de La Habana se ha convertido en una fuente de abastecimiento. Cubos, pomos y cualquier recipiente disponible aparecen bajo los aleros de las casas cada vez que el cielo amenaza con descargar agua. Para miles de familias, cada aguacero representa una oportunidad de llenar los depósitos que permanecen vacíos durante días.

La escena se repite en Luyanó, en el municipio de Diez de Octubre. Frente a una vivienda, dos cubos esperan bajo una canaleta mientras el agua de lluvia cae lentamente. La imagen resume una crisis que se ha agravado en los últimos meses por el deterioro de las redes hidráulicas, los prolongados apagones que afectan el bombeo y la escasez de combustible para mover los equipos.

Una residente del barrio contó a 14ymedio que su familia permaneció ocho días sin recibir agua por la red pública. Cuando finalmente llegó el servicio, apenas duró unas tres horas: "Después de ocho días sin agua, la pusieron ayer y la quitaron demasiado rápido. Venía muy floja y la gente no pudo almacenar todo lo que necesitaba", explicó.

“Mi hermana tuvo que pagar 1.000 pesos por cinco cubos de agua llevados hasta su vivienda. Cada cubo costó 200 pesos”

La falta de suministro obligó a buscar alternativas mucho más costosas. “Mi hermana tuvo que pagar 1.000 pesos por cinco cubos de agua llevados hasta su vivienda. Cada cubo costó 200 pesos”, añade. La cifra resulta inalcanzable para muchas familias si se tiene en cuenta que el salario mínimo estatal apenas supera los 2.000 pesos mensuales.

Comprar agua ya forma parte del presupuesto cotidiano de numerosos hogares. En los barrios donde el abastecimiento falla durante semanas, proliferan los vendedores particulares que la transportan en triciclos, carretones o vehículos improvisados. El precio cambia según la distancia, la urgencia y la desesperación del cliente.

Pero la escasez sigue empujando los límites de lo imaginable. Otra fuente consultada por este diario relató un episodio ocurrido el lunes pasado en un barrio habanero que ilustra hasta qué punto se ha degradado la situación. Una pequeña empresa privada, ubicada a pocas cuadras de su vivienda, lavaba módulos utilizados para envasar detergente de fregar. Cuando terminó el proceso decidió repartir entre los vecinos el agua empleada en el enjuague.

"Hubo bronca. Bronca por detergente diluido. Bronca por agua de desecho. El colmo de la miseria"

La noticia corrió de boca en boca. En pocos minutos comenzaron a llegar personas con cubos, tanquetas, pomos y cualquier recipiente disponible para llevarse aquella agua usada. Lo que siguió fue una discusión entre quienes intentaban alcanzar un poco del líquido.

"Hubo bronca. Bronca por detergente diluido. Bronca por agua de desecho. El colmo de la miseria", resumió la fuente.

La escena refleja el nivel de deterioro al que ha llegado el acceso a un recurso básico. Ya no se trata únicamente de soportar largos ciclos sin suministro o de pagar precios abusivos por unos litros de agua. También se normaliza el uso de líquidos cuya calidad resulta, como mínimo, cuestionable.

Las autoridades han reconocido en varias ocasiones que el sistema hidráulico nacional atraviesa una situación crítica. Miles de salideros permanecen sin reparar, numerosas estaciones de bombeo funcionan de manera intermitente por falta de electricidad y amplias zonas urbanas dependen de ciclos de distribución cada vez más largos.

Por ahora, las soluciones recaen sobre los propios ciudadanos. Unos instalan tanques adicionales en los techos; otros intentan construir pozos en sus patios. Quienes no pueden costear esas inversiones esperan a los camiones cisterna, pagan a transportistas particulares o simplemente miran al cielo con la esperanza de que llueva.

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