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La alta demanda de refrescos se resuelve con importaciones y falsificaciones

Esta bebida, importada de España, se encuentra en el mercado en sustitución de productos nacionales. (14ymedio)
Zunilda Mata

16 de marzo 2017 - 11:15

La Habana/"Lo mío primero", advierte un lema comercial en las tiendas estatales. Sin embargo, la campaña que promueve el consumo de productos nacionales no logra sortear los picos de alta demanda. Con el repunte del turismo y del sector privado, el Gobierno está obligado a importar grandes cantidades de bebidas gaseosas.

"Un Cuba Libre lleva cola o no es un Cuba Libre", sentencia Ricardo Ulloa, ingeniero químico de profesión y bartender para ganarse la vida que trabajó durante años en hoteles entre Cárdenas y Varadero pero decidió dedicarse al trabajo por cuenta propia. "Estoy probando a ver si puedo abrir mi propio bar", asegura.

En los últimos meses, el Ulloa ha recurrido más a las redes informales para conseguir suministros. El refresco y el agua mineral se cuentan entre los productos que escasean. En los mercados y cafeterías estatales la "Coca-Cola" de factura nacional, producida con los nombres de TropiCola y TuKola, "está perdida", asegura el barman.

La Coca-Cola, que abandonó en 1960 Cuba, se ha colado de vuelta en los anaqueles de las tiendas cubanas a través de terceros países

En 1960 la firma norteamericana que produce el famoso refresco debió abandonar la Isla debido a las nacionalizaciones impulsadas por Fidel Castro. Sin embargo, en las últimas décadas la bebida se ha colado de vuelta en los anaqueles de las tiendas cubanas a través de terceros países.

Tras el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos se difundieron unas declaraciones de José Antonio Fernández, presidente de Fomento Económico Mexicano (Femsa), la principal embotelladora de la multinacional en el mundo. "Vamos a entrar a Cuba con Coca-Cola, la Coca-Cola de Cuba será de Femsa", aseguró. Pero sus predicciones aún no se han concretado.

En vez de eso, el peculiar sabor se ausenta con frecuencia de los paladares nacionales. "Primero tuvimos problemas con la cerveza", aclara Ulloa, pero le han seguido otras bebidas y numerosos alimentos. "Cuando vemos que sacan refrescos en algún lugar hay que comprar todo el que se pueda, porque no sabemos cuándo volverán a venderlo".

Los anaqueles vacíos no son nada nuevo para los nacionales, pero en los últimos meses se ha recrudecido el déficit de productos. La poca productividad, la corrupción y el embargo norteamericano influyen en la situación pero también las expectativas desatadas tras el deshielo diplomático entre Washington y La Habana.

"Aquí todos los fines de semana había rumba y fiesta, pero ahora es todos los días", explica Rosa María, de 73 años y residente en las cercanías del Callejón de Hamel en La Habana. La mujer recuerda que "en los años 90 empezaron a venir extranjeros a bailar, pero ahora todo el barrio vive de esos turistas".

La venta de bebidas es fundamental para atraerlos. El Café Brown, en las cercanías del lugar, aprovecha la sed de los visitantes. Una carta que incluye la piña colada, el mojito, la cerveza nacional y el Cuba Libre espera a los clientes. "Cada día es más difícil conseguir los ingredientes para cada trago", confiesa a media voz una empleada del lugar.

En los últimos meses las marcas nacionales de refrescos no tienen presencia la carta. La empresa mixta Los Portales, gestionada por Corporación Alimentaria de Cuba y el Grupo Nestlé, no da abasto.

El Gobierno busca inversión foránea para desarrollar 21 proyectos relacionados con la industria alimentaria, valorados en 762 millones de dólares

El Gobierno busca inversión foránea para desarrollar 21 proyectos relacionados con la industria alimentaria, valorados en 762 millones de dólares. Es una urgencia en un país que se ve obligado a importar casi el 80% de los alimentos que necesita, lo que supone un gasto anual de unos 2.000 millones de dólares.

El desabastecimiento es el caldo de cultivo ideal para los revendedores, especuladores y todo tipo de pícaros.

Las fábricas clandestinas que embotellan refrescos y cervezas se han vuelto parte del paisaje nacional, junto a aquellas que falsifican rones o tabacos. A mediados de 2014, un video policial filtrado a las redes alternativas daba cuenta del allanamiento de una industria ilegal dedicada a la producción de refrescos en Santiago de Cuba.

La bebida era preparada y envasada con rústicas maquinarias para después ser introducidas en los almacenes de las tiendas y cafeterías en pesos convertibles. Las latas donde se colocaban los refrescos eran recogidas vacías de las calles, medianamente lavadas y reutilizadas.

El ingenio y la adulteración también van de la mano de cualquier local privado o estatal que venda cócteles. "Los clientes ni cuenta se dan, pero un barman es como un mago que puede convertir cualquier cosa en un trago inolvidable", puntualiza Ulloa. Sus trucos van desde "conservar la hierbabuena por semanas, hasta sustituir el ron Havana Club por alcohol destilado".

"Pero la Cola es otra cosa", asegura. Uno de los tragos que más piden los turistas es el Cuba Libre, un cóctel que mezcla el ron cubano con el refresco de cola y que es símbolo de identidad nacional. La popular combinación pasa por una crisis ante las dificultades de la industria nacional de mantener el abastecimiento de esta bebida gaseosa.

Si hace dos décadas, cuando se dolarizó la economía de la Isla, eran unos pocos los que podían darse el lujo de comprar un refresco gaseoso de limón, naranja o cola, ahora el número de consumidores se ha disparado. Los clientes se han vuelto hábiles en detectar las oscilaciones de calidad y en descubrir cuándo están ante una mercancía falsificada.

El aumento del turismo también tensa la cuerda. Alcanzó un récord histórico en 2016 cuando superó los 4 millones de visitantes, lo que significó un crecimiento del 14,5% en relación a 2015.

Entre 2013 y 2015 la producción de refrescos nacionales también aumentó según datos del Anuario Estadístico, que reportó un crecimiento de 396 a 594 millones de hectolitros

Entre 2013 y 2015 la producción de refrescos nacionales también aumentó según datos del Anuario Estadístico, que reportó un crecimiento de 396 a 594 millones de hectolitros. Pero el volumen no logró suplir la demanda y fue necesario importar para el consumo en el sector turístico y la venta en la red minorista.

"No vamos a tener refrescos cubanos en mucho tiempo", cuenta a los clientes una empleada del Dimar, una cafetería especializada en pescado ubicada en la calle Tulipán. En oferta, el local tiene bebidas españolas y mexicanas, pero las nacionales brillan por su ausencia.

En febrero pasado la productora de bebidas Cott México envió 40.000 cajas de refresco de la marca Stars a Cuba. La embotelladora de capital canadiense planea comercializar la producción de su planta de Puebla, que incluye más de 60 marcas diferentes.

Sin embargo, en el departamento de marketing de la empresa Los Portales, una empleada que se identifica como Liuba niega que la industria haya dejado de producir. "Lo que pasa es que es mucha la demanda", aclara a 14ymedio. "Es una sola fábrica de refresco para toda Cuba. Lo que hace falta aquí es que entre la competencia, que aparezca otra porque nosotros estamos solos", se queja.

La fábrica "no para nunca [y] está al máximo de su capacidad", asegura Liuba. Pero el mercado parece tener una sed insaciable.

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