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Un cisne en la memoria

El Museo Nacional de la Danza recuerda a la bailarina rusa Anna Pávlova

Anna Pávlova.
Zunilda Mata

12 de marzo 2015 - 06:55

La Habana/Cuando Anna Pávlova interpretó en 1915 La muerte del cisne en un teatro habanero, el público quedó impactado por su maestría y los periódicos le dedicaron frases como "regalo de los dioses que desean cegarnos con su rayo divino" o "milagro artístico". Ese momento inolvidable será recordado desde hoy jueves con la inauguración de una muestra de documentos relacionados con la vida y labor artística de la bailarina rusa en el Museo Nacional de la Danza de Cuba.

La exposición se enmarca en las celebraciones por el centenario de la primera gira de la danzarina por nuestro país e incluirá desde parte del vestuario original que utilizó en algunas de sus obras, hasta esculturas, óleos y programas autografiados por la diva. Quienes se acerquen hasta la sede del museo, en la esquina de Línea y G en el Vedado, podrán apreciar también las revistas y publicaciones de la época que elevaron a Pávlova a la categoría de ser divino.

Este viernes, el Ministerio de Comunicaciones de Cuba pondrá en circulación un sello postal en homenaje a la importante bailarina. El objetivo de estas distinciones es recordar aquel momento cúspide en el que su arte fue ovacionado en La Habana, Matanzas, Cienfuegos y Santiago de Cuba.

En aquella primera gira, Pávlova incluyó también en su programa el fragmento La noche de Walpurgis, de la ópera de Charles Gounod Fausto, La bachanalia del otoño, del ballet Las estaciones del año, de Alexander Glazunov y su inigualable La muerte del cisne, por el que fue aclamada hasta el delirio.

La bailarina ofreció varios espectáculos con entradas a precio rebajados, lo cual permitió que personas de ingresos modestos pudieran acudir a los teatros a disfrutar de su danza. Después de esa primera gira, regresó en 1917, cuando interpretó los ballet Giselle y La flauta mágica. Su tercer viaje a la Isla fue en 1919 y en ese periplo bailó también La bella durmiente. Sus actuaciones fueron de una técnica tan acabada que la escritora Renée Méndez Capote al verla sobre el escenario la catalogó como "un ser de otro mundo".

En su agonía final, la artista pidió: “Tráiganme el traje del cisne”

La maestría de Pávlova le venía de su fuerza de voluntad, de su excelente condición física y de una estricta formación en el Ballet Imperial de San Petersburgo, compañía en la cual llegó a primera figura en 1906. También se destacó con la misma categoría en el Ballet Ruso de Diaghilev, uno de los conjuntos danzarios más reconocidos de la primera mitad del siglo veinte.

Su talento la llevó a crear su propia compañía con la que emprendió numerosas giras para llevar la danza clásica a diversas partes del mundo. En uno de esos viajes llegó a Cuba donde dejó hondamente impresionada a la comunidad artística y cultural de la Isla.

El coreógrafo Michel Fokine creó para Pávlova la miniatura coreográfica La muerte del cisne, una imagen poética donde ese ser que agoniza fue espléndidamente interpretado por la danzante.

Durante una gira por los Países Bajos, la mítica artista contrajo una neumonía y murió el 23 de enero de 1931, ocho días antes de cumplir su medio siglo de vida. En su agonía final, la artista pidió: "Tráiganme el traje del cisne", aquella interpretación que la inmortalizó.

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