APOYO
Para ayudar a 14ymedio

Cuba y la nueva revolución que viene

Opinión

El Gobierno de la Isla se enfrenta ahora a un peligro interno de explosión social muy superior al 11J

El 11 de julio de 2021 marcó el inicio de otro proceso pre-revolucionario, comparable al que comenzó con el asalto al cuartel Moncada. / 14ymedio
Ariel Hidalgo

08 de febrero 2026 - 10:26

Miami/La economía cubana ha colapsado y el pueblo vive las peores condiciones de toda su historia. Está asolado por el hambre y las enfermedades. Personas bucean en la basura que inunda las calles en busca de alimentos. Las noches son oscuras por la falta de electricidad, mientras enjambres de mosquitos proliferan entre basureros y aguas albañales que propagan virus.

Los hospitales, atestados de enfermos, carecen de medicamentos, y se desconoce incluso el número real de fallecidos. Todas las reformas adoptadas a lo largo de los años han fracasado. La población ya no cree en ellas.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? Todos los analistas coinciden en que el modelo económico adoptado es insostenible, pero no explican por qué. Incluso Fidel Castro, en sus últimos días, confesó que “el modelo cubano no sirve ni para los cubanos”. Entonces, ¿por qué la cúpula gobernante se empeña en mantenerlo?

Es el mismo modelo que, con diferentes variantes, existió en la Unión Soviética, en todo el campo socialista de Europa, en China y en Vietnam. Todos, de una manera u otra, tuvieron que abandonarlo para adoptar otros modelos. Muchos de ellos distaron de ser ideales, pero al menos lograron evitar el abismo al que hemos caído los cubanos.

¿Por qué este modelo es inviable? Porque al expropiar a capitalistas, terratenientes e incluso a pequeños propietarios, y ponerlo todo en manos del Estado, se perdió el estímulo productivo de sus antiguos dueños. Todo quedó bajo el control de una desmesurada burocracia que la dirigencia nunca fue capaz de controlar.

Los latifundios y los monopolios no desaparecieron: se transformaron, pasando de privados a estatales. En las auditorías, los términos “faltantes” y “desvíos” de recursos eran reiterativos. No era posible que veinte o treinta dirigentes de la cúpula estatal, incluso con las mejores intenciones, pudieran controlar a miles de administradores empresariales carentes de incentivo alguno.

Ese modelo siempre requirió un aliado externo que lo subvencionara y, cada catorce o quince años, la promoción de éxodos masivos para aliviar las tensiones internas

En 1980, este autor, siendo profesor de marxismo en un preuniversitario, escribió un texto donde alertaba que este sector se estaba convirtiendo en una nueva clase social explotadora. Señalaba que “controlan la producción y los medios de producción, manejan la contabilidad, realizan los cálculos y distribuyen los productos asignados por el Estado, así como los recursos propios de la empresa, por lo que contarán con suficiente poder para emplear en beneficio personal parte de esos recursos”.

La respuesta fue una condena de ocho años de cárcel por “revisionista de izquierda”. Fui confinado en una celda tapiada de los pabellones de la muerte durante más de un año, e incluso se intentó quemar todos mis escritos. “Y en cuanto a sus obras, destrúyanse mediante el fuego”, rezaba la sentencia, pese a que uno de mis libros figuraba como bibliografía suplementaria en todas las carreras de letras del país e incluso en la escuela Ñico López del Partido Comunista.

Hoy, sin embargo, la verdad sale a flote con sus trágicos resultados. Ese modelo siempre requirió un aliado externo que lo subvencionara y, cada catorce o quince años, la promoción de éxodos masivos para aliviar las tensiones internas.

El último proveedor permanente, Venezuela, fue disminuyendo su ayuda a medida que también entraba en crisis. Hasta que en 2021 estallaron en Cuba protestas multitudinarias en varias ciudades, con miles de personas en las calles. El saldo fue de centenares de encarcelados con largas condenas y el mayor éxodo de la historia del país: unos 800.000 cubanos salieron vía Nicaragua.

Hasta hoy, el Gobierno no ha logrado encontrar un nuevo proveedor permanente. Y, sin embargo, pese a esta situación extrema, continúa aferrado al mismo modelo.

La Real Academia Española define “revolución” como un “cambio profundo, generalmente violento, de las estructuras de una sociedad”. Según esta definición, la Revolución de 1959 concluyó en 1968 con la llamada Ofensiva Revolucionaria, cuando se expropió lo último que quedaba por intervenir: las pequeñas propiedades privadas. Desde entonces no hubo cambios radicales, sino reformas, es decir, cambios de forma, mientras la esencia del modelo permanecía intacta.

¿Quiénes son hoy, entonces, los verdaderos revolucionarios?

Aun así, se siguió hablando de revolución en tiempo presente y se calificó de “contrarrevolucionarios” a quienes se opusieron a ese modelo fracasado.

¿Qué significó lo ocurrido el 11 de julio de 2021? No es un hecho del pasado, sino del presente. Las protestas, aunque aisladas, no han dejado de producirse. Esto indica que fue el inicio de otro proceso pre-revolucionario, comparable al que comenzó con el asalto al cuartel Moncada. Ambos fueron hechos fallidos en su momento, pero en distintas épocas impactaron profundamente en el ánimo de la población. ¿Quiénes son hoy, entonces, los verdaderos revolucionarios?

Si el proceso iniciado con el Moncada demoró seis años en alcanzar el poder, y si el proceso actual durara lo mismo, a la alta dirigencia le quedaría menos de un año para resolver esta situación crítica antes de que sea demasiado tarde.

El Gobierno cubano, enfrentado ahora a un peligro interno de explosión social muy superior al de entonces, y también a una amenaza externa de intereses foráneos, hace un llamado a los cubanos del exterior. Son los mismos a quienes confiscó sus pertenencias al exiliarse, a quienes despreció llamándolos “gusanos” y a quienes sometió a actos de repudio por emigrar. Ahora les pide que regresen y se unan a la supuesta defensa de la soberanía nacional.

Una vez más, se apela a la unidad en defensa de una patria amenazada por el enemigo externo. Pero ¿de cuál patria hablan? ¿De la que ellos mismos han destruido?

Incluso la población que permaneció en Cuba ha llegado a tal grado de desesperación que, lamentablemente, una gran mayoría estaría dispuesta a abrir los brazos a supuestos invasores como única salvación. Sin embargo, no hay señales de una injerencia inmediata en forma de invasión. Lo que sí parece venir es un mayor aislamiento, un verdadero bloqueo que empeorará aún más la situación del pueblo.

No el embargo al que el Gobierno llamó bloqueo para justificar su pésima administración, sino un cerco real. Quienes hoy ansían la llegada de presuntos libertadores terminarán repudiándolos.

¿Cómo es posible hablar de unidad en defensa de una soberanía que nunca ha existido para la mayoría de los cubanos, cuando aún permanecen alrededor de un millar de presos de conciencia consumiéndose en las cárceles solo por expresar públicamente su deseo de una Cuba mejor?

La credibilidad no se gana con encarcelamientos masivos ni sentencias draconianas, sino con medidas concretas que demuestren una voluntad real de cambio

Si de verdad se quiere esa unidad, primero habría que recuperar la credibilidad del pueblo. Esa credibilidad no se gana con encarcelamientos masivos ni sentencias draconianas, sino con medidas concretas que demuestren una voluntad real de cambio.

Entre ellas, la liberación de todos los presos políticos y la concertación de un gabinete de transición con representantes de todos los sectores sociales preocupados por salvar al país de la catástrofe. Un gabinete capaz de enfrentar tanto un modelo que mantiene al pueblo en la miseria como un posible estado de sitio externo que perjudicaría, una vez más, al propio pueblo.

Sería necesario unirnos todos –disidentes, académicos, reformistas e incluso sectores oficialistas si así lo decidieran– para trazar con urgencia una hoja de ruta hacia el cambio y levantar una nueva Cuba, próspera y democrática.

Sin ese paso, a la dirigencia no le quedaría otro camino que un suicidio por inercia. Esa otra revolución tendrá que producirse inevitablemente, con ellos o sin ellos. O se unen a la revolución que viene, o esa revolución los barrerá. Y ya nadie podrá garantizar que no sea violenta.

Que la Academia defina las revoluciones como “generalmente violentas” no significa que necesariamente deban serlo. La Revolución Gloriosa de Inglaterra, a fines del siglo XVII, fue pacífica, a diferencia de la sangrienta y estéril que la precedió.

Ante la situación actual, los cubanos que realmente amen a su pueblo deben dejar a un lado las ideologías, olvidar odios, venganzas y revanchismos, tomar conciencia de la gravedad del momento y pensar serenamente qué es lo que más conviene a Cuba.

¿Cuál sería la misión de ese gabinete? A mi juicio, reestructurar el presupuesto nacional y destinar una parte sustancial a la salud pública, a las fuentes energéticas y a la industria agropecuaria. De nada sirven hoteles para el turismo en un entorno de miseria, enfermedades y delincuencia.

Es urgente estimular todos los resortes productivos. Eliminar Acopio, para que el trabajador tenga incentivos vendiendo sus productos a precio de mercado y a quien desee. Repartir tierras a quienes quieran hacerlas producir y facilitarles aperos de labranza y transporte, para evitar que las cosechas se pierdan en los campos.

También es necesario fomentar el trabajo por cuenta propia y estimular a los trabajadores de las empresas estatales, haciéndolos partícipes de las utilidades que generan. Incluso permitir la creación de consejos obreros encargados de supervisar la administración, con potestad para sustituir a quienes hagan un mal uso de los recursos. Solo los trabajadores de base pueden corregir lo que la cúpula estatal no ha sido capaz de resolver.

El convite está hecho, pero la urgencia no permite vacilaciones. Es imprescindible la unidad de los factores del cambio en este nuevo proceso revolucionario. Con la dirigencia o sin ella. Lo que viene ya nadie podrá detenerlo.

No hay comentarios
Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último