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La subida vertiginosa del dólar complica la aritmética de la supervivencia

Cuba

Las familias van reduciendo sus compras a medida que la moneda nacional pierde valor, mientras los pequeños negocios luchan por no quebrar

Desde una perspectiva empresarial convencional, modificar los precios de forma tan frecuente es un error. En Cuba es supervivencia. / 14ymedio
Julio César Contreras

16 de junio 2026 - 05:48

San José de las Lajas (Mayabeque)/A media mañana, el movimiento en los pequeños comercios privados de San José de las Lajas se parece cada vez más a una escena de incertidumbre compartida. Los clientes entran, preguntan el precio de un producto, sacan cuentas mentalmente y, muchas veces, se marchan con las manos vacías. Del otro lado del mostrador, los vendedores tampoco tienen respuestas definitivas: saben cuánto costaba la mercancía hace una semana, pero no pueden asegurar cuánto valdrá dentro de unos días.

La subida vertiginosa del dólar en el mercado informal cubano ha convertido la compra más sencilla en un ejercicio diario de aritmética doméstica. En un municipio donde, como en el resto del país, los salarios se cobran en pesos mientras buena parte de los productos son importados y pagados en divisas, cada salto del tipo de cambio desencadena una nueva oleada de aumentos de los precios en moneda nacional.

En una cafetería cercana al parque principal, una mujer joven revisa varias veces el contenido de su cartera antes de decidir qué llevarse. Detrás del mostrador, bajo una pizarra con los precios escritos a mano, los dulces y las confituras esperan a unos clientes que cada vez compran menos.

Detrás del mostrador, bajo una pizarra con los precios escritos a mano, los dulces y las confituras esperan a unos clientes que cada vez compran menos. / 14ymedio

“El tubo de mortadella que hace menos de un mes valía 500 pesos, la semana pasada costaba 600 y hoy está en 650. Yo resolvía mucho con eso para la merienda de mis hijos. Sin embargo, todo se ha puesto tan caro que solo les estoy dando un pedacito de pan con lo que encuentre. Eso me parte el alma”, lamenta Yaritza, mientras intenta administrar el dinero que tiene disponible para adquirir lo más urgente.

Madre soltera y auxiliar pedagógica, asegura que ya no sabe a qué mipyme acudir para encontrar aceite o productos cárnicos que no hayan subido al menos 50 pesos en el último mes.

“Al cambio actual mi salario no llega ni a 10 dólares mensuales. Digo esto porque, si bien es cierto que las cosas más básicas siguen estando en pesos, el valor real de los alimentos y los artículos de primera necesidad hay que medirlo en dólares, pues así es como los comerciantes particulares los pagan”.

Aunque se declara mala para las matemáticas, Yaritza domina una operación que millones de cubanos realizan a diario: convertir mentalmente el precio de cada producto al valor de la divisa y compararlo con un salario que pierde poder adquisitivo a gran velocidad.

La situación también golpea a quienes están al frente de los negocios. A pocos metros de una escuela primaria, Abel atiende una cafetería cuya clientela habitual son los niños y sus familiares. Durante años, las confituras fueron una apuesta segura. Ahora, el aumento constante de los precios amenaza la estabilidad de su emprendimiento.

“Hasta ahora siempre he tenido buena rentabilidad, pero las cosas se me están complicando, pues no hay nada peor para el comercio que estarle cambiando el precio a los productos con frecuencia”, explica a 14ymedio.

“Hasta ahora siempre he tenido buena rentabilidad, pero las cosas se me están complicando, pues no hay nada peor para el comercio que estarle cambiando el precio a los productos con frecuencia”. / 14ymedio

Uno de sus productos estrella eran las galletas María. “Los muchachos salían de la escuela corriendo y se llevaban hasta dos o tres paquetes cada uno. Ahora la caja de 24 unidades me dura hasta cinco días o más. ¿Qué pasó? Me he visto forzado a subirles el precio, porque también me lo han subido a mí”.

Abel recuerda que, a principios de este año, con 500 pesos un cliente podía comprar dos paquetes. Hoy, apenas alcanza para uno y sobra un dinero que difícilmente puede gastarse en otro producto. “Estoy tratando de buscar opciones más económicas para no seguir perdiendo clientela. De la cafetería depende el sustento de mi familia”.

En otros comercios del municipio, la preocupación es la misma. Algunos propietarios han optado por revisar semanalmente sus precios para evitar pérdidas derivadas de la depreciación del peso cubano.

“Yo tengo organizado el reabastecimiento de mi kiosco una vez a la semana. Entonces, de acuerdo a cómo se vaya comportando el valor del dólar, le voy subiendo el precio a determinados productos que vendo, para tener garantizada de antemano una ficha de costo que me permita mantener la rentabilidad”, explica Delvys.

El comerciante reconoce que, desde una perspectiva empresarial convencional, modificar los precios de forma tan frecuente es un error. “Pero en la cruda realidad cubana es una vía para no quebrar”. Con una calculadora siempre a mano, Delvys intenta anticiparse a las fluctuaciones del mercado informal.

En la entrada de algunos negocios, los clientes esperan su turno apoyados en los mostradores de madera recién barnizados. / 14ymedio

“Poniéndome en la posición del cliente, entiendo que es complicado comprar un pomo de aceite hoy en 1.300 pesos y que la semana próxima cueste 1.500. La gente se queja y tiene toda la razón”. Pone un ejemplo reciente: la cerveza Cristal, que hace unos días se comercializaba a 350 pesos y ahora ronda los 420. “Si no le subo el precio, ¿con qué dinero la vuelvo a comprar? ¿Cómo les pago a mis empleados y cuál es mi ganancia?”.

En la entrada de algunos negocios, los clientes esperan su turno apoyados en los mostradores de madera recién barnizados. Otros conversan sobre la última cotización del dólar, convertida ya en un tema tan cotidiano como el pronóstico del tiempo o los apagones.

“En esta montaña rusa donde todos le compramos a otros, constantemente estamos a punto de perder dinero”, resume Delvys. “Aquí no hay ganadores”.

En San José de las Lajas, el precio del dólar ya no es solo un dato económico. Es la medida exacta de cuánto puede comer una familia, cuánto dura una mercancía en un estante y cuántas veces habrá que pensarlo antes de llevar cualquier producto a casa.

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