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Pese a la profunda crisis que vive Cuba, se pudo realizar el Festival de Cine de Gibara

En total fueron presentados a concurso nueve largometrajes de ficción, 17 documentales, 11 cortos de ficción y siete cortos animados

La mayoría de los cineastas, actores, productores, músicos y organizadores viajaron desde La Habana al municipio holguinero, donde ya se había preparado la logística del evento. (Festival Internacional de Cine de Gibara/Facebook)
14ymedio

09 de agosto 2022 - 18:56

La Habana/El Festival Internacional de Cine de Gibara, inaugurado en 2003 por Humberto Solás para defender el concepto de "cine pobre", celebra finalmente su edición 16. Según su sobrino y actual director del evento, Sergio Benvenuto Solás, el director de Miel para Ochún había realizado "las películas más caras del cine cubano", y esa especie de "culpa creativa" lo condujo a alentar un tipo de realización más "humilde en su elaboración", que "interactuara con diversas comunidades".

"Él estaba aburrido de los grandes festivales, con sus alfombras y sus fotos, donde no pasaban muchas cosas, y quería algo más informal". Después de la filmación de Miel para Ochún, durante el Período Especial, Solás encontró en Gibara, "un lugar que a nadie le interesaba en ese momento", el espacio ideal para un festival alternativo al del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Hay pocos municipios más "pobres" en Cuba que Gibara, en Holguín, a la cual Guillermo Cabrera Infante, el gibareño más ilustre, definió como una "aldea de pescadores". El escritor, uno de los más renombrados críticos de cine a nivel mundial, recrea a Gibara en sus novelas como un pueblo rústico y poco dado a la cultura.

Todo eso cambiaría con el festival, empeñado en convertir a Gibara en referente cultural y turístico para el mundo del cine. Ese empeño animó las 15 ediciones anteriores, interrumpidas por la pandemia, y también esta última, celebrada del 2 al 6 de agosto.

El escritor, uno de los más renombrados críticos de cine a nivel mundial, recrea a Gibara en sus novelas como un pueblo rústico y poco dado a la cultura

"Con la situación que vive Cuba, que se haya hecho el festival es un milagro", dice a 14ymedio uno de los jóvenes realizadores invitados a Gibara, que prefiere mantenerse en el anonimato. "Quedó bastante bien", admite, "no estuvo tan mal como algunos pensamos que iba a ser".

La mayoría de los cineastas, actores, productores, músicos y organizadores viajaron desde La Habana al municipio holguinero, donde ya se había preparado la logística del evento. La realización del festival comporta un "interés especial" para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y también para el comité organizador, encabezado por la familia de Humberto Solás.

"No creo que el festival entre en esa estrategia de 'pan y circo' del Gobierno, aunque muchos lo vean así, porque, para el gibareño, es otra cosa: un oasis en medio de todo el desierto que se está viviendo", asegura el cineasta entrevistado por este diario.

Según el realizador, Gibara "siempre va a agradecer el festival, porque es muy de ellos, y en este momento más todavía, donde hay tantos problemas, tanta miseria".

En cuanto a la logística del evento, considerado tradicionalmente como una suerte de "vacaciones oficiales" para los participantes, el joven cineasta afirma que en esta edición "se notan las carencias y la situación del país". El festival incluye la confluencia de conciertos, fiestas y opciones turísticas que, esta vez, "se han visto un poco reducidas por la cuestión económica".

"Para el gibareño, es otra cosa: un oasis en medio de todo el desierto que se está viviendo"

Esto no impidió, sin embargo, que se programaran conciertos de artistas afines al régimen, como Alexander Abreu, cuya presentación fue suspendida en solidaridad con Matanzas, o el grupo musical del propio hijo de Miguel Díaz-Canel, que se denomina Migue Decuba.

Observando el ambiente y los "rostros" de los participantes, afirma el joven cineasta, "uno se pregunta si está haciendo bien al quedarse en Cuba, después de que ve partir constantemente a tanta gente valiosa". "Quedamos muy pocos dentro de la Isla, lamentablemente", concluye.

El festival también impulsa la reactivación turística de la llamada Villa Blanca de los Cangrejos. El grupo español Iberostar, que maneja el funcionamiento de los hoteles gibareños, diseña para los visitantes un paquete que aprovecha tanto la arquitectura colonial del municipio como las instalaciones hoteleras, recién restauradas.

"Por su importancia como momento cultural de Gibara, el festival ha generado una extensa red de hoteles de ciudad, y los consiguientes empleos. El festival aumenta la demanda y el flujo de clientes, es una manera de atraer turismo", aseguró a la agencia Inter Press Service Yuliannis Hidalgo, subdirectora del complejo turístico de Gibara.

"Todas las ofertas que lanzamos en la fecha del festival han sido aceptadas y bienvenidas. Asimismo es un privilegio que nuestras instalaciones puedan hospedar tantas personalidades de la cultura cubana e internacional cada año con la llegada del festival", añadió la funcionaria.

Los hoteles gibareños que acogen a los participantes del evento y a otros turistas son el Ordoño, el Almirante, el Arsenita y el Plaza Colón, ubicados en puntos clave de la ciudad. Además, aprovechando el flujo de turistas y la participación internacional, se han abierto nuevos hostales, restaurantes y centros recreativos.

"Por su importancia como momento cultural de Gibara, el festival ha generado una extensa red de hoteles de ciudad, y los consiguientes empleos"

El Festival Internacional de Cine de Gibara clausuró su edición con una ceremonia en el cine Jibá. La ocasión se aprovechó para anunciar las obras ganadoras en las diferentes categorías. El galardón para el mejor largometraje de ficción se otorgó a la cinta argelina Papicha, dirigida por Mounia Maddour.

El hijo muerto, del realizador cubano Maysel Bello, se llevó el premio Lucía en cortometrajes, mientras que Los criminales, una coproducción europea dirigida por Serhat Karaaslan, obtuvo un premio especial.

El mejor documental presentado fue Ophir, dirigido por Alexandre Berman y Oliver Pollet. La comunión de mi prima Andrea, del español Brandán Cerviño, se alzó con el premio a mejor corto documental; mientras que Calamity, de Remi Chayé, obtuvo el galardón para la mejor animación.

Se entregaron los premios Lucía de honor a los actores cubanos Mario Balmaseda y Mario Limonta. En total fueron presentados a concurso nueve largometrajes de ficción, 17 documentales, 11 cortos de ficción y siete cortos animados.

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