Día 19: ‘Paquete’, videojuegos y películas para refugiarse en la cuarentena

En mi barrio hay gente que solo pone los canales nacionales cuando van a dar el parte diario del Ministerio de Salud Pública

En medio del avance de la pandemia, las redes informales de distribución de contenido son las únicas que crecen. (14ymedio)
En medio del avance de la pandemia, las redes informales de distribución de contenido son las únicas que crecen. (14ymedio)

Pegado a la pantalla todo el día, así ha decidido un vecino de mi edificio pasar la cuarentena. Suspendidas las clases presenciales, el joven universitario cumple el viejo sueño de no hacer otra cosa que ver series y disfrutar videojuegos. La familia lo deja estar a sus anchas, "si está entretenido come menos", me cuenta la madre por teléfono.

En medio del avance de la pandemia, las redes informales de distribución de contenido son las únicas que crecen, en una Isla donde cada vez faltan más alimentos y la situación económica toca fondo. A pesar del cierre de cafeterías y restaurantes privados por toda la ciudad, el paquete con su compendio de audiovisuales sigue saliendo religiosamente cada semana. 

La piratería alcanza cotas impresionante y lo que ayer se estrenó en Netflix, mañana estará en el mercado negro

La piratería alcanza cotas impresionante y lo que ayer se estrenó en Netflix, mañana estará en el mercado negro. Hasta el reto que circula en las redes sociales de recomendar varias películas para ver durante el confinamiento, se ha trasladado a la realidad de esta Isla donde los amigos se llaman para sugerir títulos, comentar alguna actuación o emitir una crítica sobre un filme.

Hay de todo. Materiales para reír, para escapar del estrés de la pandemia y hasta para acercarse a hechos históricos o dramas sociales. El imperativo de muchos es evitar encender la televisión oficial que maneja el coronavirus con la misma retórica del enfrentamiento que hasta hace poco usaban para hablar de Estados Unidos o de los disidentes.

"Combatir", "vencer", "batalla", "trinchera", son algunas de las palabras que repiten los funcionarios frente al micrófono. Tanta crispación ha hecho que en mi barrio haya gente que solo pone los canales nacionales cuando van a dar el parte diario del Ministerio de Salud Pública, que hoy ha actualizado los datos oficiales a 12 fallecidos, 457 casos confirmados de covid-19 y 1.732 personas ingresadas en el país. 

Los que pueden pagarse un paquete de navegación web desde el móvil, alternan las películas y los videojuegos con puntuales zambullidas en las redes sociales, pero tratando de ahorrar cada megabyte porque el monopolio estatal de telecomunicaciones, Etecsa, no ha hecho ninguna rebaja dirigida a la conexión desde los celulares en horario diurno.

Suspendidas las clases en la Universidad de Ciencias Informáticas y en muchos centros laborales estatales, el ímpetu "revolucionario" se ha desinflado en las redes

Hay una rara tranquilidad en Twitter. La red del pájaro azul, donde antes, por cada cuenta de un ciudadano independiente, existían miles de perfiles anónimos que repetían consignas progubernamentales y lanzaban ataques contra las voces críticas, ahora las ciberclarias ( trolls oficialistas) están casi desaparecidas. Suspendidas las clases en la Universidad de Ciencias Informáticas y en muchos centros laborales estatales, el ímpetu "revolucionario" se ha desinflado.

Confieso que aburre un poco no ver a esa avalancha de guapos (macarras) de internet, que se escudan detrás de una foto falsa, un nombre fabricado y un acceso a la web subvencionado que deben pagar -en parte- haciendo actos de repudio en la aldea virtual. A mí, que estos combativos tuiteros me acompañan con especial saña desde hace 12 años, esta ausencia se me hace como si hubieran apagado de pronto unos altavoces que gritaban sobre mi ventana.

Para recordarlos y exorcizarlos, he comprado en el mercado negro una carpeta de documentales que aborda el Gran Cortafuegos chino y la estricta censura del régimen de Pekín sobre las publicaciones que hacen sus ciudadanos en las redes. Me pasé horas mirando varios de ellos y sí, como diría mi vecina, mientras estuve pegada a la pantalla me salté el almuerzo y casi olvido la comida. Mañana repito… para ahorrar alimentos.

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