No importa si el cangrejo es rojo o azul, siempre que tenga un par de muelas
Cuba y la noche
El régimen recicla reformas anunciadas hace años y el modelo es el de China y Vietnam: mercado para producir, partido único para reprimir
Madrid/“Da igual si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”, dijo Deng Xiaoping para justificar el pragmatismo económico chino. La versión cubana podría formularse así: da igual si el cangrejo es rojo o azul, lo importante es que tenga un par de muelas.
Deng invocaba la eficacia para desmontar parte de la ortodoxia maoísta. La Habana, en cambio, vuelve a emplear el lenguaje del cambio para proteger la continuidad de quienes mandan. El régimen ha montado esta semana una aparatosa ceremonia de reformas, con reuniones extraordinarias, discursos solemnes, 23 ejes, 176 propuestas y la bendición final de Raúl Castro. Aunque algunas propuestas eliminan restricciones concretas impuestas a las mipymes, el grueso del paquete recupera promesas antiguas y todavía no se ha traducido en normas vigentes.
La cifra impresiona. Casi dos centenares de soluciones y, sin embargo, solo unas pocas han sido formuladas con suficiente precisión. Aun así, no se sabe qué normas las desarrollarán, qué controles sobrevivirán ni cuándo comenzarán a aplicarse.
Entre las grandes “novedades” figuran la descentralización municipal y una mayor autonomía para la empresa estatal, promesas repetidas tantas veces que algunas de esas empresas podrían haberse jubilado esperándolas.
Quince años después, el Gobierno presenta las asignaturas suspensas como un nuevo plan de estudios
Se habla de reducir el aparato estatal y sustituir subsidios generales por ayudas dirigidas a personas vulnerables. Todo eso estaba ya en los Lineamientos aprobados en 2011. Entonces también había que eliminar plantillas infladas, racionalizar el gasto, descentralizar, fomentar el trabajo privado y acabar con las gratuidades indebidas. Quince años después, el Gobierno presenta las asignaturas suspensas como un nuevo plan de estudios.
También regresa la entrega de tierras ociosas, concedidas en usufructo desde 2008 con resultados visibles en una libreta cada vez más vacía. Esta vez, sin embargo, el Gobierno promete eliminar los topes de precios, permitir la importación directa de insumos y autorizar a cooperativas y empresas privadas a comerciar con el exterior. Sería un cambio relevante si desaparecen también las compras obligatorias, los permisos discrecionales y las intervenciones administrativas que convierten la producción en pérdida.
La inversión de los cubanos en el exterior tampoco es una revelación. El Gobierno lleva años cortejando el dinero de una emigración a la que niega derechos políticos. Quiere sus capitales, pero no sus opiniones; sus dólares, pero no sus votos.
Otra medida anunciada consiste en permitir el comercio exterior directo del sector privado y de las cooperativas. Hasta ahora, las mipymes podían importar y exportar únicamente mediante empresas estatales intermediarias, que cobran, demoran y controlan. Eliminar esa tutela sería una ruptura real, aunque todavía habrá que comprobar qué licencias, cuentas bancarias, aranceles y autorizaciones sobrevivirán en la letra pequeña.
Raúl Castro no necesita salir de su lujoso retiro para convencer a los indecisos de que hay demasiados trámites
También se prometen cuentas empresariales en divisas disponibles. Si ahora el dinero podrá utilizarse de verdad, cabe preguntar qué clase de cuenta era la anterior. Nada de esto significa que el espectáculo carezca de importancia. La tiene, pero no por lo divulgado. La verdadera noticia puede estar en aquello que todavía no se ha dicho.
Raúl Castro no necesita salir de su lujoso retiro para convencer a los indecisos de que hay demasiados trámites. Tampoco hace falta una reunión extraordinaria del Partido para descubrir que los municipios funcionan mal. Si se ha movilizado toda la liturgia del poder, es razonable sospechar que detrás de las generalidades podrían estarse discutiendo decisiones más sensibles.
Podría tratarse del cierre de empresas estatales insolventes, la transferencia de activos a privados, una mayor dolarización, la entrada de capital emigrado en sectores reservados o una reorganización de los dominios económicos de Gaesa.
Eso sí necesitaría el permiso del patriarca. No porque suponga democratizar Cuba, sino porque afectaría intereses, cuotas de poder y cajas recaudadoras. El problema nunca ha sido convencer a los comunistas de que la economía no funciona. Lo difícil es convencerlos de que renuncien a la parte que ellos controlan.
Tampoco hay señales de que la discusión incluya libertades políticas, elecciones competitivas, prensa independiente, pluralismo o liberación incondicional de presos políticos. El modelo invocado es el de China y Vietnam: mercado para producir, partido único para reprimir.
Cuando Raúl Castro desaparezca, apenas habrá diferencia entre El Cangrejo y su primo Sandro, salvo una importante: Raúl Guillermo habrá acumulado muchos más enemigos entre quienes hoy deben sonreírle
La presión extrema de Washington ha obligado al régimen a moverse más de lo que quisiera. La Habana ha sacado del almacén muchas promesas antiguas, les ha quitado el polvo y las ha ordenado en 23 cajones, pero también ha añadido algunas concesiones que hasta hace poco consideraba peligrosas: empresas privadas más grandes, varios negocios por propietario, comercio exterior directo y venta privada de combustible.
¿Y qué pinta El Cangrejo en esta historia? Raúl Guillermo Rodríguez Castro ha sido una de las figuras encargadas de custodiar los intereses del verdadero dueño del país. Pero ese papel, que lo ha convertido en persona de interés para gobiernos extranjeros, también le ha ganado enemigos dentro del aparato. Más de un burócrata y más de un general deben de detestar en silencio al niñato malcriado convertido en guardián, emisario y, a veces, portavoz del nonagenario dictador.
El Cangrejo sabe que su poder no es propio, depende de que su abuelo siga respirando. Cuando Raúl Castro desaparezca, apenas habrá diferencia entre él y su primo Sandro, salvo una importante: Raúl Guillermo habrá acumulado muchos más enemigos entre quienes hoy deben sonreírle. Si tiene algunas neuronas políticas, comprenderá que dispone de poco tiempo para conseguir protección o un salvoconducto. Quizá por eso resulta llamativo que, mientras otros integrantes del clan han sido alcanzados por las sanciones estadounidenses, él haya quedado hasta ahora fuera de la lista.
Mientras tanto, el circo seguirá su función. Habrá nuevas reuniones, nuevos discursos, nuevos ejes, nuevas propuestas y quizá hasta nuevas comisiones encargadas de estudiar por qué las comisiones anteriores no lograron aplicar lo que ya estaba aprobado. El régimen presentará cada vieja promesa como una audacia y cada demora como prudencia revolucionaria. Todo con el mismo propósito de siempre: aparentar movimiento sin ceder el control, anunciar el futuro para no tocar el presente. Cambiar, para que todo siga exactamente igual.