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Lizt Alfonso: La danza enseña a los niños a tener objetivos en la vida

La compañía Lizt Alfonso en 'Té Bailable'. (LIZT ALFONSO)
Soledad Álvarez

18 de noviembre 2014 - 18:35

La Habana/(EFE).- Con tan solo cuatro años Lizt Alfonso decidió que su vida era la danza. Su vocación la llevó a fundar su propia compañía, una de las más prestigiosas de Cuba, en la que todos los años se forman más de mil niños y jóvenes que, además de bailar, aprenden a tener objetivos en la vida.

Esta coreógrafa y bailarina cubana fundó en 1991, cuando tenía 23 años, el Ballet Lizt Alfonso, una compañía que ha recorrido el mundo con su fusión de estilos, pero que además desarrolla una importante labor enfocada a la infancia y la juventud. Desde hace 22 años organiza anualmente los llamados Talleres Vocacionales para niños y adolescentes y en el año 2002 creó un Ballet Infantil y Juvenil. Por esa labor, Lizt Alfonso fue designada en el año 2011 Embajadora de Buena Voluntad de Unicef y ahora es una de las protagonistas de la campaña 25 líderes, 25 voces por la infancia, dirigida a divulgar la importancia de la Convención sobre los Derechos del niño, que cumple un cuarto de siglo este mes.

PREGUNTA. Recibió su primera clase de ballet a los cuatro años. A los nueve ya creaba coreografías. ¿Cómo influyó en su infancia esa vocación tan temprana?

RESPUESTA. A los cuatro años vi por primera vez en mi vida un ballet, Coppelia, del Ballet Nacional de Cuba. Quedé fascinada y le dije a mi mamá: "Eso es lo que yo quiero hacer. A eso me quiero dedicar".

Tuve muchos obstáculos por el camino. En la edad del preuniversitario muchos de mis compañeros ni siquiera sabían a esas alturas, con 17 años, qué iban a estudiar y yo lo tenía definido. Quería mi propia compañía, hacer mis coreografías porque sabía que tenía algo que compartir con los demás.

Sería muy bueno para los niños en general poder definir desde una edad temprana su vocación. Los ayudaría a acortar el camino, la distancia hacia lograr un objetivo en el futuro.

P. ¿Cuáles son los principales valores que la danza aporta a la infancia?

R. Yo diría que todos, porque estudiar danza no es solo estudiar danza. Con la danza se estudia música, disciplina, se aprende a tener objetivos en la vida, se aprende rigor, estética. Se aprende a relacionarte con los demás, a tener sentido de grupo y a tener un desempeño individual dentro de un grupo. Y no solo aprenden los niños: aprenden las familias y aprenden los vecinos.

Los talleres vocacionales de la compañía tienen 22 años de creados. Por nuestras manos han pasado miles de niños y ya dos generaciones. Siento mucha satisfacción cuando veo que esos niños se han convertido en hombres y mujeres de bien. Y desarrollan una labor, sea o no en la danza, muy bien hecha, con seriedad, responsabilidad y compromiso.

P. ¿Cree que la danza es una buena herramienta para proteger los derechos de los niños?

R. Yo pienso que sí, todas las artes: la danza, la música, la pintura... cualquiera de ellas.

Aquí hemos tenido lamentablemente en algunos momentos casos de niños que han visto o vivido cosas terribles. O casos de niños autistas o con alguna dificultad fisicomotora. Y es increíble cómo se insertan dentro de este proceso. Y el grupo, lejos de hacerles rechazo, está ahí para canalizar esas dificultades. Este es un espacio donde (los niños) se sienten realizados, respetados y escuchados como seres humanos.

P. ¿Cuál es la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño?

R. Yo pienso que es de los más importantes pasos que se han dado en la historia para el respeto con los niños. Pero queda tanto por hacer... No es solamente que esté, es que podamos llevarla a efecto, que podamos ejecutarla. Tenemos que ponerla en práctica todos los días y en todo momento. No solo los gobiernos en cada país, estoy hablando de cada uno de nosotros como ciudadanos.

P. ¿Cuáles son los problemas más urgentes que se deben abordar en la protección a la infancia?

R. Muchos. La violencia es una cosa que a mí me marca profundamente. Que un niño sea violentado en cualquiera de sus maneras es algo terrible. Todos tenemos que estar atentos. También está el problema del trabajo infantil. Los niños tienen derecho a recibir una educación porque esas son las armas para defenderse en el futuro. Y otros son la alimentación o las drogas.

P. ¿Y en Cuba? ¿Cuáles son los retos en la defensa de la infancia en este momento de reformas económicas y sociales que vive el país?

R. No perder lo que hemos logrado, como la educación y la salud para los niños. Y poder evolucionar y avanzar porque nos hemos quedado rezagados en aspectos como Internet. Tenemos que conservar lo que hemos conseguido pero también abrirnos hacia las nuevas tecnologías y hacia la prosperidad en un país lleno de talento y de deseos de hacer y de trabajar. No hay que ponerle un techo a la gente.

Tenemos que conservar lo que hemos conseguido pero también abrirnos hacia las nuevas tecnologías en un país lleno de deseos de hacer y de trabajar

P. ¿Qué diferencias ve entre su infancia y la que viven ahora los niños cubanos?

R. En algunos sentidos es mejor (la de ahora), tienen más opciones que las que tuve yo cuando era una niña. Y en otro sentido, hay que tener mucho cuidado y por eso me aferro al arte. Se está viviendo un mundo muy material, los valores espirituales empiezan a perder todo tipo de fuerza. Predomina el "yo te doy", "tú tienes", "yo ostento". Y no debe ser así.

En Cuba hubo un periodo especial de muchas carencias y los padres de hoy, los de mi generación, no quieren que los hijos tengan esa carencia. Pero todo no se les puede dar, los niños tienen que aprender también que cada cosa tiene un valor y que cuesta mucho trabajo tenerlas.

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