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Un Nuremberg para el castrochavismo

Crímenes

El comunismo y el nazismo comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea

Fotografía de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg donde aparece Nicolás Maduro compareciendo ante un tribunal federal en Nueva York. / EFE/ Jane Rosenberg
Pedro Corzo

08 de febrero 2026 - 11:08

Miami/Por suerte para la humanidad los aliados de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, acordaron al terminar el conflicto procesar a la cúpula del nazismo. Con independencia de las sanciones que recibieron los criminales de guerra, fue muy útil para demostrar lo perverso de las propuestas de las cuales fueron abanderados Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

Quizás, el repudio que las mayorías profesan al fascismo y nazismo sea consecuencia directa de un proceso judicial internacional en el que aparte de la vesania de los ejecutores, se aireó la malignidad de las ideologías que promovían. En consecuencia, ha sido una pena que los países que sufrieron el poder soviético no iniciaran un proceso que recogiera el horrendo significado de haber sido sometidos por las simbólicas hoz y martillo.

Es incomprensible que la maldad del comunismo no se equipare con regularidad a la del nazismo, ya que ambas ideologías comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea.

El primero, aunque solo estuvo doce años en el poder, cuenta con un récord espantoso. Aterra imaginar si hubiera dispuesto de más tiempo a qué extremos hubiera llegado el sadismo del holocausto y la crueldad de la Gestapo y las SS. Mientras, el marxismo, con todas sus variantes imaginables, ha estado depredando la humanidad por más de un siglo sin que esa práctica avergüence a quienes guardan silencio cómplice ante tantas tropelías por tal de obtener beneficios.

La sinopsis criminal del castrochavismo presenta numerosos asesinatos, encarcelamientos ilícitos, destierro de poblaciones y violaciones sistemáticas a los derechos ciudadanos

Personas, que como dice el escritor José Antonio Albertini, optan por callar ante los abusos interminables de una doctrina responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos, sujetos que favorecen las elites que incurren en numerosos atropellos so pretexto de usar como argumento una justicia que nunca han estado dispuestos a aplicar.

Si las víctimas del marxismo no han sido capaces de airear las innumerables violaciones de una utopía que solo ha conllevado muerte y devastación, las del castrochavismo si debiéramos concertarnos y producir un documento en base a la Carta de Londres, de 1945, en la que se fijen los principios y procedimientos a seguir contra las propuestas castrochavistas y quienes gobernaron en nombre de ese fracasado fundamentalismo.

Debemos tener en cuenta que la sinopsis criminal del castrochavismo presenta numerosos asesinatos, espurios procesos judiciales, incontables desaparecidos, crímenes extrajudiciales, encarcelamientos ilícitos, destierro de poblaciones, violaciones sistemáticas a los derechos ciudadanos, expropiación forzosa de bienes, malversación y actos masivos de corrupción, destrucción intencional de bienes públicos y otros muchos atropellos que harían esta relación muy similar al nazi fascismo y el comunismo.

Estos individuos y sus cómplices, como Diosdado Cabello y Miguel Diaz-Canel, han sido inductores y coautores de diversas formas del crimen organizado

El próximo juicio a Nicolas Maduro, el déspota venezolano preso en Estados Unidos, podría servir como guía para un proceso en el que se le juzgue por sus depredaciones, a la vez como uno de los máximos exponentes de una forma de gobierno que se caracterizó por los abusos sistemáticos contra la población, crímenes y destrucción del patrimonio de una nación, además de participación en transgresiones contra la humanidad y la paz y por su estrecha asociación criminal con Hugo Chavez, Fidel y Raul Castro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, Evo Morales y Rafael Correa.

Cada uno de los sujetos mencionados y sus colaboradores deberían ser sometidos a procesos judiciales en los que fueran analizadas sus actuaciones en detalle y dictadas las sanciones, al menos morales. En los casos que corresponda por fallecimientos de los indiciados, siempre teniendo en cuenta que todos estos individuos y sus cómplices, como Diosdado Cabello y Miguel Diaz-Canel, parte de una lista muy amplia, han sido inductores y coautores de diversas formas del crimen organizado, incluido el narcotráfico.

Cierto que no hay precedentes en nuestro hemisferio de actuaciones judiciales de este tipo, pero para el juicio de Nuremberg tampoco existían. No obstante la necesidad de una advertencia universal a los depredadores lo hizo posible, al extremo de que sus formas han sido usadas en otros enjuiciamientos criminales, como los de la antigua Yugoslavia y Ruanda, y han servido como base para establecer los Estatutos de Roma que creó la Corte Penal internacional, cuya falta de actuación contra Nicolas Maduro ha sido criticada por amplios sectores de la oposición venezolana.

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