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Estados Unidos e Irán cierran en Islamabad 21 horas de diálogo sin acuerdo

Irán-EE UU

Washington y Teherán mantienen abiertos los contactos, pero chocan por el programa nuclear y el estrecho de Ormuz

El diálogo no se rompe del todo, pero sigue atrapado en sus diferencias de fondo. / EFE
EFE

12 de abril 2026 - 08:29

Islamabad/Estados Unidos e Irán cerraron este domingo en Islamabad 21 horas de negociaciones sin lograr un acuerdo, pero dejaron abierta la puerta a nuevas conversaciones. El encuentro, celebrado con mediación de Pakistán, fue el primer contacto directo de alto nivel entre ambos países en casi medio siglo y terminó sin avances decisivos en los asuntos que más pesan sobre la mesa: el programa nuclear iraní, el control del estrecho de Ormuz y el alcance real de la tregua en medio de la ofensiva iniciada el pasado 28 de febrero.

Las delegaciones abandonaron la capital paquistaní a primera hora de la mañana. Del lado estadounidense, el vicepresidente JD Vance compareció brevemente ante la prensa para presentar el resultado como un paso relevante, aunque insuficiente. Habló de “conversaciones sustanciales”, evitó dar detalles y aseguró que Washington dejó sobre la mesa una propuesta que definió como su “mejor y última oferta”.

No hubo, sin embargo, ningún anuncio de pacto. Tampoco una hoja de ruta pública para una nueva ronda. El mensaje fue más bien el de un diálogo que no se rompe del todo, pero que sigue atrapado en sus diferencias de fondo.

Según varias fuentes citadas por medios iraníes y paquistaníes, durante las largas horas de conversaciones hubo intercambio de textos y entendimientos parciales en algunos puntos. Aun así, persistieron al menos “dos o tres” desacuerdos mayores. En la práctica, esos desacuerdos bastaron para bloquear un documento final.

Teherán defiende su derecho a mantener un programa nuclear con fines civiles y considera que la demanda de “cero enriquecimiento” equivale a desmantelar una parte estratégica de su soberanía

El principal choque sigue siendo el nuclear. Washington mantiene como línea roja que Irán renuncie no solo a fabricar un arma atómica, sino también a conservar la capacidad técnica que le permitiría hacerlo con rapidez. Vance insistió en ese punto al señalar que Estados Unidos necesita “un compromiso firme” de que Teherán no buscará un arma nuclear “ni ahora ni a largo plazo”.

Irán rechaza esa exigencia en los términos planteados por la Casa Blanca. Teherán defiende su derecho a mantener un programa nuclear con fines civiles y considera que la demanda de “cero enriquecimiento” equivale, en la práctica, a desmantelar una parte estratégica de su soberanía. Además, sigue exigiendo el levantamiento de sanciones como condición indispensable para cualquier arreglo duradero.

El pulso no es nuevo. A comienzos de 2026 se habían retomado contactos indirectos en Omán y Ginebra para tratar de encauzar de nuevo la cuestión nuclear, pero la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní interrumpió ese proceso y volvió a endurecer las posiciones.

El segundo punto crítico fue el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta. Por allí pasa una parte esencial del comercio mundial de petróleo y su control se ha convertido en una baza política y militar para Irán. Aunque Washington evitó pronunciarse públicamente sobre este punto al final del encuentro, desde el entorno iraní se dejó claro que el desacuerdo persiste.

No habrá cambios en la situación del estrecho de Ormuz mientras Estados Unidos no acepte un acuerdo “razonable”

Una fuente citada por la agencia Mehr resumió la posición de Teherán con una frase tajante: no habrá cambios en la situación del estrecho mientras Estados Unidos no acepte un acuerdo “razonable”. En otras palabras, Irán no está dispuesto a ofrecer una reapertura plena y sin condiciones de esa vía marítima sin obtener contrapartidas claras.

De momento, la República Islámica mantiene un protocolo limitado de paso seguro durante dos semanas, condicionado a la coordinación directa con sus Fuerzas Armadas y al cumplimiento de la tregua por la otra parte. Washington aspira a una reapertura más estable, comercial y sin restricciones. Entre ambas posiciones hay todavía una distancia difícil de salvar.

A esos desacuerdos se sumó otro elemento que complica cualquier negociación: el alcance regional de la crisis. Mientras las delegaciones hablaban en Islamabad, seguían las acciones militares israelíes en Líbano. Irán reclama que cualquier entendimiento con Estados Unidos debe incluir garantías sobre la actuación de Israel, en especial en el sur libanés y en Beirut. Washington, por el contrario, sostiene que el alto el fuego de dos semanas solo cubre el enfrentamiento directo con Irán y no ata las manos de Tel Aviv en otros frentes.

También sigue abierta la disputa económica. Irán quiere el levantamiento de sanciones y la devolución de activos congelados como parte de un eventual acuerdo. Estados Unidos vincula cualquier alivio financiero a la aceptación previa de sus exigencias nucleares. Es un choque de secuencia: Teherán pide medidas concretas antes de firmar; Washington exige la firma antes de aflojar la presión.

Pakistán, que actuó como mediador, trató de rebajar la sensación de fracaso total. El ministro de Exteriores, Ishaq Dar, pidió a las partes que respeten la tregua de dos semanas y dejó claro que su país seguirá disponible para facilitar futuros contactos. Ese fue, quizá, el único punto compartido por todos al cierre del encuentro: nadie dio por muerto el diálogo.

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