Las editoriales agonizan en Cuba, en contraste con la abundante producción literaria de la diáspora
Libros de marzo
En la Isla, las imprentas siguen paralizadas por la falta de electricidad, papel y recursos
La Habana/La crisis energética, que ha paralizado imprentas, suspendido presentaciones y reducido las tiradas a cifras simbólicas, ha dejado vacías muchas editoriales provinciales y ha convertido la publicación de un libro en un acontecimiento excepcional en Cuba. En ese panorama de apagones y escasez de papel, el mapa literario del mes de marzo se dibujó, sobre todo, desde el exilio y la diáspora.
En La Habana, editores y correctores describen una rutina marcada por la incertidumbre. Las interrupciones eléctricas obligan a detener el trabajo durante horas, los equipos informáticos sufren averías frecuentes y los talleres de impresión apenas logran completar los compromisos más urgentes. A esa precariedad se suma la falta de transporte y de combustible, lo que dificulta la distribución de los pocos ejemplares que logran salir de las máquinas. Así, el libro impreso en la Isla se ha convertido en un objeto cada vez más escaso.
Mientras tanto, en otros escenarios culturales se anunciaron novedades que mantienen viva la discusión sobre la identidad cubana y su legado intelectual. Uno de los títulos más comentados en marzo fue El Monte’s New Itineraries, del investigador Alberto Sosa, presentado como el primer volumen dedicado por completo al estudio de El Monte (1954), de la autora y etnógrafa cubana Lydia Cabrera.
Considerado uno de los textos más influyentes de la historia cultural del Caribe, el libro de Cabrera entrelaza etnobotánica, oralidad popular y tradiciones afrocubanas, y ha ejercido una notable influencia en disciplinas tan diversas como la antropología, el teatro e incluso la literatura de ciencia ficción en la región. La obra de Sosa se propone examinar ese legado desde una perspectiva contemporánea y resaltando su vigencia en prácticas espirituales y medicinales del Caribe hispano.
La nueva obra de Obejas “desarma el mito y lo vuelve carne”, al situar a sus personajes en escenarios reconocibles de La Habana
Otra publicación relevante del mes fue Humo y otros cuentos, de la escritora y traductora cubanoamericana Achy Obejas. El volumen reúne relatos que exploran la memoria, el deseo y la violencia desde una mirada íntima y urbana. Según la novelista y ensayista puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, la nueva obra de Obejas “desarma el mito y lo vuelve carne”, al situar a sus personajes en escenarios reconocibles de La Habana, Los Sitios, El Vedado y La Habana Vieja, donde la ciudad deja de ser un simple telón de fondo para convertirse en una fuerza que modela las decisiones y los silencios de quienes la habitan. En estos relatos, el exilio aparece como una experiencia emocional y narrativa que se reescribe constantemente, una herida que se abre y se cierra con cada recuerdo.
En el ámbito de la poesía, marzo estuvo marcado por el anuncio de un proyecto editorial que apunta a rescatar voces silenciadas. La poeta Katherine Bisquet informó que trabaja en la selección de autores para la antología Poemas escritos en la cárcel. Desde los primeros presos de Castro hasta la Primavera Negra, un libro en proceso que busca visibilizar la producción literaria de prisioneros políticos cubanos. El objetivo de la obra es reunir textos escritos en condiciones de encierro y censura, donde la escritura se convirtió en una forma de resistencia y en un espacio simbólico de libertad. La iniciativa ha despertado interés entre organizaciones culturales y defensores de derechos humanos, que ven en la poesía una herramienta para preservar la memoria de la represión.
Orlando Luis Pardo Lazo presentó su libro 'Olvidos y obituarios', un volumen que recoge crónicas y textos breves caracterizados por su estilo experimental y provocador
También en marzo, en Madrid, el escritor y fotógrafo Orlando Luis Pardo Lazo presentó su libro Olvidos y obituarios, un volumen que recoge crónicas y textos breves caracterizados por su estilo experimental y provocador. Su prosa, definida por el propio autor como un “vocubalario”, combina juegos de palabras, humor irreverente y referencias culturales que dialogan con la tradición literaria cubana. Para el ensayista Miguel Correa, estas páginas encarnan el discurso de quienes han sido marginados por la narrativa oficial, mientras que el crítico Gustavo Pérez Firmat ha señalado que, detrás de las piruetas lingüísticas, se percibe “una tristeza que raya en la desesperación”.
El contraste entre esa vitalidad creativa en el exterior y la parálisis editorial dentro de la Isla se hizo evidente el pasado 31 de marzo, durante la conmemoración oficial del Día del Libro Cubano. La ceremonia, celebrada en el Memorial José Martí de La Habana, tuvo un tono más político que cultural. En el acto se evocó la creación de la Imprenta Nacional en 1959, pero el discurso principal estuvo a cargo de Michel Torres Corona, director del Grupo Editorial Nuevo Milenio y conductor del programa televisivo Con Filo, quien convirtió la jornada en un ejercicio de reafirmación ideológica ante funcionarios del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista y del Ministerio de Cultura.
Lejos de ser una fiesta para los lectores, la celebración dejó la sensación de un sector cultural atrapado entre la escasez material y el servilismo político. Librerías con estantes vacíos, ferias suspendidas por falta de electricidad y editoriales que apenas trabajan componen el panorama actual de la industria del libro en Cuba.