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Paranoia en La Habana: caravanas militares nocturnas, rastras misteriosas y explosiones

Cuba

Carros de Tropas Especiales llevando a soldados con sus chalecos antibalas transitaban anoche por la Vía Blanca

Los ejercicios militares en Cuba se han sucedido con mayor frecuencia desde la captura de Nicolás Maduro en Caracas. / X / Gladys Martínez Verdecia
14ymedio

01 de marzo 2026 - 12:37

La Habana/La escena parecía salida de una película de guerra, de esas que pasan los fines de semana, pero ocurrió en las calles de La Habana, en una de sus arterias más transitadas. “Carros de Tropas Especiales, con soldados de pie, con sus chalecos antibalas”, cuenta a este diario un habanero que fue testigo de la caravana mientras transitaba por la Vía Blanca, este sábado un poco antes de las 10 de la noche. 

“Camionetas vans llenas de militares, patrullas y carros estatales custodiaban una caravana de rastras con el contenido tapado”, añade. La columna dobló luego hacia la Carretera Central. “Me llamó la atención la hora y que, a pesar de ser grande, iban sigilosos, como tratando de pasar desapercibidos”. Según su apreciación, podrían estar trasladando armamento pesado hacia otras provincias, aunque no puede asegurarlo. La opacidad es parte del paisaje.

No fue la única señal. Poco después del amanecer de este domingo, desde la zona de Playa se escucharon detonaciones. “Hoy ya hemos sentido algunas”, asegura un vecino de El Vedado. En una ciudad que ha ido perdiendo el ruido de los almendrones y donde los apagones silencian hasta el murmullo de los ventiladores, el estallido seco de un ejercicio militar irrumpe como recordatorio de que el país vive en permanente estado de alerta.

Cada declaración es amplificada por el aparato propagandístico cubano como prueba de una amenaza inminente

Los últimos meses han sido un almanaque de sobresaltos. La captura en Caracas de Nicolás Maduro durante la operación estadounidense que dejó un mínimo de 32 cubanos muertos –según reconoció el propio Gobierno– sacudió la narrativa oficial. La Habana presentó a los fallecidos como héroes y reactivó con fuerza la doctrina de la “guerra de todo el pueblo”. Desde entonces, los ejercicios militares se han sucedido con mayor frecuencia y visibilidad.

El 18 de febrero, otro hecho elevó la tensión interna: un motín en la prisión de Canaletas, en Ciego de Ávila, dejó varios muertos y numerosos heridos, según familiares de los reclusos. El régimen confirmó “el incidente”, pero evitó precisar el número de víctimas. El silencio oficial volvió a abrir espacio a los rumores.

El 25 de febrero, un nuevo episodio tensó la cuerda con Estados Unidos. Una lancha rápida procedente de Florida fue interceptada cerca de cayo Falcones, en Villa Clara. La versión oficial sostiene que los ocupantes dispararon primero y que la respuesta de los guardafronteras dejó cuatro muertos y seis heridos entre los expedicionarios. Las autoridades hablaron de armas, explosivos y planes de infiltración. Desde Washington llegaron confirmaciones parciales y matices, pero lo cierto es que cuatro compatriotas murieron en aguas nacionales a manos de otros cubanos, un hecho que reaviva heridas históricas.

En ese contexto, el discurso de Donald Trump ha añadido presión al escenario. El mandatario estadounidense ha endurecido el tono hacia La Habana y ha hablado incluso de una eventual “toma amistosa” de la Isla. Cada declaración es amplificada por el aparato propagandístico cubano como prueba de una amenaza inminente.

¿Nos matarán las bombas enemigas o nos seguirá golpeando la escasez, las enfermedades, los derrumbes y la falta de medicinas?

El viernes 27 de febrero, el país celebró el Día Nacional de la Defensa. En varios municipios se realizaron ejercicios de preparación combativa, movilizaciones de milicias y prácticas de las Brigadas de Producción y Defensa. Miguel Díaz-Canel supervisó maniobras en el occidente del país, rodeado de uniformes verde olivo y civiles entrenándose en prácticas de tiro. La retórica insistió en la necesidad de estar listos para “enfrentar y derrotar” cualquier agresión.

Las imágenes mostraban a hombres y mujeres aprendiendo a montar y desmontar armas, repasando planes ante un hipotético enemigo externo. Pero fuera de las cámaras, en las colas del pan y en las paradas de ómnibus, la conversación era otra: ¿estamos realmente al borde de una invasión o asistimos a un nuevo capítulo de la pedagogía del miedo? ¿Nos matarán las bombas enemigas o nos seguirá golpeando la escasez, las enfermedades, los derrumbes y la falta de medicinas?

A miles de kilómetros, los bombardeos en Irán, la muerte del ayatolá Ali Jameneí y la escalada en Oriente Medio completan el paisaje de incertidumbre global. Cada conflicto externo es presentado en Cuba como una pieza más del tablero que amenaza a la Isla. Las rastras que avanzan de noche con su carga cubierta se convierten en la metáfora de un país donde lo esencial permanece oculto. Las detonaciones que resuenan desde el oeste recuerdan que el Estado siempre está listo para la guerra, aunque la batalla más urgente siga siendo contra la escasez y el desencanto.

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