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Tras décadas de abandono, comienzan las obras en el Parque Deportivo José Martí

El centro deportivo José Martí tenía parte de su cerca perimetral derruida, las piscinas vacías o con agua estancada y estaba a punto de desplomarse. (14ymedio)
Marcelo Hernández

24 de marzo 2017 - 12:50

La Habana/El Parque Deportivo José Martí, en el malecón habanero, se beneficia con una reparación de gran envergadura, aunque con varios años de retraso. La icónica instalación, que por décadas ha subyugado a los fotógrafos por su peculiar mezcla de ruina y belleza, se llena por estos días de constructores.

El área deportiva quedó convertida en dormitorio para gente sin techo, zona de tolerancia sexual y área de peligro ante la amenaza de derrumbes. En su decadente explanada, a la que el salitre y la desidia arrancaron el muro perimetral, llegaban los corredores que querían bajar algunas libras, se entrenaban los niños y paseaban las mascotas con sus dueños.

Inaugurado en los años 40, el parque fue remodelado en 1960 por el arquitecto cubano Octavio Buigas y, en aquel entonces, contaba con gimnasio, piscina, estadio, parqueo, área infantil, un tabloncillo para baloncesto y vóleibol, este último con gradas para más de 1.000 espectadores.

El estadio, desde donde se podía disfrutar lo mismo de una competencia deportiva que de el espectáculo del mar, contaba con unas gradas para 3.150 espectadores, provistas de una cubierta ligera en forma de bóveda que llegó a ser parte del rostro que identificaba la capital cubana.

Con motivo de la celebración de los Juegos Panamericanos de 1991 se hicieron reparaciones parciales para realizar allí los encuentros de balonmano, pero al terminar las competencias no se volvió a prestar atención al lugar. Eso sí, hubo un proyecto para "detener el deterioro" que no pasó de obras menores de albañilería.

El daño llegó a ser tan profundo y extendido que en el año 2000 las autoridades determinaron cerrar la instalación. Un dictamen decretó que la instalación constituía un peligro para la vida

El daño llegó a ser tan profundo y extendido que en el año 2000 las autoridades determinaron cerrar la instalación. Un dictamen técnico de la Dirección de Higiene y Epidemiología de Salud Pública, en colaboración con la Dirección de Construcción y Reparación de Inmuebles, decretó que la instalación constituía un peligro para la vida.

Los problemas más graves incluían la acumulación de agua en el techo de las gradas, el derrumbe de las estructuras destinadas al clavado y el vandalismo que sufrieron los ventanales. Los custodios debieron lidiar a partir de ese momento con quienes se colaban por cualquier hueco para realizar ejercicios. Sin éxito.

A finales del año pasado se habían reparado dos canchas de frontenis, el local para la práctica de karate y los terrenos de balonmano, vóleibol y baloncesto al aire libre, pero no se avanzó en las áreas más complejas.

Esta vez las reparaciones apuntan a ir más allá y se demolerán las emblemáticas cubiertas del estadio, una tarea que está a cargo de los Servicios Especializados de la Construcción (Secons) bajo la dirección de la Constructora Caribe. Los vestidores para atletas, los baños y la cafetería que se ubican debajo serán completamente remozados.

Según han declarado los responsables de la obra a medios oficiales, una de las primeras acciones a acometer será levantar de nuevo las cercas perimetrales. En lugar de las anteriores piezas de hormigón armado se colocarán postes de polímeros reforzados resistentes a la corrosión y que ofrecen una menor resistencia al eventual embate de las olas del mar.

Sólo cuando el terreno esté protegido se empezará a remodelar la pista y el área de saltos. Las piscinas y el tanque de clavados tendrán que esperar al próximo año.

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