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En cualquiera de nosotros duerme un chef

El libro de recetas de Verónica Cervera 'La cocina de Vero', publicado por la editorial Anaya.
Zunilda Mata

09 de noviembre 2015 - 10:32

La Habana/Desde niños nos hacen creer que algunos nacen con el don de la cocina y otros no. Nos advierten de que hay quienes llegan a este mundo con el talento de mezclar ingredientes y los demás debemos conformarnos con recalentar, quemar la tortilla en la sartén y suspirar porque en la próxima reencarnación nos toque el dedo culinario.

Sin embargo, nunca es tarde para romper con la fatalidad de ser un simple salcochador de huevos. El libro de Verónica Cervera, La cocina cubana de Vero. 100 deliciosas recetas, podría ayudarnos en ese empeño. Los autores de los platos compilados en el volumen son personas tan variadas y dedicadas a múltiples profesiones que insufla esperanzas al transmitir la impresión de que el cromosoma que nos convertiría en un buen gastronómico no es tan raro como nos han hecho creer.

Vero se arriesga a adentrarse en la cocina cubana a partir de sus protagonistas y sus más frecuentes comensales. Recoge atrevimientos culinarios de Miguel Ángel Almodóvar, Paquito D'Rivera, Abilio Estévez, Orlando Jiménez Leal y Carlos Alberto Montaner a los que suma las recetas escritas por Boris Larramendi, Tony Oliva, Zoe Plasencia, Gilda Santana, Rosario Suárez Charín y Eugenio Tuya.

Una rica herencia cultural, fundamentalmente española, africana, china y francesa, se muestra en este volumen, pero vista a través de quienes la han adaptado a sus gustos y posibilidades. En sus páginas está desde el lechón asado hasta la ropa vieja, pasando por los moros y cristianos. Estos platos son tan representativos de nuestra nacionalidad como distorsionados en innumerables restaurantes del mundo, locales en los que muchas veces le cuelgan el cartel de "cubano" a combinaciones que jamás se han visto en esta tierra.

Entre los grandes aciertos del libro está su voluntad de transitar por la cocina nacional no sólo desde la tradición nacida en el país, sino desde la visión del exilio. La diáspora en la mayoría de las ocasiones ha conservado fielmente los libros de recetas de las abuelas, donde un ajo es un ajo, el tomate no se sustituye con colorantes y el Período Especial nunca llegó para decir que el bistec de res se hace con cáscara de toronja.

Entre los grandes aciertos del libro está su voluntad de transitar por la cocina nacional no sólo desde la tradición nacida en el país, sino desde la visión del exilio

Se trata también del primer volumen sobre cocina cubana completamente ilustrado que se publica en España, de donde vienen muchas de las raíces culinarias que después fueron adaptadas a nuestro atrevido ajiaco tropical. La compilación llega de la mano de una cubana que vive desde hace 21 años en Miami y se define como alguien que adora la comida y los viajes y siempre está probando y desarrollando nuevos platos. La autora hace una aclaración importante: "Todas mis recetas son caseras y han sido probadas antes de ser publicadas".

Para hacerse agua la boca, para dejar de leer y correr para la cocina, son las páginas en las que se enseña a hacer los tamales, el fufú, el sándwich cubano, el quimbombó, los pastelitos de guayaba o el mundialmente conocido mojito.

Este libro es sólo un paso más en la pasión de la autora por la cocina de su tierra, un amor que ya había hecho notar en su blog La cocina de Vero, que desde la otra orilla del estrecho de Florida ha rescatado muchas de esas delicias olvidadas por aquí.

En su bitácora, la inquieta bloguera ha celebrado la salida del libro con una receta cubanísima de yuca con mojo. La autora aclara: "Han sido casi dos años de trabajo duro y días interminables, pero pronto podremos disfrutarlo juntos". Su frase tiene el dejo de esos gritos que nos lanzaba nuestra madre cuando éramos pequeños de "¡La mesa está servida! ¡A comer!".

La cocina cubana de Vero será para los lectores dentro de la Isla un viaje por las añoranzas, una especie de terapia de hipnosis a partir de los olores y los sabores, de la que regresaremos con la remembranza de que alguna vez probamos algo así. Pero sobre todo, después de la lectura, tendremos la impresión de que podemos hacer cualquiera de esos platos, aunque nos falten la mitad de los ingredientes, porque habremos descubierto que cocinar bien no es un don, sino una pasión: la buena sazón no se hereda, sino que se labra.

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