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El incierto significado de una victoria estadounidense en Siria

El Ejército norteamericano no se propone derrocar a Al Asad, dicen analistas

Terroristas del Estado Islámico en Siria. (EFE)

21 de octubre 2018 - 15:55

Washington/(EFE).- El concepto es claro y se recita cual mantra por los pasillos del Pentágono: para Estados Unidos una victoria en Siria significa la derrota del grupo terrorista Estado Islámico (EI). Sin embargo, la realidad de este complejo campo de batalla obliga a replantearse esa premisa.

"Evidentemente, la derrota permanente del EI es una prioridad máxima, pero tenemos otras prioridades muy importantes", comentó recientemente Brett McGurk, el enviado especial de EE UU para la coalición internacional que combate el yihadismo en Siria, en una conferencia.

Hace apenas unos meses el Departamento de Defensa ofrecía una única respuesta a cualquier pregunta sobre el papel de EE UU en el conflicto, ya fuera relativa a la posible marcha del presidente sirio, Bachar al Asad, o a la creciente influencia rusa en la región: "Nuestro objetivo en Siria es derrotar al Estado Islámico".

La liberación hace ahora un año de la ciudad de Al Raqa, principal bastión de los terroristas en la zona, desató el optimismo en una Casa Blanca que por fin empezaba a vislumbrar el final de la contienda, lo cual llevó al presidente estadounidense, Donald Trump, a anunciar que la vuelta a casa de las tropas estaba cerca.

Militares y diplomáticos se vieron forzados a matizar las palabras del comandante en jefe, quien reaccionó subrayando que la presencia de soldados estadounidenses en el país árabe no se extendería más allá del triunfo sobre los yihadistas.

"Evidentemente, la derrota permanente del EI es una prioridad máxima, pero tenemos otras prioridades muy importantes", comentó recientemente Brett McGurk, el enviado especial de EE UU para la coalición internacional que combate el yihadismo en Siria

Sin embargo, a finales de septiembre pasado, en un momento en el que Washington se jactaba de que el enemigo se encontraba prácticamente acorralado en el valle del río Éufrates y apenas controlaba un 2% del país, el secretario de Defensa de EE UU, James Mattis, sorprendió a propios y extraños al realizar un pronóstico cuanto menos ambiguo.

"Creo que acabar con el califato no implica que se pueda afirmar ciegamente 'Vale, acabamos con ellos, nos marchamos', para después acabar preguntándonos por qué ha reaparecido el califato", declaró Mattis.

Periodistas, analistas e incluso algunos legisladores comenzaron a hacer entonces una pregunta que aún no ha obtenido respuesta: ¿Qué significa una victoria estadounidense en Siria?

La experta del centro de estudios United States Institute of Peace (USIP), Mona Yacoubian, coincidió con Mattis en que llegará un momento en que la presencia de EE UU en Siria "no podrá limitarse a los bombardeos" y habrá que abordar un proceso de estabilización.

Es en este escenario en el que la presencia de los extremistas pierde peso y gana relevancia la figura de Al Asad, blanco de las protestas iniciadas en 2011 que acabaron dando pie a un conflicto armado que a la postre posibilitó la incursión del EI en el país.

Además, numerosas voces en Washington denuncian que las ansias de Al Asad de aferrarse al poder han permitido a Rusia ganar protagonismo en el tablero internacional y han posibilitado que Irán aumente su influencia en la región, por lo que consideran que la salida del mandatario se antoja imprescindible.

La cuestión ahora es cómo.

Preguntada sobre la posibilidad de que una ofensiva militar contra el Gobierno sirio esté sobre la mesa, Yacoubian fue tajante: "No, no, no. El Congreso de EE UU solo autorizó al Ejército a tener un propósito: la lucha contra el EI".

Tanto la especialista como el propio Pentágono sostienen que el único camino es el diplomático, pero el estancamiento en el que se encuentra el proceso de paz de Ginebra desde hace meses solo sirve para generar más incertidumbre respecto a cuándo podrán volver a casa los soldados estadounidenses.

McGurk enumeraba, además, otra serie de factores -como la presencia de francotiradores, el uso de artefactos explosivos o los atentados suicidas- que difuminan aún más la línea que separa la guerra de la victoria.

"En realidad no existen puntos claros que marquen la transición, es más una evolución", admitió McGurk, quien no dudó en reconocer que "si uno proclama la victoria y se marcha, el problema puede volver a surgir".

Más pesimista aún, pero también más contundente, se mostró Yacoubian: "No creo que vayamos a poder hablar de una victoria en Siria para nadie. Debido a la devastación que ha sufrido ese país, se tardarán años -probablemente generaciones enteras- en reconstruir Siria".

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