El raulismo sigue la letra pequeña del fidelismo

Raúl Castro durante su discurso en la Cumbre de las Américas (EFE/Señal Instucional)
El modelo de Estado impulsado por Raúl Castro es incapaz de sembrar un campo de cultivo para alimentar a la población. (EFE/Señal Instucional)

En las últimas semanas varias noticias alarmantes para la economía cubana han ocupado las primeras planas de los diarios. La actitud del Gobierno de monopolizar las ayudas a los damnificados por el huracán Matthew y la paralización de la entrega de licencias para restaurantes privados hacen temer que el país haya emprendido el camino de la "contrarreforma", acompañado de un aumento en la agresividad de la retórica política.

Las primeras señales de esa vuelta atrás se hicieron sentir en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución actualizados durante el VII Congreso del Partido Comunista el pasado abril. En esas líneas directrices no solo se mantuvo la negativa a aceptar "la concentración de la propiedad" para las formas no estatales de producción, sino que se añadió que tampoco será tolerada la concentración de la riqueza.

Para quienes aguardaban porque la cita partidista derivara en mayores flexibilidades para el emprendimiento nacional, este afianzamiento de la línea más ortodoxa aumentó su frustración.

"El Gobierno de Raúl Castro parece estar más dispuesto a perder las sumas derivadas de los impuestos a los emprendedores que a permitir que existan empresarios con resultados positivos", lamenta un economista de la Universidad de La Habana, que solicita el anonimato. "Aunque en los medios extranjeros se han exagerado las similitudes entre las reformas emprendidas en la Isla y modelos al estilo chino o vietnamita, en la práctica el oficialismo cubano se esfuerza cada día en hacer todo lo contrario".

"El Gobierno parece estar más dispuesto a perder las sumas derivadas de los impuestos a los emprendedores que a permitir que existan empresarios con resultados positivos", lamenta un economista

La prensa nacional está repleta de llamados a usar al máximo "las reservas de eficiencia productiva" que existen supuestamente en la Isla, pero eso solo es una frase hueca si no se comienza por abrir la economía cubana y por no cerrarla.

Tras ascender oficialmente al poder en 2008, Raúl Castro inició un proceso de cambios en la economía que calificó de "estructurales" y necesarios para el país. Entre los que tuvieron mayor incidencia en la vida cotidiana estuvo el impulso al sector privado que había sido acorralado con los excesivos controles, normativas y altos impuestos durante el mandato de Fidel Castro.

La entrega en usufructo de tierras estatales generó esperanza por adelantar mayor flexibilidad en la producción y comercialización de productos agrícolas. La creación de cooperativas urbanas también ayudó a alimentar la ilusión sobre un repunte económico y una mejoría que se hiciera sentir sobre el plato de los cubanos y en sus bolsillos.

Sin embargo, fueron las flexibilizaciones para comprar y vender casas o autos, viajar fuera del país y poder contratar una línea de telefonía celular las que lograron un mayor impacto político, ensalzadas por los titulares de la prensa internacional que destacaron "las reformas raulistas".

Ocho años después del comienzo de aquel impulso renovador, el oficialismo está empeñado en desviar la atención de los principales problemas que sufre el país. En las calles se palpa la opinión de un regreso a los inicios de este siglo, cuando se imponía la arbitrariedad económica.

Ocho años después del comienzo de aquel impulso renovador, el oficialismo está empeñado en desviar la atención de los principales problemas que sufre el país

El exministro de las Fuerzas Armadas no ha cumplido con su compromiso de impulsar transformaciones "sin prisa, pero sin pausa". En los últimos años, en vez de avanzar se han estancado las medidas flexibilizadoras y solo el 21% de los Lineamientos ha llegado a materializarse, según las propias autoridades.

Recientemente, el sector privado de la gastronomía comenzó a sufrir nuevas presiones. El anuncio del congelamiento en la entrega de nuevas licencias para abrir restaurantes por cuenta propia ha sido leído como una inequívoca señal de frenazo o, incluso, una vuelta atrás en las reformas.

En lugar de concentrar sus facilidades en la creación de un mercado mayorista, el Estado ha optado por dedicar todos sus esfuerzos a que los emprendedores no adquieran los productos y la materia prima necesaria para su trabajo en el mercado informal. Vigilar y controlar lleva más recursos y desvelos, en este caso, que permitir y potenciar.

Algo similar ha ocurrido con el transporte privado que desde inicios de este año ha estado sometido a un fuerte escrutinio por parte de las autoridades y a la retirada de licencias, en un intento del Gobierno de regular las tarifas que la demanda y la oferta ya habían establecido. Los precios topados han terminado por afectar a la población y duplicando el tiempo que los pasajeros necesitan para desplazarse.

Cuando la lógica indicaba que las autoridades debían volcar sus esfuerzos en proveer gasolina y petróleo a precios mayoristas para los transportistas, se ha invertido la lógica y los inspectores han pasado a exigir a los choferes de taxis colectivos las facturas del combustible comprado en las gasolineras estatales, cuando es un secreto a voces que el transporte privado solo es rentable si se nutre de las ofertas del mercado informal.

Los tambores de los más recalcitrantes suenan cada vez más altos y ponen en el centro de la diana la acumulación de riqueza, pero sin anunciar aún cuál es el monto que se permitirá y a partir de cuál punto se considerará inaceptable. Una práctica de confusión y permanente desasosiego que le resultó muy efectiva a Fidel Castro para mantener al país en vilo por casi cinco décadas.

La pregunta que muchos se hacen es el por qué el Gobierno no utiliza esa energía con la que persigue a los privados en hacer que la empresa estatal sea más eficiente

La pregunta que muchos se hacen es el por qué el Gobierno no utiliza esa energía con la que persigue a los privados en hacer que la empresa estatal sea más eficiente. ¿Por qué no descentraliza ese mastodóntico entramado que produce más gastos que beneficios?

Lo poco que se ha avanzado en esa dirección se hace sentir en el desarrollo del país. Según las previsiones oficiales, en 2016 la economía crecerá por debajo del 1%, una cifra que recae fundamentalmente sobre el sector estatal que emplea las tres cuartas partes de la fuerza laboral.

El modelo de Estado impulsado por Raúl Castro ha optado en los últimos meses por gastar cuantiosos recursos en movilizaciones políticas, pero es incapaz de sembrar un campo de cultivo para alimentar a la población.

¿Qué país pretende dejar en herencia a su sucesor?

Aquellos que aplaudieron sus reformas se asoman hoy a una Cuba que pone proa al pasado y un Gobierno que eleva los grados de la retórica contra periodistas independientes, blogueros y académicos críticos. Una nación donde se sigue poniendo freno a las fuerzas productivas y se miran el emprendimiento y la prosperidad con ojeriza.

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