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Sala de Tatuaje de 'La Marca'
Luz Escobar

08 de febrero 2015 - 06:27

La Habana/Dejar una marca sobre el cuerpo, una señal en el arte gráfico y un sello de buen gusto parece el destino del nuevo taller de arte corporal La Marca, que ha abierto sus puertas en la calle Obrapía, en La Habana Vieja.

Entre pomos de tinta y un gran catálogo de posibles diseños, el estudio galería lleva pocos días de inaugurado. Su exposición inicial, bajo el título “Dulce dolor”, recogió una muestra de carteles que inspiraron imágenes que varios clientes se llevaron sobre su piel. En medio de ese ambiente de creación y figuras que brotan de una antebrazo, una pantorrilla o la espalda, 14ymedio ha conversado con Roberto Ramos Mori, Mauro Coca y Leo Canosa, los tres gestores principales de un sitio donde confluyen arte y tatuaje.

Pregunta. ¿De dónde nació la idea de fundar La Marca?

Ramos Mori. Leo y yo veníamos hablando desde hace años de tener un taller, un estudio en el que se trabajara el diseño gráfico aplicado a la piel. Ese sueño se combinó con lo que hice por años al diseñar estampados de camisetas y con un interés de ayudar a desarrollar el diseño gráfico en Cuba. En los últimos años también he estado en contacto directo con la obra de cartelistas a partir de varias exposiciones en las que he participado en la sede del Teatro El Público, en el Trianón.

Leo Canosa. El tatuaje lo necesitaba; mi esposa buscó y buscó hasta que encontró este lugar que nos pareció ideal. El proyecto estaba ya listo esperando por un sitio y creo que me tocaba llevar esto adelante, porque ya son 20 años desde que comencé a tatuar y ahora tengo aquí mi estudio taller. Todavía está de manera muy experimental. Estamos haciendo las cosas poco a poco.

P. ¿Cómo será la programación de exposiciones de este sitio?

Roberto Ramos Mori. La idea es tener una exposición mensual. La gente me ha dicho que es una locura, pero creo que hay bastante potencial. Muchos proyectos interesantes, que tienen que ver con el diseño, sólo están esperando por un espacio donde poder realizarse y justo eso es lo que brindará nuestra galería. Soy el responsable del espacio, pero no quiere decir que tenga obligatoriamente que estar como curador de cada exposición. Mi labor es conectar al artista con personas que puedan ser afines a la temática que se va a trabajar. Por ejemplo, nos gustó la idea de empezar estableciendo una relación entre el cartel y el tatuaje, para hacer ver que el cartel es a la ciudad lo que el tatuaje al cuerpo humano.

Nos gustó la idea de empezar estableciendo una relación entre el cartel y el tatuaje, para hacer ver que el cartel es a la ciudad lo que el tatuaje al cuerpo humano

P. ¿Pretenden dar los primeros pasos hacia una nueva “escuela del tatuaje cubano”?

Roberto Ramos Mori. Hemos querido crear un trabajo en conjunto a partir de la necesidad de los tatuadores en Cuba de imponer su sello personal. Digo personal, por no decir cubano, que suena un poco chovinista. Por eso durante el día inaugural le propusimos a los diseñadores de los carteles de nuestra primera exposición que prepararan lo que se conoce como flash, que no es más que crear bocetos –a partir de sus propias obras– para que fueran tatuables. Tres personas del público pudieron elegir uno de aquellos bocetos para llevárselo –de manera gratuita– sobre su propia piel. Entre los diseños elegidos había uno de Raupa, otro de Nelson Ponce y el tercero de Claudio Sotolongo. En el público que vino ese día se mezcló el circuito de tatuadores con los interesados en las artes visuales, así que de cierta forma confluyeron dos universos.

P. Están ubicados en la aurícula izquierda del corazón del casco histórico habanero ¿Cómo el trabajo de La Marca se inserta en esta comunidad?

Roberto Ramos Mori. Queremos vincularnos al trabajo de la Dirección de Gestión Cultural dentro de la oficina del Historiador de la Ciudad e insertarnos en sus eventos. Para este sábado tenemos un taller para niños sobre grafiti y pintura mural junto a especialistas del gabinete de arqueología. Así los niños podrán ver la evolución del grafiti y también canalizarán sus deseos de pintar las paredes, porque le vamos a dar libertad de hacer una cenefa en nuestra propia galería. Otro evento que tenemos pensado es con los adolescentes, para la semana del 21 de febrero, donde les hablaremos de la importancia de estar seguro a la hora de escoger una imagen para tatuarse. Les explicamos el por qué no hacemos tatuajes a menores de edad ni a personas que no estén seguras de su elección.

Leo Canosa. Sí, eso es importante recalcarlo, que aquí no hacemos tatuajes a menores de 18 años. Hace poco vino un adolescente y nos dijo que podía traer a su mamá para que lo autorizara y yo le respondía que no era posible… aunque viniera con Fidel Castro. Si su madre le permite algo así la irresponsable es ella, porque a esa edad la personalidad se está formando y ninguno sabe a ciencia cierta qué quiere y para nosotros lo más importante es que el cliente este bien seguro de su elección. Incluso en personas adultas que los hemos visto aquí con dudas lo hemos mandado para su casa a pensárselo mejor. No estamos apurados porque un tatuaje es para toda la vida.

Aquí no hacemos tatuajes a menores de 18 años… aunque viniera con Fidel Castro (...) porque un tatuaje es para toda la vida

P. ¿Cómo le ha ido a La Marca en su primera semana?

Leo Canosa. El libro de citas para lograr un turno ya está lleno, pero aquí damos un servicio especializado y yo atiendo como promedio dos personas al día. Trabajo no nos ha faltado.

P. ¿Cuántos años llevan tatuando?

Respuesta de Mauro Coca. Tengo 23 años y en mi caso hace ya diez que hago tatuajes. Empecé desde los 12 años, cuando conocí a un tatuador que trabajaba en pésimas condiciones pero con él aprendí la técnica y me familiaricé con el tema. Por ese entonces me fabriqué mi primera máquina con un motor rotatorio de un juguete con un portaminas y más cosas rusticas, y así fue como empecé a tatuar. Primero con la gente de mi aula que me conocía y muchos estaban locos por hacerse un tatuaje. Mis padres son médicos, así que se encargaron de que yo tuviera bien claro todo el tema de la higiene y la importancia que eso tiene a la hora de hacer este trabajo. Ellos me ayudaron mucho.

P. ¿El tatuaje es trabajo o pasión?

Mauro Coca. En un inicio para mi fue como un juego. Luego fui evolucionando y la pasión se apoderó de mi. Una cosa llevo a la otra y empecé a dibujar mis propios diseños. Por el camino conocí a un tatuador de La Lisa, ya más profesional, que me instruyó. Yo lo ayudaba a limpiar y a dibujar y a cambio me enseñaba. Mi mamá se dio cuenta que la cosa iba en serio y me compró mi primera máquina, criolla aún, pero un poco más profesional. Así que el tatuaje se volvió algo cotidiano en mi vida.

P. ¿Cómo consiguen los materiales para brindar el servicio?

Leo Canosa. Pasamos mucho trabajo para conseguir hasta las servilletas. Casi todo lo tenemos que traer cuando viajamos porque aquí no existe. Luego de estas modificaciones aduanales intenté mandar a pedir un paquete con tintas desde Estados Unidos y me dijeron que solo podía mandar diez colores. ¿Qué artista trabaja con diez colores? Yo con eso no hago nada… me están limitando mi pantone para trabajar. Eso no se le ocurre a nadie. Al final tuve que mandar a pedir cuatro paquetes y me salió el material cuatro veces más caro que lo normal.

P. ¿Qué tipo de apoyo ha recibido el tatuaje a nivel institucional?

Leo Canosa. Nosotros creamos en 1998, cuando Fernando Rojas estaba en la presidencia de la Asociación Hermanos Saíz, el gremio de tatuadores que se llamaba “lienzos vivientes” y todavía el proyecto está vigente. En esa época organizábamos de dos a tres exposiciones cada año pero hacíamos todo con nuestros medios porque la AHS no tenía de donde sacar presupuesto.

P. ¿Cuáles son las imágenes y figuras que más piden los clientes?

Leo Canosa. Los tribales son los que más éxito tienen, después los dragones, las carpas y las panteras. Por eso también inauguramos La Marca, para diversificar las temáticas y las formas.

P. ¿Tres requisitos indispensables a la hora de hacerse un tatuaje?

Leo Canosa. La esterilidad, la profesionalidad del artista y la elección reflexiva de una marca personal antes de colocársela en la piel.

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