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Los trabajadores de los hoteles de lujo de Varadero, principales víctimas del colapso del turismo

Turismo

La crisis ha generado un efecto dominó devastador en los poblados adyacentes

Trabajadores en Varadero esperando transporte para Cárdenas. / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

09 de junio 2026 - 17:02

Varadero/Aunque el azul de sus aguas en este inicio de junio se vuelve más intenso y su arena blanca y fina resplandece bajo el implacable sol tropical, caminar hoy por las calles del enclave turístico de Varadero es una oda a la nostalgia. Lo que antaño fue la gallina de los huevos de oro de la economía cubana, hoy sobrevive como un desierto de promesas rotas para los pocos visitantes que llegan, los residentes marginados y unos trabajadores sumidos en la absoluta precariedad.

La debacle no es nueva, pero ha alcanzado un punto de no retorno. Así lo confirma una trabajadora por cuenta propia mientras esquiva los baches y hace avanzar su mototaxi eléctrico por el asfalto caliente de la península. "Hace cerca de diez años que todo ha ido a peor", relata con la mirada fija en la carretera. "Primero fue la caída en el nivel de los turistas. Lo sé bien porque fui camarera en el hotel Princesa del Mar de Paradisus. En aquella época dorada teníamos muchos clientes canadienses, pero también europeos: alemanes, franceses, italianos y, por supuesto, españoles. Yo aprendí que turistas amables y generosos los hay en cualquier lugar, pero hay mercados mejores que otros para el bolsillo del trabajador".

Según explica la mujer, el cambio de estrategia comercial del Ministerio de Turismo marcó el inicio del fin. "Después llegaron en masa los rusos, mexicanos y argentinos, y con ellos bajó drásticamente el nivel adquisitivo de los trabajadores del sector, porque dejaban pocas propinas. Más tarde llegaron los chinos, y entonces comenzamos a extrañar a los latinoamericanos", comenta con una sonrisa amarga. "No es que sean malas personas, es que su modelo de turismo es diferente; prácticamente no salen del hotel ni consumenfuera". De la noche a la mañana, dice, las ferias de artesanía pasaron de ser puestos de trabajo codiciados a convertirse en la última carta de la baraja.

Playa de Varadero a la altura de la calle 45. / 14ymedio

El covid-19 terminó poniéndole el último clavo al ataúd. "Después de la pandemia, la realidad se volvió insostenible", confiesa la conductora. "Cuando vi que mis ingresos dependían del mercado nacional, decidí salirme. Trabajé en lo que pude hasta que autorizaron las licencias de transporte de pasajeros y mi hija, desde los Estados Unidos, logró comprarme esta moto eléctrica. Así sobrevivo. Cuando transporto a los empleados actuales y escucho sus problemas, que son incontables, sé que di el paso acertado".

La situación descrita en las calles se refleja con exactitud matemática dentro de los propios complejos hoteleros. Amed, un joven que hasta hace unos días se desempeñaba en el hotel Los Delfines, confirma el colapso operativo del turismo. "A mí me propusieron pasar a ser custodio porque cerraron el restaurante del hotel. Ahora solo están dando acceso a la piscina y al lobby, y todo cobrado exclusivamente en dólares", explica visiblemente frustrado.

El descontento de los empleados radica en la desaparición del mercado negro y las propinas, los dos pilares históricos que compensaban los salarios estatales de miseria. "Todos en Cuba saben que en el turismo se vive o de la propina o de los víveres que cada quien logra sacar escondido para revender. Sin clientes en las instalaciones, no hay ni lo uno ni lo otro", lamenta Amed. Además, la dolarización impuesta por la comercializadora estatal ITH ha cerrado la puerta a los propios ciudadanos de la Isla: "ITH ahora solo acepta dólares, así que los hoteles no pueden ofertar nada en pesos al mismo cubano que cobra en esa moneda. ¿Así qué turismo nacional va a haber?".

Caffechino, en Varadero, era el lugar con más afluencia hace un año. / 14ymedio

Para el joven, la decisión de abandonar el sector fue una cuestión de pura supervivencia. "Hoy es mi último día de trabajo. No acepté el puesto de custodio. Si el pasaje de transporte para llegar aquí me cuesta un mínimo de mil pesos diarios ida y vuelta, y puede subir hasta los cuatro mil, ¿cómo voy a trabajar para recibir un sueldo estatal de apenas 4.800 pesos al mes? No hay calculadora en este mundo que cuadre eso", exclama antes de bajar la cabeza y mirar la pantalla de su móvil.

Esta parálisis casi total del turismo ha generado un efecto dominó devastador en los poblados adyacentes a la península de Hicacos, históricamente dependientes de la actividad económica del balneario. Comunidades enteras que se alimentaban del flujo informal de recursos y de los excedentes sustraídos de los hoteles se encuentran hoy totalmente varadas, en medio de la nada y castigadas por la crisis energética generalizada que sufre el país.

"Santa Marta ya no es ni la sombra de lo que era", lamenta una vecina de esta localidad, ubicada tan cerca de Varadero que sus habitantes se consideran parte indisoluble de él. "Las casas de alquiler están cerradas por falta de clientes, los negocios privados que antes eran prósperos caen cada día más en la decadencia, y los precios de la comida están por el cielo porque ahora estamos obligados a morir en las mipymes".

Poblado de Santa Marta, cercano a Varadero. / 14ymedio

La escasez ha transformado incluso las redes de subsistencia familiar. "Lo poco que los trabajadores logran sacar de los hoteles hoy en día es para el consumo de sus propias familias, ya no se vende", detalla la vecina, enfatizando sus palabras con gestos desesperados. "En Santa Marta han pasado generaciones enteras de personas que vivieron toda su vida de revender el ron y las bebidas que les daban o facilitaban los empleados del cayo [nombre informal que dan los matanceros a Varadero]. Ahora han tenido que reinventarse, irse del país o, sencillamente, pasar hambre. En Varadero y Santa Marta no todos somos ricos; hay familias pobres, extremadamente pobres".

A la falta de ingresos se suma el calvario de los apagones. "Lo natural aquí se ha vuelto estar tres días consecutivos sin electricidad, seguidos de apenas dos horas con servicio, para luego volver a pasar tres días a oscuras. Eso destruye los pocos negocios que quedan y liquida la calidad de vida de quienes no tienen miles de dólares para comprar paneles solares. Hoy por hoy, Santa Marta no es muy diferente de un pueblo de campo en Las Tunas", sentencia la mujer.

A pesar de esta severa crisis humanitaria y de infraestructura, las autoridades insistieron en mantener la agenda de entretenimiento político-comercial. Bajo el sello Resonance Musique, durante los pasados días 29, 30 y 31 de mayo, se celebró la inauguración oficial del verano en Varadero. Sin embargo, la festividad terminó convertida en un polvorín social.

El evento estuvo marcado por la desorganización absoluta, una alarmante escasez de ofertas gastronómicas y, peor aún, por graves episodios de violencia física entre los extenuados trabajadores del hotel Resonance (antiguo Fiesta Americana, Sandals) y los clientes insatisfechos. "No valió la pena en absoluto", asegura Rangel, un ciudadano cubano que viajó desde la capital con su familia. "Para nosotros representa el sacrificio de todo un año guardar dinero para poder venir. La fiesta fue un desastre total; lo único rescatable es la playa y la tranquilidad, dos cosas que no tenemos allá en Centro Habana".

Rangel enumera los atropellos logísticos sin titubear: "Llegamos al hotel a las 11:00 de la mañana y no nos entregaron la habitación hasta las 9:00 de la noche. El servicio general y la comida fueron pésimos. Y lo peor fue la fiesta: uno trata de divertirse porque ya gastó el dinero, pero los artistas se presentaron por cumplir y el sonido estaba terrible. Al inicio del verano no regreso jamás".

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